LA PASIÓN DE GREGORIO FERNÁNDEZ
PIEDAD (CARRIÓN DE LOS CONDES)
Antonio Zambudio (04/03/2026)
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Foto: Alberto Andrés |
En esta imagen de la Piedad, Fernández llevó a cabo una obra en la cual plasma muchas similitudes con el ejemplar del Convento de San Francisco, en Valladolid, actualmente en la Iglesia de San Martín y que procesiona los días de Jueves y Viernes Santo en la ciudad del Pisuerga. La talla de Carrión de los Condes es una imagen de retablo, lo que motiva que sea lisa por la parte trasera, no apta para procesionar si bien en alguna ocasión se ha procedido a sacarla en los desfiles penitenciales de Viernes Santo. Grandes historiadores como Martín González exaltan esta efigie, sobre todo la figura de Cristo, ya que la imagen de la Virgen, lamentablemente ha sido muy retocada e incluso desfigurada por manos poco doctas en los criterios de la restauración de obras de arte. Aun así, conserva gran parte de ese misticismo con el cual su autor la dotó, poseedora de un rostro afligido, de rasgos comunes en Fernández, cuya mirada dirigida al cielo muestra el pesaroso y afligido espíritu de una madre cuyo hijo muerto descansa en su regazo. Efectos dramáticos conseguidos gracias a distintos recursos comunes en el maestro como la composición de sus ojos de cristal, aspecto que favorecía la expresión que Fernández quería conseguir y una sabia disposición de los colores de la imagen, con una variedad cromática en rojo, azul y toca blanca que enmarca el rostro y da un aire dramático a la fisonomía del mismo, resultando interesante resaltar la disposición de los paños, quebrados y en caída vertical, propios del arte flamenco del siglo XV. La imagen del Redentor es portentosa y, afortunadamente, como da testimonio Juan José Martín González, se haya prácticamente intacto y sin retoques que alteren su conformación primigenia. Es una representación de Cristo de cuerpo robusto, vigoroso, de un héroe de la antigüedad clásica que ha sido derrotado por el peso de la muerte. De cabeza y rostro elegante y distinguido, cuya plasmación es una verdadera muestra de virtuosismo y buen hacer en la labra minuciosa de los cabellos, barba y configuración fisonómica, pues se encuentra en un claro estado de paz interior, nada patético. El detalle de la caída del cabello, con esa suavidad, esa laxitud, viene a ser un elemento que demuestra esa minuciosidad que comentamos. El brazo derecho pende inerte, dirigido hacia la tierra, esa tierra que en poco tiempo engullirá el cuerpo del salvador hasta su posterior victoria sobre la muerte, resultando el brazo izquierdo de una curiosidad fascinante al apreciar como su mano hace el ademán de sujetar algo, un recurso muy empleado por Fernández. El paño de pureza es extremadamente pequeño, lo cual beneficia la contemplación de una portentosa anatomía, resaltando de forma magnífica la curvatura de sus caderas. En cuanto a la policromía, tal vez sea de lo más laborioso de la talla en cuanto a su perfección. Sin estridencias, sabiamente estudiados los distintos tonos, las variedades de tipo cromático y su encarnadura, de enorme lividez y tonos oliváceos propios de la muerte, con clara incidencia en cuanto a heridas y llagas en los lugares más castigados por el martirio, un estudio anatómico y del natural que en todo momento, y como así sucedía con todas sus esculturas, Fernández supervisaba con gran minuciosidad e interés, entendiendo perfectamente el valor de la policromía en la talla en madera. Sin duda, una imagen esta de la Piedad de la localidad palentina de Carrión de los Condes que, pese a no figurar entre las más laureadas del maestro, es claramente demostrativa del modo de proceder que tenía, basado en un lenguaje expresivo capaz de conjugar elegancia, belleza y efectos dramáticos en igual medida, algo al alcance de muy pocos artistas no sólo en España sino en el resto del Continente. |
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