MATER DOLOROSA - LUIS ÁLVAREZ DUARTE
VIRGEN DE LA SOLEDAD (SOLSONA)
05/09/2026
"Hay muchas creaciones mías que no se conocen. En Picassent tengo tres Vírgenes más en el Convento del Corazón de Jesús. También en Solsona (Lérida) y Bilbao tengo imágenes de la que apenas se sabe nada. Mucho más cerca, en Dos Hermanas (Sevilla), está la Magdalena del altar mayor de la iglesia de su nombre, una talla grande, estofada y policromada, que incluso aparece en algunos sitios erróneamente como obra del siglo XVII." Luis Álvarez Duarte |

La obra de Solsona que mencionaba el maestro es la Virgen de la Soledad, realizada para la colección particular de José Sierra Murcia. Según nos comenta su propietario, la imagen se encargó en septiembre de 1999, cuando conoció al artista, y fue entregada en 2002. El encargo vino de las retransmisiones de la Semana Santa de Lucena; al verlas por primera vez, a Sierra Murcia le encantaron las imágenes que Álvarez Duarte tiene en dicha localidad cordobesa, y tras contactar con él para encargarle la Dolorosa que nos ocupa, le abrió las puertas de chalet y de su estudio, y así empezó una amistad que se mantuvo hasta el fallecimiento del escultor. De candelero para vestir a tamaño natural, esta Dolorosa, pese a su advocación y a que ocasionalmente lleve en una de sus manos la corona de espinas del Hijo, no responde a la habitual composición de la Virgen de la Soledad, que suele mostrarla sola al pie de la cruz, con las manos entrelazadas rezando en un dolor contenido, silencioso y recogido tras la muerte de Cristo. La expresión habitual de María en estos casos suele ser de una tristeza serena, con la mirada baja, lágrimas discretas y la boca cerrada o apenas entreabierta. Sin embargo, lo anterior no es una regla iconográfica absoluta, como podemos ver en este caso; de hecho, la boca entreabierta y el rictus más dramático la acercan visualmente a una Virgen de los Dolores o Dolorosa que a la representación más clásica y contenida de la Soledad. Asimismo, las manos están extendidas sobre el pecho y su mirada se halla dirigida casi de frente, hacia el espectador, y eso produce una expresión más directa, teatral y desgarrada. Por lo demás, en la obra se perciben los rasgos típicos del lenguaje escultórico de Álvarez Duarte, caso del rostro juvenil e idealizado, muy pulido y armónico gracias a las suaves facciones y a una belleza casi adolescente; ojos grandes, de intensa mirada; cejas arqueadas y ceño ligeramente fruncido; labios carnosos y entreabiertos, como si emitiera un suspiro o a un lamento; y manos elegantes y gesticulantes, pues las manos en este artista suelen tener tanta capacidad expresiva como el semblante. La policromía también parece buscar ese efecto tan deseado con frecuencia por Álvarez Duarte de piel tersa, luminosa y casi nacarada. |

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