A SUBASTA UNA REPRESENTACIÓN DE SAN PABLO PINTADA POR JOSÉ DE RIBERA
04/01/2026

A principios de la década de 1630, José de Ribera (Játiva, Valencia, 1591 - Nápoles, 1652) se encontraba en la cúspide de su carrera. Se había convertido en el pintor más destacado de Nápoles, por entonces la segunda ciudad más grande de Europa bajo dominio español, con una vibrante creatividad artística y destino para pintores de todo el continente. Además de los encargos de los mecenas locales, Ribera proporcionó cuadros a un floreciente mercado de clientes internacionales, atraídos por su dramático y magnético naturalismo, ejecutado con sorprendente originalidad y virtuosismo. Durante este prolífico período de actividad, abordó una amplia gama de temas, incluyendo una reconocida serie de filósofos para el duque de Alcalá, así como imágenes de santos en estados de penitencia y éxtasis. Entre estas se encuentran también sus representaciones reflexivas, casi retratos, bien de santos individuales, bien de Apostolados (conjuntos formados por doce pinturas que representan a los doce apóstoles), los cuales se encuentran entre las composiciones de una sola figura más impactantes del artista. El próximo 4 de febrero la sala Christie's subastará en Nueva York un óleo sobre lienzo (76,5 x 63,2 cm) que representa a San Pablo. Dedicada a los maestros clásicos, la subasta incluye también obras de Artemisia Gentileschi -inmortalizada como Santa Catalina de Alejandría, es uno de los únicos cinco autorretratos conocidos de la artista y posiblemente el más antiguo en datación- y Alejo Fernández -la obra Entierro de San Jerónimo, que formaba parte del retablo mayor del monasterio cordobés de Valparaíso- (imágenes inferiores). El cuadro de Ribera, del que se conoce que ha formado parte de colecciones privadas en Nápoles, París y Montecarlo, formó parte en 2023 de una exposición monográfica dedicada al pintor valenciano en México. El uso del claroscuro y la mirada emotiva de San Pablo reflejan la influencia de Caravaggio, quien vivió en Nápoles entre 1606 y 1607 y fue clave en la temprana formación artística de Ribera. El impacto decisivo del gran maestro barroco se dejó sentir en la ciudad durante décadas tras su muerte. La obra de Ribera captura el mismo gusto por las anatomías sorprendentemente naturalistas y las composiciones de medio cuerpo que producen obras que vibran con patetismo e intensidad emocional, pero con un enfoque espiritual menos teatral y más reflexivo que el de su predecesor. La necesidad de crear cuadros que reforzaran las enseñanzas de la Contrarreforma, centrando al espectador en personajes individuales de la Biblia, fue reafirmada por el cardenal Federico Borromeo con su obra "De Pictura Sacra" (1624). Valiéndose de la experiencia adquirida a través del contacto con artistas y teóricos de renombre, el cardenal trata de fijar de nuevo los principios normativos y las reglas prácticas en los que el artista había de inspirar su actividad. Ribera, quizás más que cualquier otro creador de la época, destacó por producir obras de tal profundidad espiritual. El foco central de esta pintura reside en la penetrante mirada de San Pablo, dirigida hacia la espada de su martirio que empuña en su mano derecha, pero también a media distancia, fuera del plano pictórico. En otras representaciones del santo, Ribera incluye un libro como uno de sus atributos, lo que refleja su condición de uno de los más importantes autores epistolares del Nuevo Testamento. Sin embargo, en esta representación, Ribera logra transmitir la condición de Pablo como un importante escritor y pensador cristiano primitivo mediante la inteligencia de su mirada, sin restarle importancia a la solemnidad espiritual del santo que contempla su martirio. Su ceño fruncido y demacrado, bellamente representado por el artista con notable naturalismo, se ve acentuado por la posición y el giro de la cabeza del santo, y el minucioso detalle del juego de luz sobre su piel. El manejo luminoso y fluido de los drapeados es muy típico de Ribera. Se considera que un Apostolado casi completo, conservado en el Museo del Prado de Madrid, fue pintado por Ribera alrededor de 1630-1632. Cuando se vendió esta obra en 2004, también a través de Christie's, el profesor Nicola Spinosa sugirió la misma datación para esta pintura, aunque creía que probablemente fue realizada antes de la serie del Prado. Otra versión de esta pintura se conserva en una colección privada de Nápoles. Aunque San Pablo no fue un apóstol de Cristo, tradicionalmente se incorporó muy pronto a los conjuntos pictóricos de los Apostolados por su trascendental labor como evangelista y difusor del legado de Cristo. |
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