LOS CRISTOS DE MAÍZ (I)

Jesús Abades


 

 

A partir del proceso evangelizador iniciado en 1492, el arte cristiano de Latinoamérica, especialmente en las zonas de México y Perú, surge como resultado de dos influjos distintos: los modelos españoles llevados al continente durante toda la era colonial y las maneras indígenas empleadas en la representación de los dioses prehispánicos, entre las que se encuentra el modelado de figuras con materiales autóctonos, caso de la pasta de maíz.

El Cristo de las Misericordias, venerado en el municipio pacense de Los Santos de Maimona, data del siglo XVI y se realizó en Perú por escultores españoles desplazados a la zona. Fue labrado con una pasta de papel obtenida de las hojas de maíz y para su ensamblado se emplearon troncos de maíz. Una vez terminado, inició un periplo marítimo que lo llevó a Cuba y de allí a España, desembarcando en el puerto de Sevilla. Ahí debió sufrir una primera restauración, ya que la imagen llegó en un lamentable estado, siendo posteriormente trasladado a Los Santos de Maimona en carretas. Por los papeles que se han encontrado en su interior, el Crucificado fue comprado en Perú por un santeño afincado en las Indias, Diego Gordillo Pachón, quien lo donó a la parroquia de la villa con la intención de ser venerado en la Capilla del Sagrario, también llamada de Los Pachones.

Por su estructura, el Cristo pesa muy poco, de ahí que en la última restauración practicada por Juan Manuel Miñarro se le haya dotado de la sujeción suficiente como para que gane en estabilidad. Asimismo, se le ha sustituido la antigua cruz por una nueva y se le han eliminado las cinco capas de policromía que ocultaban la original. Una de ellas era completamente negra, según Miñarro para identificarlo con una imagen de bronce (1).

Según Velarde Cruz, una de las razones por la que los españoles emplearon la técnica de la pasta de caña, fue por la ligereza del material, ya que una escultura del tamaño natural de un hombre no rebasa los 10 kgs, lo que las convertía en ideales para las procesiones religiosas (2).

 

 

Por su parte, el cordobés Cristo de Gracia, popularmente llamado El Esparraguero por la devoción que desde tiempos remotos le profesan los recolectores de espárragos, fue labrado hacia 1618 por escultores indígenas de Puebla de los Ángeles (México). Se halla realizado con un armazón de lino encolado, compuesto por partes diferentes y ensambladas, sobre el que se colocaron cañas de maiz que, posteriormente, fueron cubiertas con una capa de lino encolado para modelarlas y poder aplicarle una capa de yeso con el fin de proceder a su policromado.

El Crucificado posee similitudes, especialmente en la sufriente expresión del semblante, con el Cristo de la Penitencia de Mexicaltzingo (México), labrado en torno al año 1585 y atribuido a los escultores Matías y Luis de la Cerda, de los que hablaremos más ampliamente en una siguiente entrega. Ha sido restaurado por Rafael Díaz Fernández (1950),  Antonio Rubio Moreno (1977) y Miguel Arjona Navarro (1982), quien realizó una estructura metálica interna para reforzar el frágil material con que está labrada la escultura. Como es habitual en este tipo de obras, se halla provista de peluca postiza, faldellín de tejido natural y corona de espinas superpuesta, cincelada en plata dorada por el orfebre Alfonso Luque (2003), para potenciar su naturalismo.

 

 

Finalizamos esta primera entrega con otro Crucificado: el Cristo del Capítulo que recibe culto en su capilla de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán, del municipio gaditano de Bornos. Según los historiadores Ana Aranda y Fernando Quiles, la advocación de la escultura indica que ocupó antiguamente la presidencia de la Sala Capitular del Monasterio de los Jerónimos de la localidad (3).

La imagen presenta notables semejanzas con El Esparraguero, lo que nos lleva a afirmar que puedan compartir fecha y procedencia mexicana. Al igual que la talla cordobesa, la cabeza de Jesús aparece totalmente abatida a la derecha, casi paralela al travesaño del arbóreo madero, y el alargado rostro presenta una barba bífida y puntiaguda, modelada mediante finas estrías. Como es habitual en este tipo de obras, las limitaciones del material condicionan las precisiones anatómicas de la talla, que presenta el tórax ancho, los brazos alargados, las manos abiertas y las piernas unidas, superponiendo el pie derecho sobre el izquierdo. Se observan numerosas heridas por todo el cuerpo, con abundancia de hematomas, llagas y cardenales que convierten su policromía en un auténtico lienzo de sangre.


BIBLIOGRAFÍA

(1) Nuestro agradecimiento al escultor y profesor Juan Manuel Miñarro López por los datos facilitados en su momento para la realización de este artículo.

(2) VELARDE CRUZ, Sofía Irene. Imaginería michoacana en caña de maíz, México, 2003. 

(3) A.A.V.V. Guía Artística de Cádiz y su provincia, Volumen II, Diputación Provincial de Cádiz y Fundación José Manuel Lara, 2005, p. 356.

 

Fotografía de Los Santos de Maimona de Juan Manuel Miñarro
Fotografía de Bornos de Rosario Murciano

 

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