JOSEP RAUSELL SANCHIS
Juan Bautista Tormos Capilla (25/05/2026)
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Josep Rausell Sanchis tomando proporciones a su boceto de Ausiàs March (1951). Escayola, 120 cm. Diputació de València. |
El próximo 27 de mayo de 2026 hará un año que nos dejó el admirado, añorado y recordado escultor Josep Rausell Sanchis (Meliana, València, 1929 - València, 2025). A sus noventa y seis años cumplidos el pasado 3 de mayo de 2025, Rausell todavía mantenía una vitalidad y lucidez mental extraordinarias. Conversar con él no solo era un verdadero placer, sino también asistir a una clase magistral en cuanto a cómo transmitía su experiencia artística y oficio de largo recorrido al servicio de la plástica figurativa. No en vano, aún hacía gala de sus destrezas y habilidades en la oratoria tras más de treinta años dedicados a la práctica docente relacionada con las bellas artes. Josep Rausell atesoraba con orgullo el acervo artístico heredado de su padre, el reconocido imaginero Josep Maria Rausell Montañana, quien había sido discípulo del reputado taller de José María Ponsoda Bravo, un obrador en el que llegaron a darse cita, temperamentos como los de Carmelo Vicent Suria, Juli Benlloch Casares y Francesc Lloréns Ferrer, entre otros laureados escultores de los albores del siglo XX. De hecho, el joven Rausell se impregnó del quehacer diario del taller y estudio de escultura del binomio formado por Rausell y Lloréns, domiciliado en la plaza del Pintor Pinazo, número 7, de la ciudad de València. Un acreditado obrador en el que se llevaron a cabo un buen número de encargos de imágenes, andas, altares, tronos y de arte religioso de toda clase, tal como se indicaba en la carta de presentación de esta razón social constituida el 15 de abril de 1930. Contextualizada por estos antecedentes, la escultura de Rausell Sanchis siempre gravitó entorno al arte religioso, gracias a las influencias paternas y su predilección por la sobriedad del gran maestro del barroco escultórico andaluz, Juan Martínez Montañés, a quien le dedicó un trabajo de investigación. Sin embargo, y como bien apuntó el doctor Antonio Bonet Salamanca, en el corpus imaginero-procesional de Rausell se atisba un renovado estilo dentro del ámbito escultórico de temática religiosa. Tanto fue así que Rausell llegó a incorporar nuevas concepciones y líneas escultóricas más acordes con las ideas renovadas que, sobre la imaginería religiosa, el autor fue introduciendo poco a poco a partir del posconcilio. Un buen ejemplo de esto se observa en las tallas labradas en la década de 1980 -dejadas con una ligera pátina de color que permite apreciar el labrado de la gubia- para las pedanías de Roca-Cúiper: Nuestra Señora de la Misericordia, Inmaculada Concepción y San Antonio Abad. En esta misma mesura, pero en una vertiente profana más innovadora y moderna, Josep también se acercó e inspiró en la obra de otro admirado escultor, paisano suyo, por el que siempre sintió gran devoción gracias a su espíritu emprendedor, el malogrado Juli Benlloch Casares. |
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Josep Rausell Sanchis junto a su escultura del Duc de Gandia (1956). Escayola patinada, 135 cm. Homenaje en Gandia. 2021. |
Josep Rausell Sanchis se formó inicialmente en la Escuela de Artes y Oficios de València, para a continuación pasar por las aulas de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos que, en aquellos años, estaban ubicadas en el vetusto convento del Carmen de la ciudad del Turia. Una vez terminados los estudios superiores y habiendo conseguido el por entonces preciado título de profesor de Dibujo, en 1951, Rausell se presentó a la Pensión de Escultura de la Diputación Provincial de València. Tras ganar y ser pensionado en esta oposición, Josep amplió estudios en Madrid, Toledo, Segovia y Valladolid. Como consecuencia de prorrogar la pensión un año más, aumentó conocimientos en la Casa Velázquez, donde estuvo pensionado en calidad de "huésped de honor", para después asimilar técnicas y procedimientos en los talleres-estudio de otro eminente escultor, el tristemente desafortunado Luis Marco Pérez. Con posterioridad, en 1954, se trasladó a París, residiendo en el Colegio Español de la Ciudad Universitaria, para un año más tarde visitar algunas ciudades italianas como Milán, Venecia, Florencia y Génova hasta acabar en Roma, todo ello para ampliar sus conocimientos artísticos tras ganar una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores. Este sería un período muy fecundo y prolífico para el joven escultor, en el que pudo ejecutar numerosas obras que custodia la citada institución provincial, estando algunas de estas también reproducidas en localidades valencianas como Beniarjó, Bétera, Gandia, Llombai, Massamagrell o Meliana. |
