NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES, DE LILLO, IMAGEN DE VESTIR DE LA CASA TENA
Juan Bautista Tormos Capilla (27/03/2026)
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Imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo. Cortesía de Francisco Javier Lagar. |
El martes pasado 24 de marzo, tuvimos la oportunidad de publicar en este mismo medio un artículo relacionado con la atribución, ampliamente argumentada, de la talla del Cristo de las Injurias del municipio de Lillo (Toledo) al taller valenciano de la Casa Tena. Al final de ese mismo texto se aludía a una imagen mariana de vestir con la iconografía de virgen dolorosa que, según las fuentes consultadas del lugar, probablemente también fue labrada en el mismo obrador de la calle de la Encarnación, número 8, de la ciudad del Turia. Ahora, después de lo investigado estos días, podemos confirmar que dicha obra sí que fue tallada por los escultores Vicente Tena para ser custodiada y venerada en la iglesia parroquial de San Martín Obispo de esta localidad toledana. En efecto, nuevamente gracias a la deferencia del fotógrafo Francisco Javier Lagar Navío, pudimos observar con detalle algunas instantáneas realizadas a esta advocación mariana tan profundamente arraigada entre los vecinos y vecinas de Lillo. Entre sus singularidades, cabe destacar algunos aspectos relacionados con la imagen titular, como también son su trono-anda procesional con candelabros y tulipas vidriadas ornamentadas y su palio con orillas engalanadas con borlas de torzal y en los entrantes con cabezas de hilos también dorados. Un contraste que destaca sobre el terciopelo negro del conjunto de las amplias y armoniosas telas del palio. A la hora de redactar el presente artículo de investigación, nos hemos decantado por los condicionantes cronológicos de la solicitud de la obra, es decir, el encargo, la talla y su autor. Todo ello, sin olvidar que una imagen religiosa debería poseer esa simbiosis perfectamente equilibrada entre un objeto de culto y una obra de arte en tres dimensiones, aunque de nuevo hemos priorizado los aspectos artísticos, estilísticos, formales, técnicos e iconográficos en detrimento de los iconológicos. De todos modos, no podemos negligir la diversa simbología mariana que se observa a primera vista en el trono-anda y su espectacular palio, con el frecuentemente utilizado anagrama de María en su parte frontal bordado en oro. Si nos centramos en la talla, en primer lugar, diremos que estamos ante una imagen de vestir con la indumentaria acorde a su advocación. Principalmente, en lo referente a su vestido de terciopelo negro decorado nuevamente con el anagrama de María en el pecho y flanqueado con ricos y bellos motivos vegetales bordados también con hilo de oro. Lo mismo que su espectacular manto que, con el mismo tejido, se muestra ricamente ornamentado con idénticos adornos. Por tanto, es una obra donde las telas, bordados, pañuelos, puntillas, borlas y randas asumen gran protagonismo en perjuicio del trabajo de talla. No obstante, es interesante tener en cuenta que los escultores e imagineros valencianos no trabajaban este tipo de obras de imaginería como lo hacían en otras zonas de España, como por ejemplo en Andalucía. En aquellos lugares, las imágenes ornamentadas con ricas vestimentas y manteles son conocidas como de candelero o devanadera, y no se suele devastar la figura como sí se hace en València. A lo largo de los siglos, los escultores e imagineros valencianos han tenido cuidado con estos detalles, incluso con la parte de la escultura que queda escondida, dejando desbastada una especie de maniquí anatomizado y articulado en los codos, para facilitar con ello la tarea de vestir la imagen. Unas figuras que comúnmente se han venido conociendo en estas latitudes como de (cap i pota). En este sentido, y después de lo investigado para el libro dedicado a la Casa Tena, sabemos que, en lo referente a las telas y bordados de figura y oro fino para las imágenes de vestir talladas por los Vicente Tena, generalmente eran solicitadas a la Gran Fábrica de Justo Burillo Serón (València, 1861-1936) y Cía. Un comercio especializado en el ornamento de iglesia, que estaba domiciliado en la calle Lluís Vives, número 7, entresuelo Paz, número 10, de València. Años más tarde, en la etapa de posguerra, el negocio sería gestionado por los herederos de Justo hasta bien entrado el siglo XX. |
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Imagen de vestir de la Casa Tena sin sus telas, c. 1944. |
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Imagen de Nuestra Señora de los Dolores en el taller de la Casa Tena de València, momentos antes de enviar la obra a su destino final, c. 1944. |
Así pues, el hecho de quedar a la vista una mínima parte de la talla (mascarilla, manos y pies en algunos casos), complica el trabajo de los investigadores a la hora de hacer un análisis minucioso de la parte artística, estilística y formal de la obra en cuestión. De todos modos, en el caso concreto de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo, nos encontramos ante un trabajo de gubia notable, fino y delicado desde la frente hasta el mentón. Las cejas finas, negras y exageradamente fruncidas, engalanan unos ojos de cristal oscuros y entreabiertos de los que brotan solo dos lágrimas de cristal. Dos bellos luceros que, perfilados por el meticuloso dibujo de las pestañas, originan una mirada llena de expresividad y gran emotividad. Asimismo, se aprecia una nariz fina semítica, la cual, junto con la boca entreabierta, muestra parte de la dentadura superior flanqueada por unos labios un tanto carnosos. Todo ello configura un rostro de bellas facciones, pero también con cierta flacidez por la agonía, amargura, sufrimiento y tristeza del episodio, al mismo tiempo por la piedad y ternura que requiere el pasaje bíblico aquí representado. Igualmente, cabe destacar también la cuidada morfología de los dedos entrelazados, los cuales, de una manera sencilla y natural, consiguen plasmar un acto de oración que implora entre la resignación y la entrega, en un momento de intenso dolor por la pérdida irreparable del Hijo amado en la cruz. Un