RESTAURACIÓN DE ENRIQUE SALVO RABASCO PARA MÁLAGA
06/01/2026
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La reciente intervención llevada a cabo por Enrique Salvo Rabasco sobre el busto de la Dolorosa (1949), obra del escultor e imaginero malagueño Pedro Pérez Hidalgo, perteneciente a la Hermandad de las Penas de Málaga, ha permitido devolver la dignidad formal y devocional a una imagen que durante años permaneció en un estado de abandono material y funcional incompatible con su correcta conservación y con su creciente consideración patrimonial. Concebida originalmente como figura integrada en el antiguo trono del Santísimo Cristo de la Agonía, esta Dolorosa nació subordinada a un conjunto procesional mayor, lo que condicionó su resolución técnica, su tratamiento volumétrico y la elección de materiales. El progresivo cambio de uso y la decisión de dotarla de entidad propia como imagen devocional independiente no fue acompañado, durante décadas, de las necesarias actuaciones de mantenimiento y conservación preventiva. El prolongado abandono en condiciones inadecuadas, unido a la ausencia de criterios de conservación sistemáticos, derivó en una acusada degradación general del conjunto, con alteraciones materiales, pérdidas de estabilidad y un acusado empobrecimiento de la lectura estética. Este deterioro acumulado impidió durante años acometer una restauración integral orientada a la preservación a largo plazo de la imagen. Este contexto condicionó decisivamente el enfoque de la intervención. Más allá de una restauración integral en sentido riguroso -imposible de abordar con garantías debido al estado extremo de deterioro-, los trabajos se centraron en estabilizar estructuralmente la imagen, dignificar su lectura formal y garantizar su viabilidad devocional a medio y largo plazo. Aquellos elementos y materiales originales que presentaban condiciones aceptables de conservación fueron objeto de tratamientos específicos de carácter conservativo, priorizando su preservación y correcta integración. Mediante la configuración de los paños se dotó al conjunto de una coherencia volumétrica, un ritmo compositivo y una lectura formal acordes con la tradición de la imaginería barroca. A ello se sumó la sustitución de las manos preexistentes por otras nuevas talladas en madera de cedro, material seleccionado por su estabilidad y durabilidad. La policromía, ejecutada con técnicas tradicionales y criterios plenamente integrados en la estética barroca andaluza, fue la única respuesta técnica viable ante un estado de conservación límite. El tratamiento cromático se orientó a recuperar una expresividad contenida y sobria, acorde con la tradición de la escuela malagueña, garantizando al mismo tiempo la estabilidad material del conjunto. El resultado final permite hoy contemplar una Dolorosa plenamente integrada en el ámbito devocional, con unas condiciones materiales que aseguran su correcta conservación y su perdurabilidad a medio y largo plazo, marcando un punto de inflexión en la consideración patrimonial de la obra. |
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Fotos: Luis Manuel Gómez Pozo
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