LA IGLESIA PARROQUIAL DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN
DE ALCALÁ DE LA ALAMEDA EN LA VILLA DE CHUCENA (HUELVA) (Y II)

Martín Sánchez Franco


 

 

La que había sido Iglesia parroquial de Alcalá de la Alameda ya a mediados de los años cincuenta del siglo XX sólo era un caserón abandonado de puertas abiertas. Dada la posibilidad de su venta a la hacienda-cortijo de Alcalá de la Alameda, el pueblo, movido por el ya anciano (75 años) sacerdote capuchino Fray Jacinto de Chucena, se ocupó de recaudar fondos para su restauración.

El día 12 de febrero del año 1958 el Padre Jacinto logró que, reunidos el Sreñor Cura Párroco, el Seño Alcalde y él, se constituyera la Comisión «Pro Templo» “para llevar a cabo las obras de reparación del que fue Templo Parroquial de la extinguida población de Alcalá de la Alameda, confiadas al P. Jacinto por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la diócesis de Huelva” (1).

El acto de inauguración de las obras tuvo lugar el día 13 de marzo del año 1958. Las obras fueron dirigidas por el arquitecto don Antonio Illanes del Río, que contó, como maestro de obras, con don Joaquín Guzmán Tirado. El entusiasmo popular hizo posible la generosidad, entregando su tiempo quienes organizaban funciones de teatro, quienes solicitaban donativos, quienes trabajaban gratuitamente en las obras.

Pero no parece que este arquitecto llegara a identificar al autor del templo que se proponía restaurar, ya que ni siquiera actuó como en iglesia del Barroco: le dejó sus paramentos sin enlucir, en su ladrillo basto. No es cosa de que aquí nos extendamos explicando la arquitectura de Ambrosio de Figueroa, pero recomendamos la lectura del texto de Arenillas (2), precediéndolo, si se quiere conocer mejor el estilo de los Figueroa, con el de Rivas Carmona (3), sobre el padre del arquitecto de la Iglesia de Alcalá, y enmarcándolos dentro del Barroco sevillano.

El Padre Jacinto estaba muy confundido, entre otras cosas, sobre el estilo y la época del templo, en el que ve “una reminiscencia, aunque remota, del godo”, con “características de estilo romano”, considerándolo construido entre 1275 y 1300, aunque también nos dice de su portada que “es un bellísimo ejemplar de transición barroca, que se produjo en la primera mitad del siglo XVIII”. Yo, aunque siempre le vi al templo su estilo barroco en todo su conjunto (no sólo en la portada), no empecé a investigar su construcción en los documentos parroquiales de Alcalá hasta los últimos años de los ochenta o primeros de los noventa, encontrándome, entre otros, con los textos insertos en la primera parte de este artículo. Mi alegría se completó al ver publicada la obra de Arenillas, aquí citada.

El P. Jacinto debió entender que el templo volvería al abandono si no se utilizaba para el culto. Por ello estableció una romería anual a mediados de mayo que celebrara dos advocaciones campesinas: San Isidro Labrador y la Divina Pastora (la que él, como sacerdote capuchino, tenía como su devoción mariana predilecta, junto a la de su Patrona, la Virgen de la Estrella).

 

 

La imagen de San Isidro Labrador, de serie (comprada en Sevilla) y de bastantes menores dimensiones que las naturales, fue donada por la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos de Chucena, mediante acuerdo adoptado en sesión del día 11 de abril de 1959. Fue recibida en Chucena el 14 de mayo, esperándosele por el pueblo en el lugar en que el ramal de Chucena llega a la que entonces era carretera nacional de Sevilla a Huelva. El día 15, con San Isidro Labrador, se celebró, con misa de campaña, la primera romería.

La segunda romería, de 1960, ya contó con la imagen de la Pastora. Ésta, de tamaño poco más pequeño que el natural, fue esculpida por Juan Martínez Cerrillo en Córdoba (1959-1960), lugar del Convento del Padre Jacinto.

Mis años de estudio fuera de Chucena me impidieron ser testigo de la bendición y la rededicación de la Iglesia de Alcalá de la Alameda al culto (en los primeros años 60). Sabemos que la ilusión del P. Jacinto era que tuviera como titular a la Divina Pastora. Así se le solicita al Sr. Obispo de Huelva el 27 de septiembre de 1959 e, incluso, se expresa en retablo cerámico de su fachada, denominándolo «Templo de la Divina Pastora». Pero el Obispado de Huelva no podía autorizar una nueva titularidad para esta Iglesia parroquial. En el actual Código de Derecho Canónico (de 25 de enero de 1983) podemos leer en su canon 1218: “Cada iglesia ha de tener su propio título, que no puede cambiarse una vez hecha la dedicación”. En el vigente entonces, según el escrito de contestación, de 12 de diciembre de 1961 (4), debía decir aproximadamente lo mismo en su canon 1168-1. Gracias a la aplicación del Derecho Canónico, se evitó la pérdida del patrimonio histórico que significa la titularidad de la Purísima Concepción de María, siendo la Parroquia de Alcalá de la Alameda (existente ya a principios del siglo XV) (5) pionera de uno de los dogmas con los que la Iglesia define a la Madre de Dios y de honda raigambre en nuestra tradición religiosa.

