LA PASIÓN DE GREGORIO FERNÁNDEZ
SALVADOR Y MARTIRIO DE SAN ANDRÉS (SEGOVIA)

09/04/2026


 

 
 

 

En el ático del retablo mayor de la parroquia segoviana de San Andrés encontramos un grupo de imágenes de bulto redondo que salen de la caracterización narrativa, siendo más propiamente alegóricas. Se trata de la magnífica talla de El Salvador, obra de Gregorio Fernández, y de las de la Fe y la Esperanza, San Juan y Santiago, salidas de las gubias de Felipe de Aragón. Este ático tiene un carácter de alegoría celeste, con una representación del triunfo de Cristo, de las virtudes y de la Iglesia triunfante. Por ello, encontramos en el centro a la imagen de El Salvador bendiciendo, con el orbe en sus manos y flanqueado por las virtudes de la Fe (que porta una cruz en sus manos) y de la Esperanza (que hace lo propio con un ancla). Sobre estas tres imágenes está la pintura del Espíritu Santo, que, unida a ellas remarca el carácter de alegoría triunfante del conjunto. En los extremos encontramos las imágenes de Santiago y San Juan.

Con El Salvador desarrolla Fernández el tema y prototipo que tantas veces llevó a las puertas de los sagrarios custodias (Villaveta, Villaverde de Medina, Tudela de Duero o MNE de Valladolid), obras todas próximas en su cronología, entre 1610 y 1614. La actitud erguida de Cristo, diestra en potestad y con leve inclinación de la cabeza, es común a todas ellas. Como en los relieves del MNE y de Villaverde de Medina, soporta sobre la mano izquierda la bola del universo. La disposición de los cabellos y rasgos faciales es más afín al modelo de Villaveta. El plegado está aún lejos de las soluciones aristadas a que apuntará a partir del retablo de Navas del Rey. Y la mano izquierda compone el gesto característico del escultor vallisoletano. Figura, en suma, estilizada, elegante y fusiforme, digna pieza de su producción primera.

Suyo es también el relieve, con partes en bulto redondo, del Martirio de San Andrés, titular del templo parroquial, que preside el retablo. Tanto este relieve como El Salvador son piezas bien identificadas en las cuentas y detalles entre 1615 y 1616, al estar entregadas a mediados de este año.

El relieve resuelve con acierto la angostura espacial, dejando fuera del encasamento la cruz en que va a ser colgado el apóstol. El jinete abanderado que cierra la composición se inspira en el San Martín ecuestre que en 1606 contrató para la iglesia vallisoletana del santo de Tours; si bien, en este caso, caballero y caballo están estudiados en el relieve segoviano con superior cuidado al de la talla vallisoletana. El venerable rostro de San Andrés no difiere mucho del correspondiente al San Pablo de San Miguel de Valladolid. Respecto a los sayones, están en la línea de los realizados por el propio escultor en distintos pasos, sin que exista plena identidad con ninguno de ellos: el erguido posee la rudeza de rasgos y ademanes que el artista solía conferir a este tipo de personajes, y el agazapado tras el santo tiene que ver con el sayón de la coraza de escamas que sujeta a Cristo con la soga en el paso del Azotamiento de la cofradía vallisoletana de la Pasión, si bien adolece de una inexpresividad que inclina a considerar que fuera esta una de las partes que reparó por cien reales Felipe de Aragón. La mano derecha de San Andrés pudo, de igual modo, entrar en esta restauración, pues, frente a lo que se tiene por norma en el trabajo de Fernández, es pieza tallada separadamente del bloque del relieve, y su calidad no resiste comparación con las manos de El Salvador.

 

 
 

 

Anterior entrega en este

 

FUENTES

COLLAR DE CÁCERES, Fernando. "Los retablos mayor y colateral de la iglesia de San Andrés, en Segovia", en Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología (BSAA), tomo 45, Universidad de Valladolid, 1979, pp. 379-380.

 

 
 

 

Volver          Principal

www.lahornacina.com