CEFALÓFOROS (III)
SAN LAMBERTO

25/10/2026


 

 

Esta magnífica talla romanista de San Lamberto, de autor anónimo y catalogada en el siglo XVII, recibe culto en la Catedral de Santa María de la Huerta, de Tarazona (Zaragoza).

Recientemente, nos hicimos eco de su restauración por parte de la Fundación Tarazona Monumental dentro de su puesta en valor de los bienes muebles más relevantes de la localidad aragonesa. La escultura presentaba un repinte que ocultaba por completo su policromía original. Tras su eliminación, vuelven a brillar los delicados esgrafiados con motivos vegetales, testimonio de la extraordinaria calidad técnica de la obra.

Dicha intervención formó parte del programa Apadrina Arte, una iniciativa que permite conservar el patrimonio turiasonense gracias a la colaboración de la sociedad. En este caso, la Cooperativa Agraria San Atilano contribuyó a hacer posible esta restauración, apoyando una obra dedicada a San Lamberto, patrón de los agricultores en Aragón. Su vínculo con el santo y el mundo agrícola fue clave para sumarse a este proyecto.

San Lamberto de Zaragoza fue un agricultor y mártir aragonés que, según la tradición, murió por defender su fe cristiana. Cuenta la leyenda que, tras ser decapitado por su amo al negarse a renunciar a su fe cristiana, recogió su cabeza entre las manos y continuó caminando junto a sus bueyes hasta el lugar donde fueron enterrados los mártires de Zaragoza. Este episodio, conocido como "cefaloforía", se convirtió en el elemento más característico de su iconografía. En la anterior entrega ya vimos que tiene como arquetipo la leyenda de San Dionisio de París.

La figura de San Lamberto, profundamente arraigada durante siglos en la tradición aragonesa, fue perdiendo protagonismo con el paso del tiempo, siendo sustituida en gran medida por la devoción a San Isidro. Sin embargo, su historia continúa formando parte de la memoria y patrimonio de Aragón.

En esta escultura policromada la cabeza ha sido tallada como pieza independiente. Luce además el contraste entre el realismo de los encarnados y la riqueza del estofado de las vestiduras.

 

Foto: Fundación Tarazona Monumental

 

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