LA PASIÓN DE GREGORIO FERNÁNDEZ
CRUCIFICADO (CARRIÓN DE LOS CONDES)

Con información de Lorena García (26/03/2026)


 

 
 
Foto: AlbTotxo

 

En Carrión de los Condes están documentadas dos obras de magnífica ejecución, conservadas en la iglesia del convento de Santa Clara. Ambas se vinculan con la célebre monja de la casa clarisa Sor Luisa de la Ascensión, la cual se relacionó con los personajes más importantes del momento, e incluso con la realeza. En este sentido, es probable que ambas obras fueran donaciones y que por tanto, el artista las esculpiera en su taller de Valladolid.

La más temprana de las dos es la Piedad, ya analizada, tema muy cultivado por Fernández, ubicada en la primera capilla de lado de la Epístola procedente de la ermita que la madre Luisa mandó edificar en la huerta del convento. Se vincula estilísticamente con la obra homónima de San Martín de Valladolid, si bien ésta, es algo anterior, de hacia 1620, por la composición más movida, frente a la obra vallisoletana, de factura clásica.

En el transepto norte, en su lado oriental, formando parte de un retablo barroco posterior, se ubica un Cristo crucificado de gran calidad. Es una obra encargada por la condesa de Triviana, doña Mariana Vélez Ladrón de Guevara poco antes de 1627, año en que el administrador de la comitente ya difunta, declara que la condesa, cliente habitual del escultor, se la había enviado a la monja de Carrión.

La escultura del crucificado, estaba considerada del mismo período del Cristo de la Luz, ejecutado hacia 1631, por la idéntica disposición de los pliegues alatonados y el tratamiento similar de la delicada anatomía, si bien resulta, a la luz de la documentación señalada, una obra más temprana.

 

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FUENTES

GARCÍA GARCÍA, Lorena. Evolución del patrimonio artístico de carácter religioso en Carrión de los Condes, Palencia, desde la Edad Media hasta nuestros días (tesis doctoral), Universidad de Valladolid, 2012, p. 202.

 

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