OBRAS DE JOSÉ DE RIBERA Y PEDRO DE MENA EN LA PRÓXIMA SUBASTA DE ANSORENA
03/05/2026

La subasta de mayo de Ansorena tendrá lugar entre los próximos días 12, 13 y 14 a partir de las 17:00 horas. El martes 12 comprenderá obras de pintura antigua y del siglo XIX, así como artes decorativas; el miércoles 13 obras de pintura moderna y contemporánea, y nuevamente artes decorativas; por último, el jueves 14 será el turno de joyas y relojes. Entre las obras pictóricas encontramos San Jerónimo y la trompeta del juicio final (óleo sobre lienzo, hacia 1515-1516), cuya procedencia se atribuye a la colección Xavier Salas de Barcelona. A lo largo de su trayectoria profesional, Ribera representó el tema de San Jerónimo en varias ocasiones. De hecho, la obra firmada más antigua que conocemos de su producción es el "San Jerónimo" de la Collection Art Gallery of Ontario, en Toronto, fechado entre 1614 y 1615. Sus modelos muestran una serie de características comunes, presentando todos ellos, en un lenguaje decididamente naturalista, a un hombre anciano con una frente bastante despejada, arrugas muy marcadas en el rostro, cabellos plateados y una acusada delgadez. La proliferación de este tipo de imágenes encuentra una justificación en la popularidad que alcanzó el santo tras la nueva edición de la Vulgata (la Biblia católica oficial, preparada y traducida al latín por el propio San Jerónimo), publicada en 1592 por Clemente VIII. También, en la producción del propio Ribera, se debe tener en cuenta su inclinación por pintar filósofos ancianos de la Antigüedad, presentándolos, igual que a San Jerónimo, como modelos de erudición y sabiduría. Esta obra responde a este espíritu y presenta unas claras afinidades estilísticas con otras pinturas de Ribera que muestran filósofos, profetas o apóstoles que comparten el mismo corte compositivo y una misma plasmación naturalista de paños, superficies y pieles, gracias a unas aplicaciones cromáticas densas y compactas, marcadas por potentes y nítidos contrastes de luces y sombras. Así encontramos a San Jerónimo en esta obra, sentado frente a una mesa en actitud de escribir, pues porta una pluma en su mano derecha y sujeta un pergamino con la izquierda. Dirige su mirada al cielo, lugar del que surge una mano con una trompeta; símbolos divinos que vienen acompañados de una luz sobrenatural que ilumina por completo la figura del santo, provocando un acusado contraste con la oscuridad del fondo. La presencia de la trompeta, a veces tocada por un ángel, alude al anuncio de la muerte de san Jerónimo y del Juicio Final. Su ejecución debe situarse entre las obras juveniles pintadas por Ribera entre Roma y Nápoles, aproximadamente entre los años 1615 y 1616, tanto por el vigor formal como por su intensidad expresiva, con soluciones completamente afines a las que podemos encontrar en obras como el "San Antonio Abad" de El Conventet (Barcelona), el "San Pedro" de Bloomington (Indiana) o el "San Pedro y San Pablo" de Estrasburgo. Según los responsables de Ansorena, podría ser la obra publicada por Nicola Spinosa en el catálogo razonado de José de Ribera (Spinosa 2008, A42). Sus medidas no coinciden al ser este lienzo ligeramente menor, pero cabe la posibilidad de que hubiera podido sufrir algún daño, viéndose modificadas sus proporciones y los diferentes objetos que, dispuestos como un bodegón, aparecen representados sobre la mesa. |

Una de las figuras más relevantes de la imaginería andaluza del Siglo de Oro fue el escultor e imaginero Pedro de Mena, quien aprendió los rudimentos del oficio con su padre, Alonso de Mena, heredando su taller en la ciudad de Granada. Su actividad profesional se desarrolló, principalmente, entra esta ciudad y Málaga, en la que realizó un gran número de encargos como la sillería del coro de la propia catedral y multitud de imágenes para diferentes órdenes religiosas. Ansorena presenta esta Inmaculada Concepción, talla en madera policromada y dorada. Sabemos que Pedro de Mena abordó este tema en varias ocasiones: la primera, documentada, data del año 1656, y fue realizada al mismo tiempo que Alonso Cano hacía su obra homónima para la catedral de Granada, mientras que la segunda se encuentra fechada en 1658. En la primera se aprecia la influencia de modelos canescos madrileños, mientras que en la segunda su referente es ya el ejemplar que Cano dejó en Granada, elaborando Mena un modelo bastante fiel. El ejemplar que aquí se presenta, fechado hacia 1658, muestra también la poderosa influencia que ejerció el modelo inmaculista de Cano en la producción de este escultor. En ella destaca su forma fusiforme, así como la presencia de los tres querubines entre nubes que forman la base. No obstante, a pesar de estas dependencias formales, el artista se distancia del modelo original creando una imagen mucho más personal del rostro, distanciándose del naturalismo de Cano e iniciando un camino que le conducirá a la elaboración de formas más someras y simplificadas. |

Destacar también esta escultura en madera tallada, policromada y dorada que representa a San Juan Bautista. Con la misma se adjunta un estudio realizado por el historiador del arte malagueño José Luis Romero Torres sobre el escultor e imaginero Bartolomé Hernández. Se conocen muy pocos datos de la biografía y trayectoria profesional de Bartolomé Hernández. Su labor está documentada en Segovia entre 1524, año en que realiza algunas obras para la catedral, y 1562, fecha en la que se tiene la última noticia de su actividad en esta ciudad. De toda su producción, la obra más conocida es la sillería del coro que talló para el Monasterio de Santa María del Parral, contratada en 1526 por 300.000 maravedíes. Esta obra, conservada hoy en la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid y el Museo Arqueológico Nacional, fue realizada por Bartolomé Hernández Alemán entre 1526 y 1530, y es la que ha permitido identificar al autor de esta magnífica talla gracias a sus características formales y técnicas. La ejecución clasicista del rostro, con su actitud serena, es propia de la estética renacentista de las primeras décadas del siglo XVI. Es especialmente llamativa la manera en que su autor realiza los pliegues del manto, encontrando un paralelismo directo con algunas figuras que se encuentran presentes en la sillería que realizó Bartolomé Hernández para el Monasterio de Santa María del Parral, como el San Juan Evangelista o el Salvador. La talla muestra a San Juan Bautista según su iconografía tradicional, caracterizado con barba y cabellos largos, y vistiendo la piel de camello que se aprecia bajo el manto. Con el índice de su mano derecha señala al suelo, lugar en el que en origen se encontraría la representación del cordero, actualmente perdida. Por su parte trasera, menos trabajada, es evidente que la escultura formó parte de la decoración escultórica de un importante retablo. |
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