CARMEN LAFFÓN
Última actualización: 23/06/2026

Carmen Laffón (Sevilla, 1934 - Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 2021) tuvo una vida diferente desde su niñez. Sus padres, que se habían conocido en la Residencia de Estudiantes de Madrid, deciden no llevarla al colegio y educarla en su casa. Sus inicios en la pintura tienen lugar a los 12 años de la mano del pintor Manuel González Santos, amigo de la familia y antiguo profesor de dibujo de su padre, por cuya indicación ingresa en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, a los 15 años de edad. Tras cursar estudios en esta institución durante tres años se traslada a Madrid, en cuya Escuela de Bellas Artes finaliza su carrera. En ese mismo año, 1954, hace su viaje de fin de estudios a París, donde queda especialmente impresionada por la obra de Marc Chagall. Al año siguiente realiza una estancia de estudios en Roma con una beca del Ministerio de Educación. A su regreso a Sevilla, en el año 1956, continúa pintando en la casa de verano familiar en La Jara, frente al Coto de Doñana, que acabará siendo el lugar central de su actividad artística. Allí tuvo su estudio hasta el final de sus días, y el Coto de Doñana y su paisaje se convirtieron en principal protagonista de su pintura. En 1967 se acerca al mundo de la enseñanza, y junto a Teresa Duclós y Pepe Soto crean la Escuela "El Taller". En 1975 se incorpora a la Cátedra de Dibujo al Natural de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, en 1998 es nombrada académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y el 16 de enero del año 2000 pronunció el discurso de ingreso titulado "Visión de un paisaje" que versó sobre su relación con la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda y el Coto de Doñana. Carmen Laffón fue Hija Predilecta de Andalucía. Estuvo en posesión del Premio Nacional de Artes Plásticas y de la Medalla de Oro al Mérito a las Bellas Artes, entre otras distinciones. |

Las primeras series de Laffón, en la década de 1960, están dedicadas a la muñeca Marcelina y al tema de la cuna: las de las muñecas poseen una atmósfera onírica que recuerda al realismo mágico; mientras que las de las cunas, de mayor formato, reflejan la fragilidad y vulnerabilidad del recién nacido. En los inicios de su carrera, dedica una gran cantidad de obras a los objetos cotidianos del hogar con las que explora la belleza de las cosas sencillas: canastas, pequeños muebles, máquinas de coser... Continuado en el tiempo, este conjunto sirve para apreciar cómo va cambiando su punto de vista sobre el objeto, pasando de ser un elemento más de la composición, como en "La costura" o "El costurero" (1963), a convertirse en protagonista de la obra, ocupando todo el espacio, como en "Canasta con ropa blanca" (1992-1996). El género de las naturalezas muertas le permitió experimentar con formatos y técnicas a través de objetos modestos de uso diario. Sus bodegones suelen ser horizontales y están divididos en dos planos: en la parte superior, la superficie de la mesa, y en la inferior, la caída del mantel. Los objetos sobre la mesa se encuentran habitualmente en el centro más detallados, mientras que el entorno lo pinta difuminado. A partir de la década de 1990, Laffón comienza a introducir el paisaje como fondo, como en "Mesa con flores en el jardín" (1991-1992), y más adelante incorpora también composiciones verticales. En ocasiones, borra las fronteras entre medios y disciplinas artísticas, como en "Repisa improvisada" (2002-2003), a medio camino entre una pintura y una escultura. En las décadas de 1960 y 1970, Laffón comienza a pintar paisajes urbanos de azoteas ("La terraza. Madrid", 1973-1975) y lo que se ve desde ellas ("Sevilla desde el río", 1982-1984/1992). Con el paso de los años, la azotea va perdiendo protagonismo en favor del perfil de la ciudad y del cielo, que ocupa casi la mitad superior del lienzo, anticipando sus conocidas vistas del Coto de Doñana. |

