EL ANTIGUO EGIPTO - EL TOCADOR DE SIT-HATHOR-YUNET
Sergio Cabaco y Jesús Abades
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Hombres y mujeres del Antiguo Egipto se esmeraban en embellecer su aspecto físico. Se rociaban con perfumes la ropa, se colocaban conos de cera aromática sobre pesadas pelucas elaboradas con cabellos humanos, se aplicaban aceites en la piel, y se maquillaban los ojos con kohl, que además protegía de las infecciones.
Muchos objetos labrados para el arreglo personal de las clases más favorecidas son auténticas obras de arte, como este lujoso tocador hallado en la tumba de la princesa Sit-Hathor-Yunet, hija del faraón Senwosret II (1886/1878 A.C.). Los tarritos de maquillaje parecen hechos de anhidrita, una piedra azul muy escasa, y como podemos observar los egipcios no tenían espejos de cristal, sino discos de bronce o cobre pulidos, sujeto en este caso por un mango en forma de flor de loto, cuyas relucientes superficies les recordaban al sol que adoraban.
En el pozo-tumba de la princesa, situado al sur de la pirámide de el-Lahun, se encontraron también magníficos ejemplares de joyería del Imperio Medio, cuya riqueza es comparable a la de las joyas halladas en las mastabas de princesas situadas en el complejo piramidal de Dahshur. La pirámide, mandada a construir por su padre, es hoy un montículo informe debido al derrumbe de su revestimiento de piedra, que dejó en su momento al descubierto la frágil estructura de adobe que formaba su interior.
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