XX PREMIO DE LA HORNACINA. OPINIÓN DEL EXPERTO

Rafael Gallardo Montesinos (26/03/2025)


 

 

En este presente año se conmemora dos décadas desde que el portal web La Hornacina concede anualmente un premio a las obras artísticas más destacadas realizadas a lo largo del año anterior. Junto a la votación popular, se incorpora a cada edición la valoración crítica de un especialista encargado de seleccionar la pieza más relevante. En esta ocasión, tal responsabilidad ha recaído en quien suscribe estas líneas, una tarea que, como ya señalaron mis predecesores, resulta tan compleja como comprometida.

Deseo, en primer lugar, expresar mi agradecimiento a los responsables de la página web, a Jesús Abades y Sergio Cabaco, por la confianza depositada en mi persona para asumir este cometido crítico. Asimismo, es preciso reconocer y felicitar su labor en la difusión diaria de contenidos, que constituyen una valiosa fuente de investigación y estudio para numerosos historiadores y aficionados de la imaginera y la pintura, tanto en el ámbito sevillano como en el panorama artístico español.

A semejanza de los certámenes académicos del siglo XVIII -como los celebrados en Sevilla en 1778 y 1782-, en los que concurría una amplia diversidad de esculturas y pinturas que reflejaban el arte de su época, en la presente edición se ha reunido un conjunto particularmente heterogéneo, testimonio de la riqueza y variedad que aún caracteriza a la producción artística contemporánea.

 

 

MODALIDAD DE ESCULTURA

 

Entre las sesenta obras escultóricas seleccionadas se aprecia una notable variedad de materiales, técnicas y formatos, así como una rica diversidad iconográfica. Conviene reconocer que la creatividad y el ingenio de las obras seleccionadas ha dificultado considerablemente la elección. No obstante, antes de centrar la atención en la obra finalmente seleccionada, considero oportuno detenerme en algunas esculturas singulares y en otras de extraordinaria calidad, capaces de suscitar tanto la admiración como la devoción.

Entre las piezas que han suscitado mi interés y curiosidad destaca el Ecce Homo de Manuel Martín Boíllo, realizado para Córdoba. Esta obra ha sido objeto de críticas y cometarios irónicos en redes sociales; sin embargo, desde una perspectiva histórico-artística, cabe interpretar que el autor ha pretendido evocar la intensa carga devocional propia del arte centroeuropeo de la Edad Media, mediante la representación de un Cristo de acentuado dramatismo y marcado carácter sanguinolento.

Cabe igualmente subrayar, por su calidad artística, el tratamiento de las expresiones contrapuestas de las figuras de Anás y José de Arimatea, obra de Miguel Cordero Romero. Mientras la primera se caracteriza por una mirada severa y autoritaria, la de José de Arimatea transmite, por el contrario, una actitud serena, triste y melancólica ante la injusticia infligida con Jesús de Nazaret.

En la actualidad, resultan poco frecuentes los doseles de cultos que desplieguen una ornamentación tan rica e inventiva como la ejecutada por Juan Manuel Parra Hernández para la Virgen de la Esperanza de Triana. Observando la obra, se advierte una clara influencia en la decoración de grutescos aplicada a los ángeles que actúan como soporte de los arbotantes, integrándolas con follajes, guirnaldas y motivos de candelieri, que llenan la composición en un claro ejemplo de horror vacui.

Sobresale notablemente el Cristo de las Ánimas, obra de José María Leal para la Hermandad de la Misericordia de Málaga, que evidencia un riguroso estudio anatómico, ajustado y exento de exageraciones proporcionales, así como una policromía de gran calidad artística. La cabeza, ya vencida con serenidad sobre el pecho, conserva sin embargo la impronta del sufrimiento en la dureza de sus facciones. Por su parte, el paño de pureza, resuelto mediante sutiles juegos de luces y sombras en los pliegues y rematados con moñas laterales, remiten claramente a la tradición de la escultura sevillana del siglo XVII, con especial afinidad hacia la obra de Juan de Mesa.

La huella de Antonio Dubé de Luque pervive en la producción de su hijo, Antonio Dubé Herdugo, como refleja su obra para Huelva, Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en su Divina Misericordia. En esta obra se presenta una imagen de Cristo que suscita una profunda devoción, gracias a esa mirada afligida y contenida que invita al fiel al recogimiento.

 

 
     
     
     
     
 

 

Finalmente, desde mi perspectiva crítica, la obra seleccionada es el ECCE HOMO realizado por Darío Fernández para la colección de Moraza Navarrete para Jerez de la Frontera. Se trata de una imagen ligeramente menor que el tamaño natural, tallada en madera y de bulto redondo, que invita a ser contemplada en su totalidad. El cuerpo de Cristo, marcado por los azotes, se muestra sin un dramatismo exagerado en las heridas, lo que permite apreciar la anatomía casi intacta.

 

 

Lo más sobresaliente, como señalaban los coordinadores de esta web cuando la publicaron, es el rostro, donde se conjuga dolor, humillación y pudor, invitando una contemplación serena y reflexiva. Las facciones presentan una boca entreabierta, una nariz recta y ojos profundos y entornados, mientras que la barba y la cabellera están trabajadas con una exquisita plasticidad, en contraste con la corona de espinas entrelazada y punzante. En conjunto, la obra muestra un equilibrio clásico entre la expresividad y contención, ofreciendo una interpretación íntima del tema pasionista sin recurrir a gestos excesivamente dramáticos.

 

 

 

 

 

MODALIDAD DE PINTURA

 

En lo que respecta a la pintura, el número de obras seleccionables es menor; no obstante, su calidad y cuidada ejecución han dificultado igualmente la elección. Conviene, por ello, detenerse en algunas de las más destacadas del año anterior.

En primer lugar, cabe mencionar la obra de Juan José Rodríguez con el lienzo de la Virgen del Rosario de Marchena. Su interés no radica únicamente en la representación de una imagen del célebre Cristóbal Ramos, sino también en la factura y planteamiento compositivo que remiten a la pintura de finales del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII, especialmente a la de Juan de Valdés Leal y Lucas Valdés. Del primero asimila la abundancia de ángeles que confieren dinamismo a la escena; del segundo, en cambio, adopta el planteamiento de los elementos arquitectónicos en perspectiva y la inclusión de un pabellón de cortinajes.

Con el cartel realizado para la Coronación Canónica de la Pastora de Santa Mariana de Sevilla, José Cabrera Lasso de la Vega adopta un lenguaje compositivo a caballo entre el manierismo y el primer barroco, estructurado en una composición que contrapone lo celestial y lo terrenal. Este planteamiento remite a modelos como El entierro del conde de Orgaz de El Greco, así como a ejemplos sevillanos, entre ellos El tránsito de San Hermenegildo de Alonso Vázquez y Juan de Uceda, o la Apoteosis de santo Tomás de Aquino de Francisco de Zurbarán. En la zona superior se representa a la Divina Pastora en actitud orante, siendo coronada por su Hijo; mientras que, en la zona inferior se dispone un conjunto de personas vinculadas a la defensa y difusión de la devoción pastoreña, entre las cuales destacamos su fundador, fray Isidoro de Sevilla.

Finalmente, la obra seleccionada es VIRGEN DE LA AMARGURA de Antonio Díaz Arnido, con la que el autor logra sorprender por cómo, al combinar un dibujo preciso de la silueta de la popular Dolorosa con unas pinceladas al óleo, consigue transmitir su esencia, marcada por esa expresión de tristeza contenida y delicada dulzura; mientras que, mediante toques más rápidos, resuelve la toca y el manto de la Virgen.

 

 
 

 

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