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Josep Rausell Sanchis. Enamorats (c. 1956). |
Tal como ha escrito recientemente el profesor de la Universidad de València, Albert Ferrer Orts, buen amigo de nuestro protagonista, Rausell ha sido un escultor fundamental desde mediados del siglo pasado y autor de obras excelsas como las dedicadas a Ausiàs March, Sant Francesc de Borja como Duc de Gandia, la figura del guitarrista Salvador Garcia "panxa verda" o las tallas del Crist de la Bona Mort y de la Mare de Déu de l'Esperança. Todas estas obras se encuentran emplazadas en la capital de la comarca valenciana de la Safor, entre muchas otras más en las que Josep se muestra fiel a un determinado canon de belleza y al tratamiento analítico de la línea y la curva, de la masa y del vacío. En palabras del crítico Lorenzo Berenguer Palau, Josep Rausell Sanchis se definió como un escultor figurativo, idealista y apasionado por la forma, con un matiz romántico y lírico. Igualmente, fue un autor muy personal que daba prioridad a lo orgánico sobre lo inerte, y que otorgaba a su obra el beneplácito de la máxima jerarquía, haciéndola localizable geográfica y etnográficamente. Sin omitir la piedad y unción que supo plasmar en sus tallas policromadas de temática religiosa. Una modernidad, si se nos permite la licencia, que ensalzaba con el sentido profano de la escultura, la cual denota ciertos aires nuevos en los que este artista se inspiró para poetizar la materia, el volumen y el espacio. No en vano, a Rausell Sanchis se le puede relacionar con el expresionismo moderno, sin preocupaciones académicas, pero siempre regido por las normas que dicta la estética. La representación de formas, la libertad de movimiento, la flexibilidad y los pequeños instantes de su personalidad dan culto al mundo sensible y a la proporción tomada de la naturaleza; su trabajo evolutivo en la búsqueda de un más allá, la conversión de lo clásico en neoclásico, idealizado siempre y, como él mismo dijo, de forma apasionada, convirtieron a este catedrático de las artes en un escultor completo, más aún sobresaliente. |
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Josep Rausell Sanchis. Crist de la Bona Mort (1957). |
Asimismo, para el académico Francisco Agramunt Lacruz, Josep Rausell Sanchis ha llevado a cabo su labor escultórica entre la supervivencia de un realismo naturalista del siglo XIX, las directrices de un clasicismo mediterraneísta y las tendencias modernistas de las artes aplicadas. La armonía y la elegancia son las características y las credenciales de su depurado estilo, en las que se advierte en ocasiones un regusto decorativo. Por otra parte, nuestro homenajeado trabajó indistintamente con materiales primigenios de diversa textura, desde el alabastro a la piedra o el mármol, pasando por la arcilla, terracota, cerámica, madera... perpetuando algunas de sus obras al vaciarlas en escayola, bronce e incluso poliéster. De hecho, Ferrer Orts nos comenta que, en dos de sus esculturas más señeras, las de los caballeros Ausiàs March y Joanot Martorell, es donde su autor expande su particular vademécum de investigador incansable de las formas y de la materia. Sin negligir la gran técnica y oficio que atesora su avezada gubia en la imaginería, o su minucioso modelado que consigue esa bella sutileza en la cerámica artística. Una disciplina que lo llevó a modelar para la firma Lladró, en los inicios de tan prestigiosa fábrica de figuras y conjuntos de porcelana. Una sensibilidad que aflora a través del ojo crítico y, al mismo tiempo, sintético del escultor de Meliana. Un punto de vista que, sin lugar a dudas, se presenta innovador, pero que precisa del diálogo entre la obra y el espectador perspicaz que busca el espíritu libre del concepto tridimensional que emana de Rausell. |
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Josep Rausell Sanchis. Ausiàs March (1959). |
