NUEVA OBRA DE RUBÉN FERNÁNDEZ PARRA

15/02/2026


 

 
 

 

Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo

El grupo de la Resurrección de Cristo tallado por Luis Ortega Brú -que hoy se conserva en el museo dedicado al escultor en San Roque (Cádiz), su localidad natal- se inició en el año 1958 para la Cofradía del Descendimiento de Jerez de la Frontera. Eran los tiempos en que el artista trabajaba para los talleres del presbítero Félix Granda, bajo cuya dirección se forjó una empresa en la que llegaron a participar cientos de trabajadores especializados en distintas disciplinas artísticas (escultura, pintura, orfebrería, carpintería, esmaltes, bronce, bordado) y que constituyó una referencia para la imagen sagrada en la historia del arte sacro español del siglo XX.

Sin embargo, iniciada la talla, el contrato que tenía la hermandad con Granda y Ortega Brú quedó anulado. Las razones esgrimidas fueron la falta de medios económicos para concluirla y, sobre todo, lo atrevido que resultaba para las cofrades el planteamiento del grupo. Pese a ello, las figuras se terminaron en Arte Granda, quedando sin policromar en los talleres hasta que Brú, en los inicios de la década de 1970 y ya fuera de la empresa, las recuperó para terminarlas con las nuevas policromías con óleos sobre bases de laca que entonces aplicaba a sus obras. Sin embargo, finalmente el conjunto quedó inconcluso debido al fallecimiento del escultor.

Esta obra cristífera de Ruben Fernández Parra, que será oficialmente presentada y bendecida hoy en la iglesia jerezana de San Dionisio, responde a un proyecto profundamente meditado, concebido en fidelidad al citado legado artístico ideado para Jerez en 1958 por Brú, y cuya reproducción ha respetado fielmente el original existente, tanto en su concepción formal como en su lenguaje expresivo.

La figura de Jesús, liviana y elegante, aparece saliendo vencedor de la tumba mientras bendice con su mano derecha, como emblema de su triunfo sobre la muerte. Aunque el punto de partida sea la "Gran Pasión" de Durero, es evidente que Brú modifica la figura para darle un carácter miguelangelesco al conjunto; aunque, como bien aprecia el historiador Andrés Luque Teruel -director artístico del proyecto de Fernández Parra para Jerez de la Frontera-, el efecto final sea muy distinto, alejándose de codificaciones renacentistas y manieristas para integrarse en una modernidad propia del siglo XX. Una lectura moderna, atrevida, avanzada y durante muchos incomprendida.

Respecto a la policromía del Cristo original, fue aplicada a base de tonos azules, ocres y grises, lo que le da un sugerente cariz abstracto. El rostro quedó sin encarnar, lo que, unido a la carencia de iris, contribuye al aspecto totémico y ultraterreno de la figura, semejante a la apariencia que posee la gran mayoría de las esculturas de la Antigüedad Clásica que han llegado hasta nosotros. Ahora el trabajo de Fernández Parra ha incluido lo que Brú no pudo hacer: policromarla inspirándose en los criterios señalados anteriormente.

En los próximos años, el proyecto escultórico del escultor e imaginero sevillano continuará hasta culminar la escena de Ortega Brú que se conserva en San Roque, formada por cinco figuras, sumando en todos los casos la policromía: la andrógina figura del ángel que, a la izquierda de Cristo, parece señalarle la gloria que le espera una vez suba al cielo junto al Padre; el centurión romano, al frente de la guardia mandada por Pilato para custodiar el sepulcro de Jesús, que a su derecha -formando una especie de triada- aparece en actitud de huir atemorizado y sorprendido por el prodigio que tiene lugar ante sus ojos; y frente a ellos, cerrando una especie de semicírculo, otros dos soldados romanos, uno sentado y el otro tumbado, que aún permanecían dormidos.

 

 
 

 

Fotos: Javier Romero

 

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