MES DE JUNIO
CRISTO DE LA SANGRE

Sergio Cabaco y Jesús Abades


 

 
 

 

Tan sugestivo simulacro, también conocido como Cristo Fuente de la Vida, tiene su origen en una iconografía medieval denominada El Lagar Místico o La Prensa Mística, que muestra a Jesús en la Cruz, símbolo de los pecados del mundo, con un viñedo a modo de Monte Calvario que El Salvador pisa con su pie descalzo mientras la sangre brota abundantemente de llagas y costado, siendo recogida por uno o varios ángeles.

De esta alegoría se han hecho posteriormente varias versiones, como la que representa a Jesús clavado y en actitud de andar mientras un ángel recoge la sangre del costado -caso de la imagen que estudiamos, que anteriormente llevaba cinco ángeles, o del excelente lienzo que se conserva en la Iglesia de San Francisco y San Eulogio de Córdoba, atribuido a Antonio del Castillo-; aquella en la que aparece muerto en la Cruz -caso del Cristo de las Aguas (Sevilla) o del Cristo de Luz y Aguas (Cádiz)-, e incluso una tercera versión con Jesús llevando la Cruz a Cuestas, tal y como lo procesiona la cofradía onubense de la Redención.

El Cristo de la Sangre, titular de la Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Murcia, es obra documentada del escultor estrasburgués Nicolás de Bussy (1693). Fue realizado en madera de ciprés, con una altura de 140 cm. La imagen sufrió daños considerables en los disturbios del año 1936: fue decapitado, parcialmente quemado, se le abrieron grandes grietas y sufrió pérdidas de soporte en el tobillo y la pierna derecha. El escultor e imaginero murciano Juan González Moreno fue el encargado de restaurar el cuerpo de la obra, siendo la cabeza reparada y readaptada al mismo por su compañero José Sánchez Lozano.

En 2003 la imagen fue excelentemente intervenida en el Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, donde restañaron grietas, eliminaron repintes, reintegraron estucado y lagunas pictóricas en las zonas donde se precisaba y limpiaron la policromía. Gracias a esta restauración, se pudo confirmar que la cabeza de la imagen es la original de Nicolás de Bussy, y no -tal y como muchos pensaban- una reconstrucción sobre el original por parte de José Sánchez Lozano, quien sólo se limitó a añadirle la nariz, las puntas de la bífida barba y a repolicromarla de nuevo al haber arrasado el fuego casi por completo la encarnadura original.

 

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