CENTENARIO DE LUIS ORTEGA BRU
PIEDAD

Sergio Cabaco y Jesús Abades


 

El Museo Ortega Bru es una seña de identidad más de San Roque desde que fuera inaugurado en mayo de 2001, y su creación fue posible gracias al desaparecido Manuel González Scott-Glendowyn, quien donó casi 200 obras, actualmente propiedad municipal, que durante años estuvieron almacenadas en una nave industrial de la localidad madrileña de Vicálvaro. González fue el mecenas del artista desde 1970 a 1978, y falleció en septiembre de 2002. El Museo Ortega Bru cuenta con obras en las que se aprecian como el artista asimila y maneja los más diversos planteamientos y estilos plásticos, desde la imaginería barroca, hasta las nuevas tendencias abstractas y expresionistas. Un total de 24 piezas realizadas por Bru fueron cedidas en 2013 por su propietario, Enrique Hernández Luike, al Ayuntamiento de San Roque para ser expuestas en el museo. Las obras -la mayoría esculturas en madera y bronce, pero también cuadros de gran formato- llegaron de Sevilla tras varios meses de negociaciones. Esta colección es fruto de la estrecha relación de amistad entre Luike y Bru.

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

Podemos considerarla como una de las obras cumbres y más personales y depuradas de Bru, quien estuvo trabajando en la idea para su famosa Piedad durante años. El autor de la primera biografía sobre el artista, Benito Rodríguez Gatius, situó el primer estudio que hizo para la Piedad en 1952. Desde entonces y hasta 1963, año en que se decidió a tallarla, el modelo le sirvió de inspiración, con diversas variantes, para las siguientes obras: el relieve Llanto sobre Cristo Muerto (1952), las Angustias de La Línea de la Concepción (1954) y otro relieve de la Piedad que figura en la Puertas que Bru modeló para El Vaticano (1956).

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

El conjunto escultórico fue tallado en madera de pino, separando el escultor los cuerpos de Jesús y María. Fue tal el aprecio que Bru tuvo a esta obra, premiada con la Primera Medalla en la Exposición Nacional de Otoño de Madrid (1963), que nunca quiso desprenderse de ella. Hoy en día es una de las piezas más importantes de la Sala Museo Luis Ortega Bru del Palacio de los Gobernadores de San Roque (Cádiz), formada a partir de la usucapión de piezas efectuada en el año 2001 por Manuel González Scott-Glendowyn en favor del Ayuntamiento de San Roque y su Fundación Municipal de Cultura. En el año 2013 el Museo Ortega Bru consiguió otra importante aportación (24 piezas poco conocidas) por parte de Enrique Hernández Luike.

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

El conjunto se inscribe en un triángulo equilátero de 2 metros de base por 2 metros de altura. El Cristo mide 2 metros y se descompone en una línea en zig zag de tres trazos, el 3 y el 2 son los números de la proporción y la armonía interna de la obra. Bru dispuso una atrevida composición, con una marcada diagonal en la que el cuerpo de Cristo se extiende hacia el lado derecho, en sentido contrario al desplazamiento lateral, de manera que determina una vertical sobre el rostro, que aparece vuelto al espectador. La anatomía del Redentor, tallada con auténtica precisión y numerosos matices, tiene en cuenta la relación orgánica de los músculos debajo de la piel y la veracidad de los movimientos. Las deformaciones dramáticas de sus pies, manos y cuello responden al criterio de respetar las lesiones traumáticas de la crucifixión.

 

 
     
     
Fotografías: Juan Antonio García Delgado

 

Las Angustias de La Línea de la Concepción presenta una composición muy parecida, pero un concepto de ejecución distinto por su carácter procesional. El alargamiento y deformación en el Cristo que nos ocupa da un retorcimiento genial de las líneas y el movimiento; por este alargamiento o concepto mental de espiritualización podemos hablar de un "manierismo personalísimo" que Bru, muy exacto y riguroso en las proporciones, desarrolló también en el dibujo y la pintura. La Virgen, en la construcción de sus paños, evoca la deformación de las elevaciones y visiones estéticas de El Greco. Su rostro de dolor es ya de la época madura de Bru. La boca es abierta y profunda, su perfil fuerte, y el cuello presenta un movimiento curvo. La sombra y la envoltura del manto dan un dramatismo a María que contrasta con la línea ingenua, juvenil y tierna de las Angustias.

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

Respecto a la Virgen, responde a un rasgo distintivo del arte de Bru: la ausencia de partes importantes del cuerpo, simplemente anuladas. Esto es una pauta expresionista, muy sutil, que dota al conjunto de mucha fuerza expresiva. Según Luque Teruel el rostro mariano comparte rasgos de la primera Virgen de las Penas del misterio sevillano del Traslado al Sepulcro (Santa Marta) y las imágenes femeninas codificadas a partir del modelo físico de Carmen León, esposa de Bru; mientras que al Cristo lo relaciona con el Yacente de La Puebla de los Infantes (Sevilla) labrado por el escultor en 1953.

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

Conviene advertir que Bru dejó inconclusa una policromía aplicada a base de óleos y sutiles lacados, con sus característicos tonos verdosos en la anatomía y superficies oscuras o blancas y lisas en los ropajes y las sábanas. Faltaban las veladuras, que fueron aplicadas por su hijo Luis Ángel Ortega León en el año 2002 según lo previsto por el escultor; esto es, sugestivas disoluciones con acuarela y aplicaciones de cera, que determinaron la salida de sangre y el realismo de las heridas en la figura de Cristo.

 

 
 
Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

FUENTES: Con información del Museo Ortega Bru de San Roque. LUQUE TERUEL, Andrés. "La Piedad de San Roque. Primera Medalla en la Exposición Nacional de Otoño de Madrid, en 1963", vol. 2 de Luis Ortega Bru, nº 6 de Grandes Maestros Andaluces, Sevilla, Tartessos, 2011, pp. 260-265; www.sanroque.es.

 

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Fotografía: Juan Antonio García Delgado

 

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