LA PASIÓN DE GREGORIO FERNÁNDEZ
CRISTO ATADO A LA COLUMNA (VALLADOLID)

02/03/2026


 

 
 
Foto: Diocésis de Valladolid

 

Obra superior dentro de la estatuaria española de Cristo Atado a la Columna, realizada hacia 1619 por Gregorio Fernández para la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz (Valladolid). En 1930 fue cedido a otra corporación penitencial vallisoletana: la Hermandad Penitencial de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, encargada desde entonces de su culto y procesión.

Sin duda alguna se trata de la pieza maestra sobre dicha iconografía que más estudios, literatura y admiración ha despertado en su género, convirtiéndose desde el mismo instante de su ejecución en un referente donde se conjugan misticismo y materialidad a la vez, en la que conviven el sentido físico de un ser cruelmente torturado con el del ente sobrehumano cuya recompensa ultraterrena por su sacrificio le otorga una suprema entereza.

La imagen, plásticamente perfecta, ha sobrevivido a un incendio acaecido en 1806 en la iglesia vallisoletana de la Vera Cruz y a la supresión del grupo escultórico del Azotamiento que la acompañaba, compuesto, al menos, por otras tres figuras talladas también por Fernández; ya concluido, al parecer, en 1623.

Por otro lado, Jesús Atado a la Columna, cuyas medidas son 186 x 94 x 72 cm, no solo ha sido un modelo para los siglos posteriores, comparable al grupo salzillesco de la Oración en el Huerto (Murcia) o al Cristo Crucificado de Burgos venerado en dicha ciudad castellana, sino también una pieza pionera dentro de su propia cofradía, pues con ella se inició la renovación de las figuras de papelón por otras de madera.

Todo en esta maravillosa creación pasionista llama la atención, desde la impactante mirada a las alturas, hasta la sobrecogedora espalda, concebida como una enorme llaga en relieve, tal fue la saña que el autor quiso reflejar en los verdugos a la hora de aplicar el castigo, como si quisiera llevar a la madera lo escrito por Fray Luis de Granada. Junto a dicho material, Fernández usó otros como el cristal o el corcho para acentuar el realismo.

Otra importante innovación de la escultura fue el uso de una columna de tipología baja, no insólita pero sí infrecuente para la fecha, sobre la que Jesús reposa con exquisita elegancia ambas manos y deja caer suavemente el cuerpo, girando la cabeza hacia el lado contrario para dar lugar a un bellísimo juego de líneas quebradas. La columna marmórea, de estilo dórico e inspirada en la que se conserva en la basílica romana de Santa Práxedes, gozó de tal aceptación en el Barroco que provocó la práctica desaparición de las de fuste alto.

 

 
 
Foto: Diocésis de Valladolid

 

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