CHUCENA Y ESCACENA DEL CAMPO. HISTORIA Y DEVOCIONES MARIANAS:
NUESTRA SEÑORA DE LA ESTRELLA Y NUESTRA SEÑORA DE LUNA

Martín Sánchez Franco


 

 
 
Virgen de la Estrella (Chucena)

 

Tengo la convicción de que la teología mariana católica, en una parte muy significativa de su contenido, se debe a influencias populares. Ha sido, según mi entender, el pueblo, necesitado de la figura materna común, que en las religiones anteriores representaba la diosa, la que ha impulsado en gran parte la doctrina católica sobre María. Precisamente fue en Éfeso, en que se erigía un famoso templo a la diosa Artemisa, donde, en el año 431, se celebró el concilio que declaró a María como Madre de Dios. No pretendo establecer una relación de causa a efecto entre ambos hechos. Sólo lo señalo como curiosidad.

No pretendo decir -ni lo pienso tampoco- que la devoción a María sea un elemento paganizador del Cristianismo. Creo más bien que el Espíritu Santo habla, entre otras formas, a través del pueblo (vox populi, vox Dei) y que la Iglesia, a lo largo de los siglos -en su desarrollo teológico-, lo ha sabido escuchar. En el primer siglo de la Iglesia, en que la doctrina cristiana se mantenía con mayor pureza y menor desarrollo, María quedaba bastante relegada, como nos pueden mostrar los propios textos bíblicos neotestamentarios. El factor más importante del desarrollo teológico de la Iglesia es, sin duda, la necesidad de dar respuesta a las herejías o controversias doctrinales que la han ido perturbando a lo largo de los siglos. San Irineo escribió su Exposición y Refutación de la Falsa Gnosis alrededor de los años 180-190. Puede ser considerado como el primer mariólogo de la Iglesia.

La fiesta de la Concepción de María empezó a celebrarse en la época en que la Historia de la Cultura observa el paso de los santos a María (sobre el siglo XIII), en que las devociones a los santos quedan relativamente postergadas en beneficio de la devoción a la Virgen Madre de Dios, cuando Gonzalo de Berceo y Alfonso X el Sabio le cantaran a través de la poesía. Hemos de tener en cuenta la inspiración popular que siempre sostiene a los cambios culturales. La idea de que María fue concebida sin pecado original tomó forma en la Iglesia latina con la Constitución Cum Praeexcelsa, de 28 de febrero de 1476:

 

Cuando indagando con devota consideración, escudriñamos las excelsas prerrogativas de los méritos con que la reina de los cielos, la gloriosa Virgen Madre de Dios, levantada a los eternos tronos, brilla como estrella de la mañana entre los astros...

 

La cuestión concepcionista fue un revulsivo destacado en la Sevilla del siglo XVII. Antonio Domínguez Ortiz nos dice que "la devoción a la Inmaculada Concepción de María, que ya venía gestándose de tiempo atrás, adquirió en el segundo decenio de aquel siglo caracteres de auténtica conmoción popular, incluso con problemas de orden público". Por ello una delegación del Cabildo de la Catedral de Sevilla fue enviada a Roma para solicitar al Papa, Pablo V, una confirmación explícita de la Inmaculada Concepción. El decreto papal Sanctissimus, de 1617, no significó la proclamación del dogma ansiado, pero sí un paso hacia el mismo, ya que prohibió la negación pública de que María hubiera sido concebida sin pecado original. En Sevilla se celebraron grandes fiestas por este decreto papal.

Respecto a la Divina Pastora podemos encontrar también que la presión devocional del pueblo sevillano, enardecido por Fray Isidoro de Sevilla, hizo que se le abrieran las puertas del convento capuchino y de toda la Orden, llegando a asumirla como su devoción mariana principal.

Isidoro Moreno Navarro en su obra (Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1982) La Semana Santa de Sevilla defiende su idea de que ésta ha nacido del pueblo. Comparto esa idea, aunque matizada en el sentido de que el pueblo en ningún momento hace nada si no lo dirigen unos sujetos determinados, que no ha sido, en este caso, los de la propia jerarquía de la Iglesia, aunque entre ellos hayan figurado clérigos que han actuado individualmente, como, por ejemplo, San Vicente Ferrer. No comparto con Isidoro Moreno la idea de que la Iglesia no esté autorizada para encauzar el proceso cultural cuando tiene implicaciones religiosas.

