EL NAZARENO DE ELX, LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO QUE AÚN CONTINÚA

Jesús Abades (15/03/2026)


 

 

Muchas veces se habla de la Guerra Civil como la mayor debacle para el patrimonio sacro de España. Posiblemente sea cierto, aunque el siglo XIX, con la Guerra de la Independencia y una Desamortización tan bienintencionada como nefastamente gestionada, podría ser considerado el comienzo del expolio. Poco se comenta, sin embargo, de la segunda mitad del XX, con ese posconcilio tan confundido y esa piqueta mal llamada vanguardista, que solo provocaron nuevas pérdidas en lo que fue un tesoro artístico de valor incalculable.

Todo eso e incluso más ha conocido la ciudad de Elche, pieza clave de un Levante con milenios de civilización, tan atractivo como saqueado. Lo que en su día era una profusión de obras de arte a la vista del visitante, hoy son excepciones en un entorno globalizado y arrojado a los pies del caballo especulador, algunas de ellas merecidamente reconocidas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, algo que desgraciadamente tampoco supone una garantía de cara a su conservación.

En lo que respecta a la rama del patrimonio mueble, sección escultura, encontramos una de esas excepciones es la entrañable talla del Nazareno, un auténtico superviviente si tenemos en cuenta que pertenece a un entorno devocional que ha llegado a nosotros casi arrasado, de ahí que cobre aún mayor valor esta conmovedora imagen que cuenta con más de tres siglos de historia, atribuida con acertada lógica al alsaciano Nicolás de Bussy, escultor de trayectoria también muy desgajada por las revueltas hispanas, creador de memorables glorias artísticas que siguen atesorando los ilicitanos en la basílica de Santa María, considerada el gran templo barroco de toda la provincia de Alicante junto con la concatedral de la capital.

No solo debemos ver al Nazareno como testimonio de un pasado de esplendor o referente sentimental hasta el punto de ser apodado el Señor de Elche, sino también como ejemplo de unas agresiones, que pudieron evitarse, a un bagaje escultórico cuya pervivencia ahora es casi insólita. De ahí nuestra obligación, si realmente somos ciudadanía del siglo XXI, de blindar definitivamente de la destrucción estas piezas de arte para que no sigan formando parte de una belleza perdida y, por eso mismo, irrecuperable.

 

Nota de La Hornacina: artículo publicado en "Elche. Semana Santa 2026", revista editada por la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Elche. Nuestro agradecimiento a Jordi Fluxá Bru.

 

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