A diferencia de representaciones posteriores, la Dolorosa de los californios dirigía su mirada hacia su izquierda y en su rostro eran mucho más visibles los signos del dolor y el cansancio del momento representado. Su gesto es de un dolor intenso, pero no desgarrado. Un rostro que acumula cansancio de noche en vela, dolor y sufrimiento. Su mirada no se eleva a un plano divino, a una conexión únicamente espiritual, sino que permanece a la altura de los hombres. Un dramatismo contenido, llevado al máximo extremo de la contención. Con todo, la contemplación de esta imagen tiene algo que cautiva, siendo su pérdida la más lamentada, con toda seguridad, del patrimonio perdido en el 36.
Un año después se le atribuye la realización, para la misma Cofradía, de una imagen de San Juan Evangelista, si bien en caso de ser obra de Francisco Salzillo sería, desde luego, una obra menor.
En 1759 incorporan los californios una nueva obra de Salzillo, un grupo que reproduce fielmente el de la Oración del Huerto que había tallado siete años antes en Murcia. De este grupo, del que se conservan los durmientes, se considera que formaba parte el que probablemente fuera uno de los mejores Cristos nunca tallado por Salzillo, una obra de una espiritualidad impresionante, derrumbado junto al ángel confortador.
Dos años más tarde, en 1761, representa para los californios el Beso de Judas, una obra que cuatro años más tarde repetiría en Murcia con el nombre del Prendimiento. En esta ocasión, la figura más destacada era la de San Pedro, dotado de una extraordinaria fuerza y de un esmerado cuidado en el más mínimo detalle. Del mismo se conserva la figura de Malco.
En 1766 y con los precedentes anteriores, la Cofradía opta por sustituir la imagen de su Titular, el Cristo del Prendimiento (imagen superior), que había sido realizado por Juan Porcel en 1747. Con todo, y siendo una destacada obra, ese año entregaría también a los californios una de sus mejores realizaciones para Cartagena, la imagen de Santiago Apóstol.
La figura de Santiago no suele destacarse de forma individualizada en la Semana Santa. Sin embargo, la tradición, que narra el desembarco en Cartagena del Apóstol para dar comienzo a la predicación del Evangelio en España, y su presencia en otros grupos de la cofradía hace que adquiera protagonismo en el cortejo californio. Y Salzillo recalca la importancia doctrinal del apóstol con una expresión casi mística, que refuerza con una cierta agitación en el cuidado tallado de la barba.
Al igual que en el caso de Santiago, serían factores de ámbito local los que protagonizarían el último encargo de los californios a Salzillo en 1773. Ese año realizaría el grupo de la Conversión de la Samaritana, que aun no siendo un pasaje propio de la Pasión, se justifica en la tradición que cuenta que la protagonista de esta escena marchó tras la muerte de Cristo a España, afincándose en un paraje cercano a Cartagena con sus hijos. |