conjunto de intensas emociones y sentimientos opuestos que vienen a confirmar que el autor se aleja de la imaginería idealizada, en pro del denominado realismo escultórico sin buscar ningún tipo de alarde. Por otro lado, con esta breve aproximación al reducido trabajo de talla de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo, es fácilmente comprensible que no se puedan extraer unas mínimas características definitorias del estilo escultórico de su artífice. No obstante, y por el hecho excepcional de tratarse de una obra catalogada por la Casa Tena, sí que podemos facilitar una serie de información que con detalle pasamos a exponer a continuación. Durante la trayectoria artística de la Casa Tena de Valencia, sobre todo en el período conocido como la Restauración (1874-1931), el escultor Vicente Tena Fuster (València, 1861-1946) tuvo la oportunidad de labrar un buen número de dolorosas y soledades, principalmente para algunas provincias de Andalucía. Nos estamos refiriendo a obras con gran sentimiento religioso como la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas (1898) para San Fernando (Cádiz); Nuestra Señora de la Esperanza (1901) y María Santísima del Mayor Dolor (1913), para Osuna (Sevilla), entre otras que atesoran gran unción y piedad. Las vírgenes dolorosas y soledades de Tena Fuster son obras que gravitan entre un estilo académico y clasicista, en el que su autor se recrea en las mascarillas expresivas y sutilmente avejentadas, con un evidente rictus de dolor y patetismo en la mirada, presentando además unas manos de morfología fina y gestual, tanto con las palmas abiertas sosteniendo atributos (clavos y corona de espinas como preciadas reliquias), y en ocasiones con una leve tensión. Aunque también las encontramos con los dedos entrelazados en señal de oración y plegaria, como es el caso particular que ahora nos ocupa. Es más que evidente que Vicente Tena Fuster fue un miembro destacado de la mal catalogada por algunos autores "Escuela valenciana de imaginería", en la que supo imprimir el patrimonio artístico de la tradición imaginera valenciana decimonónica, desarrollando un arte personal que resalta por su extraordinaria técnica, su gran sensibilidad y su sorprendente registro poético. |
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Detalles de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo. Gentileza de Francisco Javier Lagar. |
En efecto, la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo, aun tratándose de una imagen policromada de la posguerra, todavía presenta una serie de características definitorias de su autor. Fechada en torno al año 1944, según los datos que nos proporciona la fotografía realizada en el taller de la calle de la Encarnación, número 8, fue una imagen labrada en los años en que tanto Vicente Tena Fuster como su hijo, el también destacado escultor Vicente Tena Cuesta (València, 1904-1996), trabajaban en el mismo obrador. Con todo y eso, podemos confirmar que el ya octogenario Tena Fuster continuaba siendo muy celoso de su trabajo, motivo por el cual entre ambos escultores no se solía compartir obra. Al menos, sabemos con certeza que entre los primeros años de la nueva etapa de la Casa Tena (1939-1945), un buen número de mascarillas fueron talladas por el más viejo de los Tena. Es decir, aquellos detalles que comportaban más compromiso artístico. La fortuna que ha supuesto localizar la fotografía de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores en el momento previo a enviar la obra a su destino definitivo, nuevamente gracias a poder examinar el archivo gráfico de la familia Tena-Pérez, nos ha permitido relacionar esta talla con otras de la misma temática y cronología. De hecho, tanto esa fotografía de la imagen vestida de forma austera y sencilla con una cruz plana con testeros en su espalda, como la otra que presentamos del taller, una imagen similar sin vestir y con el mismo modelo de diadema, inventariadas ambas por Vicente Tena Cuesta con los números 35 y 34, respectivamente, nos han acercado a la hechura de la Mare de Déu dels Dolors de Riba-roja del Túria (València), del año 1945. También una imagen de vestir con una altura de 1,60 metros y un precio de 2.000 pesetas de la época. Aunque sobre el material primigenio solo se indica que era madera, sin especificar la especie (ciprés, pino de Finlandia, Suecia, Soria...). Asimismo, de nuevo tenemos que citar al Taller "Valencia-Centro de Estudio de Escultura Religiosa y Arte Decorativo", local encargado de la encarnadura y decoración de la talla, que, como ya comentamos, estuvo regentado por el dorador Inocencio Cuesta López (Aiora, València, 1890 - València, 1962), con domicilio en la calle Guillem de Castro, números 102, 110 y 112, de la ciudad del Turia. Del mismo modo, aludiremos a los talleres del orfebre José Bonacho David (València, 1909-1983), ubicados en la calle Salinas, número 5, y despacho en la calle número 34, de la ciudad de València. Un obrador en el que se pudo repujar la diadema dorada que aparece en el Catálogo Ilustrado de la Casa Tena de 1903 con el modelo número 12. Y el puñal dorado, también expuesto con el número 6, el cual representa un gran simbolismo en los pasajes de la Pasión de Jesús de Nazaret: los "siete dolores de la Virgen María". Para acabar, y con motivo de la solemnidad del Viernes de Dolores, podemos confirmar que la imagen de vestir de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo es una obra tallada en la Casa Tena de Valencia hacia el año 1944. Una información que pone en valor la atribución que recientemente hemos realizado sobre la talla del Cristo de las Injurias del mismo municipio toledano. En conclusión, nuevamente nos encontramos ante un hecho cargado de alegría y gozo, visto que poco a poco el corpus imaginero de esta reconocida casa valenciana va aumentando, para nuestro deleite y el enriquecimiento del patrimonio escultórico e imaginero español del pasado siglo XX. |
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Detalle del perfil izquierdo de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Lillo. Cortesía de Francisco Javier Lagar. |
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