El Padre Jacinto falleció en su Convento de Córdoba el día 31 de marzo de 1965 y fue enterrado en el Cementerio Municipal de Chucena, pero el día 1 de abril de 1973, con la autorización del Obispado de Huelva, sus restos fueron inhumados definitivamente en el templo que había sido Iglesia parroquial de Alcalá de la Alameda. Ya el día 14 de agosto de 2001, Antonio Morera Vallejo ha situado en la explanada anterior al templo una escultura en bronce del P. Jacinto, de la que es autor Francisco Parra.

La impropia denominación de «ermita de Alcalá» para este templo lo convierte, como dice su nombre, en una ermita que Chucena tiene en una parte de su término municipal: en Alcalá de la Alameda. Por el contrario, la denominación «Iglesia de Alcalá» resalta el hecho de que Alcalá de la Alameda ha sido una comunidad cristiana, una Iglesia parroquial. El «de Alcalá» con «ermita» sólo expresa una localización geográfica en el término de Chucena. Sin embargo, con «Iglesia» expresa su propiedad, expresa que pertenece a Alcalá, aunque Alcalá de la Alameda ya sea poco más que su Iglesia. Hay un término intermedio que también pudiera ser asumible: «Templo de Alcalá de la Alameda». Pero, por favor, no se diga «ermita».

 

 

La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de la Estrella, Patrona de Chucena, se propuso en su primera etapa (2/07/1977 a 8/12/1983) que este templo, en la primera loma de la Diócesis de Huelva conforme se entra en la Provincia desde Sevilla (A-49), fuera un referente religioso para los onubenses. Pero no fue posible conseguirlo.

Esta misma Hermandad, para que no se olvidara la dedicación del templo a la Inmaculada Concepción, al celebrar en 1983 el Centenario del Nacimiento del Padre Jacinto, colocó a ambos lados del presbiterio dos cuadros con sendas fotografías de la Inmaculada Concepción que se halla en la parroquia de la localidad, concretamente en el ático del retablo del Altar del Sagrario, y de la propia Virgen de la Estrella.

El autor de este artículo el 18 de enero de 1981 dirigió solicitud al Ayuntamiento de Chucena para que aprobara iniciar los trámites oportunos para la declaración de Alcalá de la Alameda como conjunto histórico-artístico. Así lo aprobó el Pleno en su sesión inmediata, de sólo 11 días después. Posteriormente, en diciembre de 1982, el mismo solicitante redujo su petición para que sólo se declarara monumento histórico-artístico el Templo. El 16 de junio de 1985 presentó la Memoria para esta misma declaración. Nuestro intento, hasta ahora, no ha logrado su objetivo. Es de tener en cuenta que, aunque es una obra de autor, de Ambrosio y de Antonio de Figueroa, no es, sin embargo, de las más relevantes del primero, hijo y discípulo, con su hermano Matías, de Leonardo de Figueroa, “el gran arquitecto de Sevilla, a caballo entre los siglos XVII y XVIII”, como nos dice Jesús Rivas Carmona.

La Inmaculada Concepción tiene, por fin, una imagen, aunque en el exterior de la Iglesia, en la hornacina del ático de la portada lateral que, en 2005, Anselmo Monge Franco, albañil de Chucena, quien trabajó en la reparación de la portada principal, elaboró para este Templo, lo que lo vincula con su titularidad. La perfección de esta portada, por la que felicito efusivamente a su autor, llega a confundir sobre su autoría y la de la principal.

Es muy importante tener en cuenta cómo debiera ser el enlucido del templo. Juan Antonio Arenillas nos dice: “La combinación del blanco empleado en los elementos de articulación y el ocre del enmarque del ladrillo fino y aplantillado de los elementos decorativos, dan al templo un cromatismo propiamente barroco, si bien actualmente distorsionado al haberse eliminado el enlucido del paramento, apareciendo el ladrillo basto de la fábrica”. Ruego que para cualquier tipo de obra, como pudiera ser la que procurara recrear el enlucido original, se consulte previamente a especialistas/expertos en la materia.


BIBLIOGRAFÍA

(1) P. JACINTO DE CHUCENA. Apuntes históricos de la villa de Chucena, Córdoba, Tipografía Artística, 1958.

(2) ARENILLAS, Juan Antonio. Ambrosio de Figueroa, tomo 62 de Arte Hispalense, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1993.

(3) RIVAS CARMONA, Jesús. Leonardo de Figueroa: una nueva visión de un viejo maestro, tomo 63 de Arte Hispalense, Sevilla, Diputación de Sevilla, 1994.

(4) Archivo Diocesano de Huelva. Agradezco la colaboración del Secretario-Canciller, Don Manuel Jesús Carrasco Terriza.

(5) LAREDO QUESADA, M. A. y GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M. Diezmo eclesiástico y producción de cereales en el Reino de Sevilla (1408-1503). Universidad de Sevilla, Departamento de Historia Medieval, 1978.

 

Primera Entrega en este

 

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