EL CRISTO DE LAS INJURIAS DE LILLO, TALLA ATRIBUIDA A LA CASA TENA

Juan Bautista Tormos Capilla (24/03/2026)


 

 
 

Imagen del Cristo de las Injurias.
Cortesía de Javier Lagar

 
 
 
 

Imagen del Cristo de los Afligidos y sus andas procesionales
Fotografía realizada en la entrada del taller de la Casa Tena de la calle de la Encarnación, 8, de Valencia.

 

En fechas recientes, Francisco Javier Lagar Navío se puso en contacto con nosotros para solicitar nuestra opinión sobre si la talla del Cristo de las Injurias custodiado y venerado en la iglesia parroquial de San Martín Obispo de Lillo (Toledo) podría ser una obra de la Casa Tena de València.

Según lo expuesto por el señor Lagar, al escuchar algunas de las conferencias que hemos venido realizando sobre el libro dedicado a la saga de escultores, imagineros y artesanos religiosos Vicente Tena, pudo observar el sorprendente parecido entre esta obra y la del Cristo de los Afligidos de la localidad de Riba-roja del Túria (València). Una talla cristológica en la cruz, también con la tipología de Cristo muerto, que fue labrada el año 1941 en el taller que por entonces regentaba Vicente Tena Cuesta (Valencia, 1904-1996), domiciliado en la calle de la Encarnación, número 6, de la ciudad de Valencia.

Gracias a conocer la ficha técnica de esta imagen que se conserva en el Archivo Metropolitano del Arzobispado de Valencia (AMAV), podemos saber que las medidas del Cristo de los Afligidos son 1,60 metros y que su presupuesto ascendió a 5.000 pesetas, aunque en dicha nota no se indica la clase de madera empleada para su ejecución (ciprés, pino de Finlandia, Suecia, Soria, etcétera). No obstante, no deja de ser una información fundamental que, en parte, nos puede acercar a la génesis de la imagen cristológica de Lillo, tal como veremos a continuación.

Por otra parte, y al contemplar las magníficas fotografías facilitadas gracias a la deferencia de Francisco Javier, quien, además, es fotógrafo profesional, ipso facto pudimos reconocer, a través del análisis comparativo-formal y estilístico de la talla del patrón de Lillo, que, efectivamente, se trataba de otra imagen cristológica de la Casa Tena que todavía no estaba catalogada. Asimismo, también vimos detalles similares en el Cristo del Desamparo de Campanar (València), talla ejecutada en torno al año 1942.

En la imagen cristológica de Lillo, al igual que ocurre con las de Riba-roja y Campanar, el trabajo de gubia en la mascarilla y en los grupos de cabellos y barba se aprecia de manera clara el gusto exquisito de Vicente Tena Fuster (València, 1861-1946); herencia otorgada por sus maestros, los hermanos Modesto y Damián Pastor. No obstante, cabe apuntar que Tena Fuster no se caracterizó por sus imágenes cristológicas en la cruz. De hecho, en el ingente archivo gráfico de la familia Tena-Pérez, son ínfimas las tallas dedicadas a esta iconografía durante la primera etapa de la Casa Tena (1889-1934): el período de su máximo esplendor.

Sea como fuere, esas cejas fruncidas, la caída de los párpados, nariz semítica, boca entreabierta con parte de la dentadura superior claramente a la vista, todas son firmas inequívocas de Tena Fuster. Sobre todo, en el trabajo de cabellos y su característica barba bífida, en la que su mano diestra se recreaba en gubiazos más largos, formando mechones con líneas, formas y relieves más luengos.

 

 
 

Imagen del Cristo del Desamparo

 
 
 
 

Detalle de la imagen del Cristo del Desamparo

 

Igualmente, se observa un cuidado estudio anatómico. El torso fino, marcado y estirado, con costillas, esternón, abdominales y bajo vientre, en clara sintonía con el estudio del resto del tórax. Las manos con los dedos índice y corazón en clara señal de bendición al fiel, como muestra fehaciente de la unción de la Casa Tena a la hora de respetar esa simbiosis perfectamente equilibrada que debería tener una imagen piadosa: obra de arte y objeto devocional.

Los brazos extendidos y caídos por el peso del cuerpo, por gravedad, con las piernas flexionadas, las cuales descansan sobre unos pies cruzados y lacerados, atravesados por un solo clavo, detalle que lo asemeja al Cristo del Desamparo, pero, sin embargo, lo diferencia con respecto al Cristo de los Afligidos, en el que ambos pies son atravesados por dichas piezas metálicas sobre un suppedaneum. Una disposición que -igual que el óleo sobre tela del Cristo crucificado pintado por Diego Velázquez (hacia 1632)- no sigue la tan recurrente tradición relatada en las "Revelaciones" de santa Brígida de Suecia, escritas a lo largo del siglo XIV.

En lo referente al paño de pureza, nos encontramos ante un cambio bastante significativo con respecto al modelo gubiado en los tres ejemplos expuestos, aunque todos ellos emanan del mismo autor en cuanto al diseño, composición y pliegues. Sin embargo, tal como podemos observar, el anudado y vuelo lateral del Cristo de las Injurias cae en el lado derecho de la talla, mientras que en el Cristo de los Afligidos lo hace en el lado contrario, y en el Cristo del Desamparo en ambos. Típicas y recurrentes variaciones llevadas a cabo por los imagineros valencianos, al menos en el momento histórico que nos ocupa.