El Coto de Doñana es el entorno con el que la artista desarrolla un mayor vínculo personal. Hacia 1978, inicia sus pinturas del Coto desde Sanlúcar de Barrameda, y a partir de este motivo surge una serie de vistas horizontales en tonos pastel, en las que marca una clara línea divisoria entre el cielo y el mar. De 2011 a 2014, retoma esta serie de forma más abstracta. A través de sus numerosas versiones, plasma los cambios de la luz a lo largo del día, de las estaciones y los fenómenos atmosféricos de la desembocadura del Guadalquivir. El tema del armario cobra una gran importancia dentro de la obra de Laffón por ser uno de los proyectos más extendidos en el tiempo, desde 1973 hasta 2018, y por tratarse de una serie dentro de una serie. Son versiones de una pequeña alacena de madera, que luego pinta en blanco, en negro o en color, y que, desde 1995, realiza en bronce. El armario puede estar cerrado, semicerrado o abierto, y sobre él se muestran recipientes. Partiendo de una composición realista, incorpora poco a poco el lenguaje contemporáneo al colocarlo en un fondo neutro y con contornos cada vez más difusos, donde el mueble carece de sombra y parece flotar en el espacio. La artista no solo pinta exteriores al uso, sino que también se fija en paisajes humildes y de extraña belleza. Ejecutada entre 2011 y 2015, la serie sobre grandes tablas al óleo, témpera y carboncillo se centra en los utensilios y herramientas de los encaladores que trabajan en un cortijo andaluz, como bidones, carretillas, cubos y mesas. Carmen Laffón elige presentar el espacio sin figuras humanas, con los objetos a tamaño real y desde diferentes ángulos, lo que confiere a estas obras un nuevo valor, una relevancia y una belleza que las eleva a la categoría de arte, como puede verse en "La cal. Bidón y mesa" azul (2013) y en la escultura "Bidón y carretilla con cubo de cal" (2012-2013). Realizada entre 2006 y 2007, la serie de la viña se expuso por primera vez en el monasterio de Santo Domingo de Silos y está inspirada en la pequeña viña que rodea su estudio de Sanlúcar y que Laffón cuidaba a diario. La última de sus series, elaborada entre 2017 y 2020, es la que dedica a las blancas salinas de Bonanza, próximas a su casa y taller de Sanlúcar. Tal vez sea su proyecto más ambicioso, tanto por el número de piezas y su gran formato como por el carácter abstracto de las composiciones, hacia el que se encamina la artista según avanza en su producción. |

Uno de los caracteres de su obra es el uso de diferentes técnicas para llevar a cabo sus creaciones: óleos sobre lienzo, dibujos de carbón sobre papel, pastel y óleo sobre papel y esculturas en hierro pintado, hierro, escayola, madera y aluminio, bronce pintado y témpera y carbón sobre madera. Carmen Laffón alcanzó, en su última etapa creativa, una libertad formal que radicaliza su concepción del paisaje entendido como contemplación. Como ha ocurrido con otros grandes artistas, es entonces cuando la exploración y la investigación artística se liberan de una parte de las ataduras del pasado e inician una nueva travesía que sorprende y deslumbra precisamente por esa libertad y radicalidad respecto a lo ya hecho. Las grandes series de Laffón iniciadas en el siglo XXI han de ser entendidas como un viaje que es una especie de trasunto de su trayectoria vital y artística, la cual transitó desde la orilla del Monasterio de la Cartuja de Sevilla hasta las bajamares del Guadalquivir en su desembocadura en Sanlúcar. Un recorrido que fue para la artista, literalmente, un ir y venir por el río, un continuo bajar y remontar, hasta ensanchar su estilo justo en el tramo final del recorrido. El viaje exige un lugar de retiro y Carmen Laffón lo encontró junto al río Guadalquivir, en la viña que rodea el que fue su estudio de La Jara. Cómplice de la tierra, la viña ofrece a la vez acogida y fecundidad, bajo cielos que apuntan al incesante ir y venir de la naturaleza. La viña es así paisaje y lugar, como también lo son los dibujos del Generalife que oponen al esplendor de la vid la reservada sensualidad del jardín árabe. |

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid) presenta del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026 una gran exposición de la pintora y escultora sevillana Carmen Laffón, segunda mujer en ingresar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid como académica de número. La muestra gira en torno al personalísimo mundo figurativo de la artista, y presenta las ideas o motivos centrales de sus composiciones, que se repiten como variaciones y series a lo largo de sus más de 60 años de carrera. Bajo el título Carmen Laffón. Variaciones, la exposición incluye 77 obras, entre óleos, carboncillos y esculturas. Estas se organizan en nueve secciones dedicadas a sus iconografías más frecuentes -la muñeca Marcelina, la cuna, los cestos, los armarios, el Coto de Doñana, las viñas, la cal y las salinas- y ofrecen un diálogo entre piezas tempranas y más tardías. Esta muestra monográfica, la primera gran exposición que se le dedica a la artista desde su fallecimiento, a finales de 2021, se centra en la naturaleza muerta y en el paisaje, los dos géneros fundamentales de su extensa obra, realizada entre 1956 y 2021. Sus interiores están ocupados por objetos cotidianos como cestos, máquinas de coser y armarios, mientras que los exteriores están relacionados con su vida en Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y recogen azoteas, vistas urbanas y paisajes. Sobre estos motivos, Carmen Laffón pinta a menudo variaciones con carboncillo, temple u óleo y, a partir de mediados de 1990, también esculpe. En esta época tardía, la artista se siente más libre e incorpora series de temas más novedosos como el Coto, la viña, la cal o las salinas, que plasma en grandes formatos. |

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