Con todo y eso, Josep no se dedicó en exclusividad al difícil y comprometido oficio de la escultura, sino que fue también profesor ayudante de la asignatura de Dibujo del Natural en la facultad hasta que, en 1956, y tras superar un concurso-oposición en Madrid, obtuviera una plaza de funcionario docente, la cual le llevó a impartir clases en el antiguo Instituto de Bachiller Ausiàs March de Gandia, centro en el que desarrolló un excelente magisterio como catedrático de Dibujo, el cual se prolongó a lo largo de casi tres décadas. Después formaría parte de la plantilla docente del IB de Mislata, para terminar su trayectoria de profesor en el INB Baleares de la ciudad de València, su último destino definitivo antes de jubilarse en el año 1992. El buen saber hacer y compromiso personal de Rausell para con sus discentes le ha otorgado una gran admiración y reconocimiento por parte de varias promociones de destacados alumnos, siendo algunos de ellos dignos acreedores de su rico patrimonio humanista. Un legado que se materializó en el gran homenaje organizado por los Amics de Rausell el 25 de abril de 2008 en la Casa de Cultura "Marqués de González de Quirós" de Gandia, y del cual se editó un CD-ROM. Igualmente, mención especial merece la extraordinaria colaboración que prestaron reputadas personalidades de bellas artes, filosofía, historia, etcétera, en la redacción del libro-catálogo Josep Rausell, una vida plena d'art, publicado por l'Ajuntament de Meliana y l'Institut Municipal de Cultura de Meliana (IMC), dando inicio con ello a la emotiva exposición celebrada en la Sala d'Exposicions de l'IMC entre el 17 de diciembre de 2010 y el 16 de enero de 2011, la cual tuvo como comisarios a dos de sus paisanos y de sus mejores amigos, los doctores Albert Ferrer Orts y Enric Ruiz Roig. Desde su jubilación de la actividad docente, Josep Rausell Sanchis se volcó de nuevo con ímpetu en su gran pasión: la escultura. Y lo hizo en cuerpo y alma en su taller de la calle Sant Vicent Ferrer de Meliana, como también en su estudio de la calle Corona de la ciudad de València. Precisamente, de esta etapa creativa nació la obra conocida como Sirenita. Un trofeo encargado en 1994 por la organización del por entonces renacido Festival de la Canción de Benidorm. Una bella e inspirada figura que, desgraciadamente, y tras desaparecer el dicho certamen, quedó totalmente en el olvido. |
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Josep Rausell Sanchis. Sirenita (1994). |
En la faceta más personal, y a lo largo de su vida longeva y prolífica, Josep Rausell recibió numerosos y multitudinarios tributos públicos, sobre todo los llevados a cabo en su pueblo natal y en la ciudad de Gandia. En el año 2010, Rausell fue nombrado hijo predilecto de Meliana, además de ser cotitular junto a su padre del Centro Cultural del municipio. Asimismo, la Germandat del Crist de la Bona Mort de Gandia lo nombró Germà Major Honorari en 2019. En este sentido, cabe destacar el acto que de manera entusiasta presidió la actual ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, cuando aún ostentaba el cargo de alcaldesa de la capital de la Safor en el año 2021. De hecho, nos atreveríamos a decir que muy pocos o incluso ningún profesor a lo largo de su vida ha sido tan admirado como él. Y, además, durante tantos años de manera consecutiva. También en Gandia se le concedió la medalla y el escudo de oro de la ciudad en 2023. Los últimos reconocimientos públicos fueron organizados por el Ayuntamiento y l'Associació d'Amics de la Música de Meliana, en septiembre de 2023 y abril de 2024, respectivamente. El pasado 27 de mayo de 2025 nos dejó a los noventa y seis años el poliédrico artista plástico y docente Josep Rausell Sanchis. Que sirvan estas líneas como afectuoso y sincero homenaje a un gran escultor, pero, principalmente, a una persona buena y extraordinaria. Al recuerdo de un hombre tremendamente bondadoso y generoso. A un gran comunicador que, sobre todo, sabía escuchar con atención y siempre haciendo uso de la palabra exacta en el momento más oportuno, sin la necesidad de aspaviento, discusión o vehemencia. Ojalá que este sentido artículo, con motivo de tan señalada efeméride, mantenga viva la memoria de un amigo con mayúsculas e inolvidable que, con una gran dosis de humildad, de saber estar y sin ruido, hizo suya la cita conocida de Heródoto: "De todas las posesiones, la amistad es la más valiosa". |
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Josep Rausell Sanchis. Joanot Martorell (2010). |
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