Por lo que respecta a la encarnadura que, según lo indicado, sigue siendo la original, se aprecia mate y sin un excesivo dramatismo sanguinolento. Es decir, al gusto del ya octogenario Vicente Tena Fuster, tal como dejó por escrito en su extraordinario "Catálogo Ilustrado" de 1903. En este sentido, destacar el protagonismo de las diversas veladuras que presenta la obra, principalmente en las sombras para ensalzar los relieves de la mascarilla: ojos, pómulos, labios, etcétera. Este trabajo en la decoración de la obra nos acerca al obrador conocido como Taller "Valencia-Centro de Estudio de Escultura Religiosa y Arte Decorativo", domiciliado en la calle Guillem de Castro, números 102, 110 y 112, de la ciudad del Turia, regentado por el dorador Inocencio Cuesta López (Aiora, València, 1890 - València, 1962). Un obrador que, mayoritariamente, se encargó de encarnar, policromar, estofar, dorar y platear las diversas imágenes cristológicas, marianas y de diversa hagiografía del frondoso árbol del santoral católico que se labraron en la Casa Tena en su fecunda etapa de posguerra.

En cuanto a los accesorios, queremos incidir en la corona nimbada, ya que las tres tallas aludidas portan el mismo modelo con ligeras modificaciones. Una obra de orfebrería ranurada que, seguramente, fue repujada en los talleres de José Bonacho David (Valencia, 1909-1983), ubicados en la calle Salinas, número 5, y despacho en la calle número 34, de la ciudad de València.

De la misma manera, nos detenemos en el modelo arbóreo de la cruz. Un patibulum y un stipes que, en este caso concreto, sí que difieren de los maderos planos y cepillados que presentan las imágenes de Riba-roja y Campanar, teniendo esta última testeros dorados. Es interesante comentar que la cruz arbórea fue un recurso estético que el taller de la Casa Tena también eligió para otras tallas cristológicas en la cruz, como es el caso del magnífico Nazareno de Barbate (Cádiz), de 1927, o el Cristo de la Sangre, obra de intenso patetismo encargada por los Padres Pasionistas de Irún (Guipúzcoa) del año 1952.

 

 
 

Detalle de la mascarilla del Cristo de las Injurias. Gentileza de Javier Lagar

 
 
 
 

Detalle del conjunto de la testa del Cristo de las Injurias. Cortesía de Javier Lagar

 

En todo este contexto, tenemos que hacer mención al momento prolífico que se originó en la etapa de posguerra en la demarcación geográfica valenciana en cuanto a la producción de imágenes religiosas policromadas. Si tenemos en cuenta que la ciudad de València y su área metropolitana fueron las zonas de España en las que más piezas de imaginería se destruyeron durante el trienio bélico, podemos comprender que por esta razón València se convirtió en la plaza española más importante y fecunda en cuanto a la producción de imágenes y mobiliario litúrgico y religioso. Una circunstancia excepcional que propició que el antiguo oficio de imaginero resurgiera como nunca antes lo había hecho, originando con ello a toda una extraordinaria e irrepetible generación de escultores, imagineros y artesanos religiosos.

No obstante, cabe decir que no todos los estudios, obradores y talleres asumieron encargos de tallas cristológicas con la iconografía de Cristo en la cruz, visto el compromiso artístico que resulta su hechura anatómica y la comprometida disposición de la imagen en el patibulum y el stipes. Entre los talleres que sí cogieron dichos encargos destacaremos los de Vicente Tena, Pío Mollar, José María Ponsoda, Francisco Teruel, José Casanova Pinter, Carmelo y Octavio Vicent, Rausell-Llorens, Antonio Sanjuán y Enrique Galarza, entre algunos distinguidos obradores más.

Asimismo, cabe aludir a las vertientes iconográfica e iconológica (mors mortem superavit) que dicha figura representa -al margen de los aspectos tradicionales y devocionales- y que son el verdadero origen nuclear del discurso hagiográfico dentro del amplio catálogo de santos, santas, mártires y bienaventurados de la Iglesia católica. Más si cabe, en un período de reposición del patrimonio escultórico religioso destruido, desaparecido y mutilado en los años inmediatos a la contienda, y en los que el nacionalcatolicismo se impuso como una forma de adoctrinamiento para la sociedad española de posguerra gracias a las manifestaciones públicas de piedad: las procesiones.

En definitiva, y a modo de conclusión, consideramos que podemos atribuir de una manera convincente la imagen del Cristo de las Injurias de Lillo al taller de la Casa Tena de València. Una talla cristológica que, por su cronología, aún pudo contar con las manos avezadas del maestro de la gubia Vicente Tena Fuster, ya que es muy probable que se labrara entre los años 1939 y 1945. Hemos de recordar que, en el año 1944, la Casa Tena envió dos obras a la cercana localidad toledana de Corral de Almaguer: la gran carroza procesional de la Virgen de la Muela y el Cristo atado a la columna, lo que nos confirma que no es un hecho casual que los escultores Vicente Tena también tallaran la imagen del Cristo de las Injurias para Lillo.

Así pues, solo nos resta congratularnos con este nuevo hallazgo, ya que supone una nueva obra para el extenso y plural catálogo imaginero de la Casa Tena de València. Un caso similar al que ocurre con la imagen de vestir de Nuestra Señora de los Dolores del mismo municipio, porque, según las fuentes consultadas, todo indica que también procede del mismo obrador valenciano. Una imagen de gran simbolismo y expresividad a la que en breve también le dedicaremos un artículo en este mismo reconocido espacio de divulgación sobre nuestro patrimonio escultórico e imaginero.

Por último, y ahora que nos encontramos en vísperas de la semana en la que los cristianos celebramos con unción y solemnidad la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, oremos para que su sagrada y preciosísima sangre obre por el amor, el bien y la paz de toda la humanidad doliente.

 


 

 
 
Perfil izquierdo del Cristo de las Injurias. Gentileza de Javier Lagar
 
 
 
 
Detalle del perfil izquierdo del Cristo de las Injurias. Cortesía de Javier Lagar

 

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