RESTAURACIÓN DE CARLES SALAFRANCA PARA SEVILLA
Con información de Juan Dobado Fernández y Carles Salafranca Porcar (02/07/2026)
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Se trata de dos valiosas tallas estofadas que representan a Santa Ángela de Bohemia y a la Beata Juana de Tolosa, que ya aparecen en la década de 1920 en los inventarios de la Universidad de Sevilla. Como hipótesis creemos que proceden de alguno de los retablos del templo conventual de los Carmelitas Descalzos del Santo Ángel de Sevilla, concretamente del antiguo retablo mayor, contratado con Luis de Figueroa en 1625 y destruido en el siglo XIX durante la invasión francesa. Por sus características, dichas tallas pueden fecharse en torno a 1630-1640 y se encuadran en la Escuela sevillana de escultura, dentro de la estética de la producción de Francisco de Ocampo, con algunas de cuyas obras, como la Anunciación de la Catedral de Sevilla, presentan semejanzas, sobre todo en los rostros. Presentado hoy, el proceso de conservación e intervención, que ha devuelto la estabilidad y el esplendor visual a ambas tallas, ha sido realizado por Carles Salafranca Porcar y se ha guiado bajo criterios de máxima conservación del original y respeto a su integridad. Este proyecto ha sido subvencionado por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a quien agradecemos su colaboración en la conservación del patrimonio del Convento del Santo Ángel. Tras una limpieza inicial, el primer reto fue consolidar la debilitada y alterada estructura de las piezas: mediante microinyecciones de resinas acrílicas y cola orgánica, se fijaron las grietas y los levantamientos de la policromía. Posteriormente, se acometió la limpieza físico-química en dos fases: una primera para eliminar los barnices oxidados, empleándose una mezcla de disolventes de rápida evaporación para eliminar el barniz oscurecido por el tiempo sin dañar el color original, y una segunda fase utilizando agentes limpiadores suaves, retirando la suciedad acumulada sobre los ropajes y las carnaciones, y eliminando además los repintes inadecuados de épocas posteriores que ocultaban zonas de desgaste y faltantes. Tras la referida limpieza, se aplicó un barniz protector intermedio a modo de aislante entre la madera original y los materiales añadidos en la restauración. Uno de los puntos más delicados fue la recuperación de las peanas, que se encontraban muy deterioradas. Para devolverles la estabilidad estructural, se reforzaron injertando madera nueva de pino y recreciendo sus volúmenes, finalizando su decoración con tonos tierra, almagra y negro marfil, además de una sutil cenefa dorada. Para la pérdida de volúmenes en manos, dedos y ropajes, se utilizaron masillas sintéticas de alta estabilidad. Posteriormente, se realizó el estucado y la reintegración cromática de las lagunas de color. Se utilizaron acuarelas y témperas, y una fase final con colores al barniz, aplicando el sistema de "regatino", lo que permite que las partes restauradas se integren visualmente a ojos del espectador, pero sean perfectamente identificables para los expertos a corta distancia. En las zonas doradas se recuperó el brillo de los estofados mediante matices dorados y veladuras de cera para igualar el desgaste histórico de las piezas. |
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Santa Ángela de Bohemia |
El final del proceso de intervención ha sido la restitución de los atributos iconográficos de las santas, indispensables para su correcta identificación y que se habían perdido con los años. En el caso de la Beata Juana de Tolosa, dado que ya conservaba su libro bajo el brazo -tallado en el mismo bloque de madera-, se procedió a la reconstrucción y tallado en madera de pino de la cruz arbórea que sostiene en su mano izquierda, la cual ha sido policromada y dorada. En el caso de Santa Ángela de Bohemia, se confeccionó de forma artesanal su tradicional vara de azucenas -utilizando técnicas semejantes a las labores conventuales- y se modeló una custodia. Esta última se doró con hoja de oro y se le aplicó una pátina para armonizar su brillo con el conjunto de la escultura. Para finalizar, se aplicó un barniz protector con resistencia a los rayos UV, alternando acabados mates para las carnaciones y ropajes, y brillantes para conseguir un aspecto satinado. Santa Ángela de Bohemia nació en 1182, y era hija de los reyes de Bohemia. Al quedar huérfana de madre sobre los 7 años, su padre la internó en un convento de jerónimas para que se preparase en las artes, las ciencias y la piedad. Viajó hasta Tierra Santa para entrar en la Orden del Carmen, donde tomó los oficios más humildes, cuidó con cariño a las enfermas, hizo grandes penitencias y oró durante horas. Escribió obras místicas y eruditas, como "Contemplaciones de Cristo" o "De la Sacrosanta Eucaristía". Regresó a fundar conventos en Bohemia, donde murió en 1253. Respecto a la Beata Juana de Tolosa, nació en 1213 en Tolosa (Toulouse, Francia). Su niñez y juventud transcurrieron en recogimiento y piedad, preparándola para una vida de entrega a Dios. A mediados del siglo XIII llegaron a Tolosa unos carmelitas procedentes del Monte Carmelo, en Palestina, para fundar un convento que pronto se hizo conocido por la santidad de sus religiosos y su gran devoción a la Virgen. La fama de aquellos frailes atrajo a Juana, quien pidió ser agregada a la Orden, profesando la Regla del Carmelo como lo hacían otras mujeres de su tiempo. Se construyó una pequeña ermita junto al convento, donde la beata llevó una vida de gran austeridad y oración, uniendo contemplación y penitencia en silencio fecundo. Después de una vida santa, falleció en 1268. La tradición la reconoce como la primera seglar de la Tercera Orden Carmelita de la Antigua Observancia, ejemplo de cómo la espiritualidad carmelitana podía vivirse también en la vida laical. La Santa Sede confirmó su culto el 11 de febrero de 1895, y su memoria litúrgica se celebra cada 31 de marzo. En cuanto al escultor Francisco de Ocampo, nació en Villacarrillo (Jaén) hacia 1579. Sobrino de Andrés de Ocampo, en cuyo taller sevillano se inició prontamente en el oficio, continuó su formación bajo las enseñanzas de Juan de Oviedo y de la Bandera y de Juan Martínez Montañés, teniendo participación en varios de los encargos más celebrados de este último, como el retablo mayor del Monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla). Fallecido en 1639, fue uno de los artistas más destacados de la escuela sevillana del primer tercio del siglo XVII. Su arte se halla a medio camino entre la estética de Montañés y Juan de Mesa, con el que también trabajó en San Isidoro del Campo. La influencia montañesina es patente, pero se advierte un realismo muy próximo a las formas mesinas, sobre todo en su última etapa, aunque siempre se mantuvo más reposado y sin apenas abandonar la herencia manierista del maestro alcalaíno. |
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Beata Juana de Tolosa |
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