ANTONIO MOHEDANO
15/06/2026
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La Transfiguración |
Activo entre Córdoba y Sevilla, Antonio Mohedano representa un eslabón esencial en la configuración del lenguaje pictórico del sur peninsular durante el tránsito del manierismo tardío al naturalismo barroco. Su trayectoria vital se desarrolló en un momento capital para el avance de muchas características de la pintura española del primer Barroco, en ese tránsito y, a veces, extravagante mezcolanza entre las fórmulas del último manierismo, vinculado en este caso con la frialdad expresiva y la monumentalidad física de la escuela romana, y los inicios del primer naturalismo, ya latente por otro lado en diversas tendencias tardomanieristas italianas. Sobre Mohedano conocemos escasos y confusos datos biográficos. Existen dudas sobre la fecha y el lugar de su nacimiento, que debió ser hacia 1563 entre Lucena y Antequera. Poco se sabe, igualmente, de su niñez y juventud, tan sólo el investigador de temas lucentinos Rafael González Zubieta, con su "Vida y obra del artista andaluz Antonio Mohedano de la Gutierra", aborda de una forma profunda las raíces y producción de este importante personaje, quien contrajo matrimonio con María Cabello, no teniendo descendencia. Falleció en 1626, siendo enterrado en la parroquia antequerana de San Pedro. Su trabajo como pintor y dorador aparece documentado en la parroquia lucentina de San Mateo. Residió largo tiempo en Antequera, donde su padre era jurado, lo que ha llevado a otros a pensar que fuese este su lugar de origen. Sobre la fecha de asentamiento en Antequera de Mohedano existen diversas opiniones, hoy podemos adelantar que al menos en 1589, el pintor vivía ya en nuestra ciudad. En esta fecha arrienda por un año y precio de nueve ducados una casa en la villa de Lucena a don Juan de Aguilar Sotomayor en la calle del Alcalde, linde con casas del arrendador. |
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San Juan Evangelista |
Según Palomino, se formó con Pablo de Céspedes, abarcando técnicas diversas, especializándose en la pintura al fresco junto a Acchile y Cesare Arbasia, maestros con los que trabajó para la catedral de Córdoba. Finalizada su formación, Mohedano desarrolló un quehacer polifacético, dedicándose al dorado y estofado de retablos e imágenes, a la pintura decorativa al fresco o sobre lienzo y tabla, a la realización de pinturas al óleo sobre soportes móviles e, incluso, al diseño de estructuras arquitectónicas litúrgicas y decorativas en Antequera. Su escasa obra conocida muestra un moderado clasicismo de tono escurialense. Angulo sugirió la posibilidad de que hubiese viajado a Italia, extremo no documentado, por el que se explicaría su semejanza con ciertos aspectos de la obra de Guido Reni. No debemos olvidar igualmente la presencia en Córdoba a fines de siglo XVI de pintores italianos como Julio Aquiles, Cesare Arbasia, Francesco y Estefano Peroli -con los que trabajó en el sagrario de la Catedral de Córdoba-, quienes pudieron influir en la labor de Mohedano como fresquista o muralista. Muy celebrado en su tiempo como pintor de frescos, sus obras de este género, como la decoración del citado Sagrario de la Catedral de Córdoba y la del claustro del convento sevillano de San Francisco, en colaboración con Alonso Vázquez, se han perdido. Queda por aclarar la atribución que Ceán Bermúdez le hizo de las pinturas del techo del salón de honor del palacio arzobispal de Sevilla (1604), que representan escenas apocalípticas y, aunque al óleo, poseen sentido de mural. También fue notoria su fama como autor de naturalezas muertas, principalmente frutas, aspecto de su trabajo desconocido actualmente y que lo relaciona con Blas de Prado y Sánchez Cotán. Esta faceta de su oficio, al decir de Angulo, pudiera hacer de Mohedano un precursor de Zurbarán. |
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Cuadro votivo |
La más importante de sus obras conservadas se encuentra en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla, formando parte del retablo mayor, junto con otras pinturas de Juan de Roelas y Francisco Varela; fechada en 1606, permite hacerse una justa idea de la fama que Mohedano alcanzó en su tiempo, al mostrar su dominio del dibujo, su exquisito sentido del volumen y la riqueza de su paleta, cuyos azules tanto celebró Francisco Pacheco. Antequera conserva el mayor conjunto de sus obras: en el MVCA se encuentran una versión de la "Virgen de la Antigua", el llamado "Cuadro votivo", que representa a la Virgen sedente con el Niño Jesús ante quienes se presentan un niño noble -sin duda, retrato de algún personaje antequerano de la época- y su Ángel de la Guarda, dos lienzos que representan la "Asunción de la Virgen", y los de la "Virgen del Silencio", la "Virgen de la Palma" y "Santa Lucía"; en el Museo Conventual de las Descalzas se encuentra la "Virgen del Silencio", cabiendo igualmente destacar la "Asunción" y la "Transfiguración" de la Colegiata de San Sebastián, la serie no muy bien conservada de la iglesia de San Pedro y, sobre todo, la monumental "Anunciación" de las enjutas del arco toral de la capilla mayor de la Iglesia del Carmen. Igualmente, en esta ciudad se puede contemplar el "tabernáculo eucarístico" que diseñó para su Colegiata. También pintó un Apostolado en la cúpula de la desaparecida iglesia de Santa Ana de Lucena, del que se conservan cinco frescos: "San Pablo" en el Ayuntamiento de dicha localidad, "San Andrés" en la Iglesia de San Pedro Mártir, "Santo Tomás" y "San Pedro" en propiedad particular y "San Juan Evangelista" en el Museo del Prado de Madrid. |
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La Anunciación |
El Museo de la Ciudad de Antequera (MVCA) prorroga hasta el próximo 31 de agosto la exposición temporal Antonio Mohedano. El pincel que abrió un tiempo. 400 años de luz y devoción. 1926-2026, con la que se pretende recuperar la figura del pintor. Su obra, dispersa y en muchos casos poco estudiada, requiere una revisión integral que solo puede lograrse mediante un proyecto expositivo como el del MVCA de Antequera, de carácter institucional, interdisciplinar y colaborativo. |
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Virgen de la Palma |
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