ARTE INCA (X)
MISCELÁNEA

Con información de Francisco Morales Padrón


 

 

En tiempos del Imperio existía una tradición oficial, que los cronistas nos han legado, acerca del origen de los incas. De acuerdo con ella, cuatro hermanos, Ayar Manco, Ayar Auca, Ayar Cachi y Ayar Uchu, junto con cuatro hermanas de nombre Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Cura y Mama Raua, vivían en un lugar llamado Pacaritambo, al sur del Cuzco. De estas cavernas habrían salido los Ayar, hacia el Cuzco. Esta migración duró muchos años, en el curso de los cuales sucedieron distintas cosas: los hermanos Ayar fueron desapareciendo hasta quedar Ayar Manco como jefe indiscutible, quien desposó a Mama Ocllo. Al llegar a Cuzco, exactamente al lugar donde luego se edificó la ya estudiada fortaleza de Saqsayhuamán, el bastón de oro de Ayar Manco, llamado a la sazón Manco Capac, se clavó en el suelo, signo de la aquiescencia divina.

Este mito de origen ha sido diversamente analizado. Al parecer, los hermanos Ayar representarían a los fundadores de ayllus en el valle del Cuzco. La casi totalidad de los cronistas aporta, por otra parte, el dato de que los Ayar procedían de un lugar más lejano, de alguna parte del área colla, en la cuenca del Titicaca, y que eran, por lo tanto, de lengua aymará. Entre los autores modernos existe una general inclinación a atribuir un origen colla a los incas, que habrían realizado una migración a la zona del Cuzco y dado origen así a las dinastías imperiales incas. Todo esto habría sucedido en la primera mitad del siglo XIII, tiempos en que el valle se hallaba ocupado por ayllus carentes de organización estatal. Esta población preinca era, sin duda, de lengua quechua. Y es probable que la antigua división de la ciudad en Hanán Cuzco y Hurín Cuzco correspondiera a esta diferencia étnica y lingüística entre los antiguos pobladores y los recién llegados.

La historia de los reinados iniciales también pertenece en parte al mito. La tradición oficializada admitía una sucesión de ocho monarcas hasta llegar al reinado de Pachacútec, con quien en realidad comienzan los tiempos históricos (1440-1532). El octavo soberano fue Viracocha Inca, y es, al parecer, el primero que tuvo aspiraciones imperialistas. Anteriormente a su gestión, las poblaciones eran sometidas a saqueo y no se organizaba la conquista como dominio permanente. Pachacútec, hijo de Viracocha Inca, recibe y consolida una nueva idea de la organización del Estado. Los sucesivos monarcas, hasta Atahualpa, el último de ellos, llevaron las fronteras hasta su extensión máxima, desde el río Ancasmayo, en Colombia, hasta el río Maule, en Chile.

Muy aficionados a la música fueron siempre los incas. Se trataba de música pentatónica, donde los cascabeles, la antara o flauta, la quena (en la fotografía), los tambores y los fotutos o caracolas marinas jugaron un gran papel. La literatura, sin embargo, fue pobre al carecer el Imperio inca de escritura, pero existió una tradición oral, entre cuyas manifestaciones descuella el yaraví o poema de amor. En lugar de la escritura usaron los quipus, sistema mnemónico por medio de cordones de colores y nudos. Se usaban para cuentas y estadísticas o para conservar el recuerdo de acontecimientos, fechas, genealogías... Los quipucamayoc integraban el cuerpo especializado en conservar estos cordones y en leerlos. También usaron el calendario y tuvieron medidas de peso y longitud. Respecto a la medicina, se manifestó en curaciones con hierbas y en el empleo de trepanaciones.

 

FUENTES: MORALES PADRÓN, "Historia General de América", tomo V de Manual
de Historia Universal, Madrid, 1962, p. 109. A.A.V.V. "El Arte y la Cultura
Peruanos: Los Incas", en Las Primeras Culturas Precolombinas, Barcelona, 1998, p. 152.

 

Fotografía de Marcelo Rodríguez

 

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