NUEVA IMAGEN DE SAN SIMÓN PARA JAÉN

27/10/2005


 

Es obra del cordobés Antonio Bernal Redondo y forma parte del monumental Apostolado que el imaginero se encuentra labrando desde hace años para la Cofradía de la Sagrada Cena, de la capital jiennense.

La imagen representa a Simón el Cananeo, llamado también Simón el Zelote, en actitud mística y contemplativa ante el maestro. En su afán por otorgar a cada apóstol un estado anímico distinto, procedente de un estudio del natural diferente al de los demás, Bernal nos ofrece a un hombre maduro que predicaría posteriormente el Evangelio en Egipto, de rasgos dulces pero varoniles y mirando con arrobo al Señor instituyendo la Eucaristía. Actualmente, el imaginero se encuentra ejecutando otros dos apóstoles: San Bartolomé y Santo Tomás, con el fin de que el conjunto esté listo para su bendición al completo en enero del próximo año.

Entre el resto de figuras que ha acabado Bernal para el referido misterio destacan las hechuras de San Juan Evangelista, San Pedro, Santiago el Menor y San Andrés. San Juan es una de las obras más famosas y que más crédito ha dado a su autor, de prodigioso modelado y acusada expresividad. La imagen de San Pedro se aparta del que labró para la Cofradía del Dulce Nombre de Málaga, aunque ambos partan de la misma base; si con el malagueño realizó una figura dramática y derrotada, propia del pasaje de Las Negaciones y Lágrimas del santo, con el de Jaén, de crispadas manos, refleja perfectamente la indignación ante la acusación de traición por parte de Jesús, que también ha gubiado Bernal. Santiago el Menor se halla concebido como un joven de idealizada belleza, meditabundo y extasiado ante la divinidad de Cristo en la Cena Pascual. Por último, San Andrés es otra de las mejores creaciones del imaginero, compartiendo con la imagen de San Juan las excelencias del modelado y el dramatismo expresivo.

Los hermanos de La Cena han encargado su imaginería al completo a este consagrado escultor, pues la Virgen de la Caridad, titular mariana de la cofradía, es también obra suya. A diferencia del dramatismo que presentan otras Dolorosas de su mano, como La Encarnación de Montilla o Las Lágrimas de Elche, en este caso Bernal apostó por una imagen serena e intimista, al estilo de su reconocida Piedad para Los Realejos (Canarias), aunque aniñando los rasgos y suavizando bastante más el dolor hasta el punto de convertirla prácticamente en una imagen letífica, destacando también el soberbio juego de manos, de torneados dedos y perfecta anatomía.

Para leer la entrevista al imaginero Antonio Bernal Redondo, pinchar en este
   

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