PIEDAD
LUIS DE MORALES

29/11/2022


 

 

La Virgen María parece acunar el cadáver de su hijo en sus brazos, mientras Santa María Magdalena y San Juan Evangelista la miran con lágrimas en los ojos. Lejos de los estándares de belleza idealizados del arte renacentista, el pintor extremeño Luis de Morales (Badajoz, hacia 1510 - Alcántara, Cáceres, 1586) plasma una de sus escenas religiosas tan desgarradas y antinaturales como sugestivas y conmovedoras.

La cabeza de Jesucristo está echada hacia atrás de manera desgarbada, lo que nos permite ver sus dientes irregulares mientras su mandíbula cuelga abierta. No solo su figura está lívida por ser la de un cadáver, la piel de María y los santos discípulos de Jesús muestran una palidez terrible. La paleta del artista es siempre memorable en estos casos por gélida e irreal. La cruz domina el centro de una composición sin paisaje detrás que la suavice. De hecho, el fondo es negro, lo que hace todavía a la pintura más dramática e inquietante.

Pese a no ser pinturas fáciles, los contemporáneos de Morales en España lo llamaban "El Divino" por la exquisitez de sus creaciones religiosas. Para ellos, su obra era el equivalente visual de la literatura católica de la época, intensamente melodramática. Tanto en poesía como en prosa, esperaban que los textos devocionales y el arte les hicieran sentir el patetismo de su religión, que incluía la muerte y la pérdida.

Hay una notable coincidencia entre las palabras usadas para narrar estos dramáticos eventos sagrados y las imágenes usadas para describirlos. Un famoso conjunto de "meditaciones", por ejemplo, instó a eruditos y artistas a plasmar a la Virgen abrazando el cuerpo lacerado de Cristo contra su pecho mientras sus lágrimas lo bañan. En efecto, pocas veces las lágrimas han jugado un papel tan importante en la pintura como en esta obra, en el que corren por las mejillas tanto de la madre de Cristo como de la Magdalena y Juan. La importancia de las lágrimas como don espiritual y purificador tomará forma física en el siglo siguiente en el arte sacro español a través de la obra de grandes escultores e imagineros españoles como Pedro de Mena.

La delicada belleza de las lágrimas de las vírgenes y los santos de Morales, sus cabellos rizados y sus rostros melancólicos, brindan un emotivo contrapunto a la dureza de la escena que presencian. Hay un arte que no busca la belleza común, sino lo profundamente expresivo, y no deberíamos sorprendernos cuando encontramos tal expresión antes de la era moderna. En todos estos casos, alejarse de una belleza edulcorada conduce a algo más: el deseo de reflejar las verdades humanas.

Esta excepcional Piedad (hacia 1560) fue propiedad del pontífice Pío VII y permaneció en su familia hasta que fue adquirida por el Museo Metropolitano de Nueva York (MET) en el año 2015. Pintada al óleo sobre nogal, técnica y soportes habituales en Morales, mide 89 x 62,5 cm.

Luis de Morales fue tan importante como El Greco para entender el arte y la religión en la España de la Contrarreforma. Ambos artistas explotaron la misma veta de intensa espiritualidad. Ningún pintor español jamás superó a Morales en la expresión de la fe apasionada y personal de los escritores místicos.

Muy numerosas por fortuna las versiones que el prolífico artista realizó sobre el tema. Podemos mencionar las conservadas en el Museo de la Catedral de Badajoz, Museo de Salamanca, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Colección Balanzó, Fondo Cultural Villar-Mir, Colección Laia-Bosch, Museo Nacional del Prado de Madrid, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Museo del Santo Ángel de Sevilla o Parroquia de San Pedro y San Pablo del municipio toledano de Polán, cuya imagen de Cristo es prácticamente idéntica a la del MET.

 

FUENTES

BAYER, Andrea. European Paintings: Recent Acquisitions 2015-16 (catálogo de exposición), Nueva York, MET, 2017, p. 10.

 

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