MARTÍNEZ MONTAÑÉS Y LA ESCUELA SEVILLANA DE ESCULTURA
RETABLO DE SAN MIGUEL

21/11/2019


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Realmente a Martínez Montañés le corresponde solo una parte de esta monumental fábrica labrada en madera policromada y dorada, compuesta por tres cuerpos y tres calles separadas por columnas entorchadas. Su historia, como la de muchas de estas complejas estructuras del Barroco español, es larga y accidentada.

De entrada, sustituye a un retablo anterior del que solo subsisten las puertas del sagrario, y que fue realizado en dos fases: en torno a 1560 y 1575 por Andrés de Rivera, Diego Martín de la Oliva y Bartolomé Sánchez, y entre 1586 y 1595 por Jerónimo Hernández y Antonio de Arfián, quienes se encargan de completarlo. En 1601, tan solo seis años después, se decide encargar uno nuevo cuyas trazas realizaría Asensio de Maeda, siendo los escultores Montañés, Gaspar del Águila y Juan de Oviedo. De ellos, años después, solo Montañés permanecería en el encargo, llegando incluso a modificar las nuevas trazas que en 1610 dio Miguel de Zumárraga. El retablo, en origen de escultura y pintura -Alonso Cano pintó uno de los lienzos, actualmente desaparecido-, pasó entonces a ser únicamente de escultura. Finalmente, fue traspasado a José de Arce, quien lo concluyó entre 1641 y 1648.

 

 
     
     
 

 

Por tanto, la iconografía final se reparte entre siete relieves y diez figuras exentas. De ellos, son de Martínez Montañés los tres relieves centrales -la Batalla de San Miguel, la Transfiguración y la Ascensión de Jesucristo a los cielos- y seis de las figuras -San Pedro, San Pablo, Santiago el Mayor, Santiago el Menor y las dos virtudes del ático, Fe y Esperanza-, correspondiendo al artista flamenco José de Arce el resto de las piezas: los cuatro relieves laterales de la Adoración de los Magos, la Adoración de los Pastores, la Encarnación y la Circuncisión, y las cuatro figuras de los santos Juanes y de los arcángeles Rafael y Gabriel.

Como bien ha apreciado Esperanza de los Ríos, la mayoría de las numerosas descripciones de este retablo, de gran trascendencia en la historia del arte sevillano, no solo han dejado muy por encima la labor de Montañés sobre la de José de Arce -cuando este artista, introductor del barroco dinámico en la escuela sevillana, es el autor de una parte muy importante de su hechura-, sino que incluso han hablado de una modificación de su estilo para adaptarse al de Montañés, cosa totalmente incierta. En esta misma página incluimos una serie de detalles del trabajo de Arce en el que se puede ver unas formas y expresiones muy distintas a las de Montañés.

 

 
     
     
     
     
 
     
     

 

Centrándonos en la labor de Montañés en este retablo de colosales dimensiones (390 x 235 cm), sin duda la pieza más llamativa es su relieve central de la Batalla de San Miguel, concluido en 1641 y también llamado Batalla de los Ángeles. Se trata de una obra que, al igual que los otros dos relieves montañesinos, muestra una dicotomía frecuente en el periodo: línea de tierra y rompiente de gloria. En la zona alta de la batalla vemos al titular San Miguel de pie, luchando junto a otras dos figuras angélicas, postradas, contra los seis demonios que se sitúan en la zona baja de la escena; a los que los ángeles lanzan, con las alas desplegadas, flechas de fuego.

Hasta los más críticos con la obra de Martínez Montañés se descubren ante este relieve, la última gran creación del maestro que realizó ya siendo anciano. Las figuras casi gigantescas de Luzbel o Lucifer -en el centro y con la anatomía totalmente completa- y los otros ángeles caídos aparecen tratadas a amplios cortes de gubia, de una valentía y efectos casi barrocos pero con efectos de composición y modelado que permanecen dentro de los moldes montañesinos, con prodigiosas expresiones atormentadas por el fuego y la derrota salvo uno de ellos que se burla de quien lo contempla como señal de su sempiterna maldad pese a la condena. Por contra, los ángeles ofrecen unos modelos andróginos, casi femeninos, con cabellos y ropajes cuya concepción y ejecución no deja dudas de que Montañés, aun septuagenario, sigue siendo el mismo.

Montañés debió inspirarse para este relieve, fechado por Hernández Díaz en 1641, en el cuadro que representa el Juicio Final realizado por Francisco Herrera el Viejo entre 1628-1629 que se halla en la iglesia de San Bernardo de Sevilla, cuyo San Miguel guarda una estrecha relación con este de Montañés.

 

 
     
     
 

 

Respecto al relieve de la Transfiguración, concluido en 1643, representa el momento en que Jesús en el monte Tabor se mostró entre Moisés y Elías ante tres de sus apóstoles. Montañés divide de nuevo la escena en dos registros: en el superior, Cristo entre los profetas Moisés y Elías, a izquierda y derecha, y en el inferior, San Pedro en el centro, con Juan y Santiago el Mayor a ambos lados.

La Ascensión que corona el retablo fue realizada hacia 1630 y muestra a Cristo en el momento de ascender al Cielo, bajo la mirada de once de sus apóstoles y de su madre María. Como en el anterior relieve se observa una mayor intervención del taller, más acusada aún en este caso, debido sin duda a la altura de su ubicación que la hacía bastante menos visible a los fieles, sobre todo de cara a los detalles.

 

 
     
     
 

 

Por último, de la mano de Martínez Montañés son también las dos Virtudes del remate, los dos Santiagos que se encuentran en sendas hornacinas labradas en el muro, perfectamente integrados con el conjunto, y los santos Pedro y Pablo colocados en repisas sobre los dos pares de columnas exteriores del primer cuerpo, los cuales no se recogen en las fotografías pues en el momento de ser realizado este reportaje se encontraban ya en Sevilla para formar parte de la exposición monográfica Montañés. Maestro de Maestros. Estas últimas muestran un sentido más monumental en sus formas, sobre todo en lo que se refiere a la ejecución de los paños.

Finalmente, en la policromía de este retablo intervinieron distintos pintores como Francisco Fernández de Llera, Lucas de Esquibel, Juan del Castillo, Jacinto Soto y Gaspar de Ribas.

 

 

FUENTES

DE LOS RÍOS MARTÍNEZ, Esperanza. José de Arce, escultor flamenco (Flandes, 1607 - Sevilla, 1666), Ediciones de la Universidad de Sevilla, 2007, pp. 60-65.

POMAR RODIL, Pablo Javier y MARISCAL RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Jerez. Guía artística y monumental, Jerez de la Frontera, Sílex, 2004, pp. 193-194.

AA.VV. (coord. de PAREJA LÓPEZ, Enrique). Juan Martínez Montañés, serie "Grandes maestros andaluces", Sevilla, Tartessos, 2012, pp. 174 y 176.

JIMÉNEZ PLACER, Fernando. "Montañés y Arce en el retablo de San Miguel de Jerez", en Archivo Español de Arte, tomo 14, nº 46, Madrid, CSIC, 1941, p. 115.

HALCÓN ÁLVAREZ-OSSORIO, Fátima, HERRERA GARCÍA, Francisco Javier y RECIO MIR, Álvaro. El retablo sevillano: desde sus orígenes a la actualidad, Ediciones de la Diputación de Sevilla, 2009, p. 145.

 

 

Fotografías de Juan Antonio García Delgado

 

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