LOS CRISTOS DE MAÍZ (II)

Jesús Abades


 

 

Según explica el Catedrático del Instituto de Conservación y Restauración de Escultura de Bienes Culturales de Madrid, Luis Cristóbal Antón, la conquista española llegó pacíficamente a la región de Michoacán, en México, donde habitaban los indios llamados tarascos que elaboraban sus ídolos de guerra con pasta de la caña de maíz, fibras vegetales y telas encoladas debido a su ligereza y al hecho de que tenían que cargar con ellos en las batallas. Con la irrupción del Cristianismo, mantienen las mismas técnicas para esculpir las imágenes de la nueva religión (1). Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el Crucificado llamado Cristo del Jubileo, propiedad de la Cofradía de las Angustias (Valladolid) y venerado en la iglesia vallisoletana del mismo nombre.

Dicho ejemplar, que data del siglo XVI, fue modelado por los tarascos mexicanos con cañas y pasta de maíz, aunque las manos y los pies son de madera tallada y policromada. Como es habitual en este tipo de obras, el dramatismo del simulacro se exalta mediante el empleo abundante de heridas sangrantes y llagas marcadas, tanto en el rostro como en el cuerpo (2). La imagen fue sometida recientemente a una ardua y compleja restauración, debido a la delicadeza del material, en la que se ha conseguido recuperar el paño de pureza y rescatar el aspecto original de la imagen, oculto por el deterioro que conlleva el paso del tiempo.

 

 

Según el historiador y restaurador Pablo Amador Marrero, dentro de la escultura virreinal podemos considerar varias modalidades: la estatuaria en piedra, el material preferido durante la etapa precolombina; la imaginería en madera policromada de tradición española; y la escultura de influencia indígena y antecedentes precolombinos. Los casos más conocidos de la tercera y última modalidad escultórica son el de la caña de maíz en México, planta sagrada por excelencia en Mesoamérica; y el del maguey y la escultura en tela en el mundo andino (3).

Amador Marrero confirma en sus estudios la pertenencia del Cristo de la Buena Muerte de Ingenio (Gran Canaria) a la escuela indiana y la atribución del Cristo del Altar Mayor de Telde al escultor Matías de la Cerda, formulada en su momento por Estrada Jasso. Para el investigador canario, quien se encargó de la restauración del Cristo de Zacatecas de Montilla para eliminar un añadido del siglo XIX que estaba destruyendo el material original, no deja de ser sorprendente que la temprana adaptación de la tecnología indígena de la caña de maíz a la imaginería cristiana se deba no a un taller o un maestro nativo sino a dicho artífice, del cual se tienen noticias hasta 1625. Entre otros datos, se sabe que Matías de la Cerda era oriundo de Barcelona y que en ocasiones trabajó en colaboración con su hijo Luis, también escultor y fruto de su matrimonio con una indígena (4).

 

 

Amador Marrero intervino junto con la también restauradora Carolina Besara a la imagen del Crucificado de Telde (Gran Canaria) en el pasado año 2000, descubriendo una técnica constructiva similar a otras piezas del entorno e iconografía, caso del Señor de Santa Teresa de México, modelado en pasta de caña de maíz, hojas de fibra de maguey y lienzos de cartón, salvo la cabeza, manos y pies que se hallan realizados en madera -zompantle, en este caso- (5), tal y como sucede también con el vallisoletano Cristo del Jubileo. En el Cristo del Telde, la restauración dio a conocer que se hallaba modelado con diferentes clases de papel, entre los que hay que resaltar incluso significados códices manuscritos (6).

De la elaboración de tales esculturas conocemos también numerosos datos gracias a las investigaciones realizadas por la historiadora Sofía Velarde Cruz. Según las mismas, lo primero que se hacía para preparar el material era poner a secar la caña de maíz, luego se molía y, finalmente, se le agregaba un aglutinante de bulbo de orquídea, con el que se producía una especia de pegamento consistente. En algunos casos, el aglutinante se mezclaba con algún veneno, lo que permitía mantener la escultura libre del ataque de las plagas. Respecto a la estructura interna de cada figura, se hacía con la cañeja o cañaheja del maíz, con la que se le daba forma al cuerpo y a las extremidades. Después se recubría con la pasta y, en algunos ocasiones, con plumas de guajolote para darle fortaleza a los dedos de las manos. Sobre la estructura se aplicaba una capa de cal y por último se procedía a pintarla. Respecto al color, se utilizaban pigmentos típicos de la región de Michoacán, como el rojo proveniente de la cochinilla para pintar la sangre sobre las imágenes (7).


BIBLIOGRAFÍA

(1) MARTÍN, M. Maiz o cuero para modelar a Cristo muerto en El Día de Valladolid, 02-07-2007.

(2) Ibidem.

(3) AMADOR MARRERO, Pablo Francisco. Traza española, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginería en caña de maíz, Las Palmas de Gran Canaria, Ayuntamiento de Telde, 2002.

(4) Ibidem.

(5) AAVV con coordinación de GUZMÁN VARGAS, Daniel; LUVIÁN TORRES Evaristo y Enrique RIVAS PANIAGUA. Mapethé, Santuario de Prodigios, Pachuca, UAEH, 2005.

(6) AMADOR MARRERO, Pablo Francisco. Traza española, ropaje indiano. El Cristo de Telde y la imaginería en caña de maíz, op. cit.

(7) VELARDE CRUZ, Sofía Irene. Imaginería michoacana en caña de maíz, México, 2003. 

 

Fotografía de México de MRM. Dawn Marie
Fotografía de Telde de Gerardo Montes de Oca

 

Primera Entrega en este

 

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