Todas estas reflexiones las hago para que se considere la posibilidad de que en el ámbito de la antigua Ituci durante su cristianización, en los primeros siglos de nuestra era, pervivieran unas devociones de origen pagano que tuvieran como símbolos a la Estrella (o al astro solar) y a la Luna y que de ellas hayan derivado las devociones marianas que se han establecido en Chucena y Escacena del Campo (Huelva). Observemos las monedas de la Ituci prerromana y romana:

 

     

 

En las tres observamos en su parte superior el disco y la hoz lunar que lo envuelve sólo por la parte superior. Hoz lunar y disco constituyen un conjunto simbólico muy frecuente en el ámbito religioso.

En la gran obra dirigida por Sabatino Moscati titulada Los Fenicios (Barcelona, 1988, Ediciones Folio, S.A.), podemos encontrar (p. 114) la hoz lunar y el disco (con la primera encima) en la estela votiva procedente de Constantina que, entre otros símbolos, contiene también el signo de la diosa púnica Tanit.

Tenemos también una ilustración (estela votiva procedente de Sulcis con figura femenina) con la hoz lunar y el disco en la página 120 de Los Fenicios, como también en la página 183 (estela votiva procedente de Cheffie), en la página 303 (cipo con tres pilastras), en la página 308 (tofet de Cartago con estela con "signo de Tanit y betilos" (estela que podemos ver también en el artículo Historia de Túnez de Wikipedia), en las páginas 398 (escarabeo procedente Tharros, con Isis y Osiris). Podemos encontrar también la luna y el disco, en la página 506, en un ánfora funeraria, hallada en la necrópolis de Rabat, Malta, del siglo VII a.C. En otra estela procedente de Cartago (p. 105) encontramos la luna encima de la cabeza de Tanit en su signo. La propia cabeza sustituye al disco. Ello nos hace pensar que el disco solo sea una forma de representar a Tanit de manera más simplificada.

Resaltamos el simbolismo de la hoz lunar y del disco en los dibujos de una moneda de acuñación sardo-púnica (p. 225), de la segunda mitad del siglo III a.C., que en su anverso tiene la cabeza de Coré (otra deidad femenina o identificada con Tanit) y en su reverso tres espigas, además del globo con hoz lunar:

 

   

 

En todo caso no parece necesario que este artículo hayamos de dar muchos datos técnicos para relacionar los últimos tres anversos de monedas de Ituci que hemos presentado (el tercero incluso con estrella o astro solar también entre las dos espigas), con deidades femeninas y con la fecundidad de la tierra, con ellas vinculada.

La relación del sol con deidad femenina podemos verla también en otras estatuillas femeninas con disco sobre su pecho o su vientre (pp. 323 y 519, de los siglos V-IV a.C. y del siglo VI a.C., respectivamente), así como en estelas con embarcación y proa de barco (p. 558), una de ellas con la luna y el globo y otra con el signo de Tanit y otro esquema de figura femenina con creciente sobre la cabeza. Parecen representar a la barca solar en su diario caminar aparente alrededor de la tierra.

No parece que sean necesarios más ejemplos para que entendamos las ideas religiosas mediterráneas (muy homogéneas o uniformes en general, aunque con distintos nombres) hasta la irrupción del Judaísmo, que convivía con ellas, pero encerrado en su propio ámbito geográfico, a través del Cristianismo y del Islam. Con el Cristianismo se ha producido, en mi opinión, una sincretización que ha sido mutuamente favorable, al menos desde el punto de vista cultural.

Tampoco parece que sea necesario profundizar en el sentido espiritual que se manifiesta en la vinculación del ser humano con las deidades de la naturaleza, sean de la propia tierra, que hace brotar la vida; sean astrales, como luminarias que presiden e iluminan su vida, que lo orientan, no sólo en su caminar en el espacio físico, sino también hacia un orden superior, y que también vivifican a la misma Tierra. Por eso en las monedas de espigas, quizá representando esa misma vivificación de la naturaleza, tenemos con frecuencia, encima de ellas, a ese conjunto simbólico del disco y de la hoz lunar. El disco puede representar al Sol (la estrella de nuestro sistema planetario) o a Venus (la estrella de la mañana) o a ambos, pero con más razón al primero. La hoz lunar, sin duda, representa a la Luna.

Creemos que a la Virgen María se le ha atribuido estos símbolos porque también nos muestran su identidad y la del ser humano que le venera. El Cristianismo no pierde con ellos su propio mensaje de salvación; por el contrario, esos mismos símbolos lo hacen más próximo y comprensible. La Luna refleja la luz de Sol. María refleja la luz de su propio Hijo, Luz del mundo. María es también Estrella, es luz, y como tal, como dice el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, 68), "precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el día del Señor".

 

 
 
Virgen de Luna (Escacena del Campo)

 

Fotografías de Chucena Cofrade y Escacena Cofrade

 

Artículo Relacionado en este

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com