MARIANO FORTUNY. DIBUJOS

Con información de Francesc Quílez Corella (06/02/2026)


 

 
 

Joven desnudo pensativo

Hacia 1860-1862
Carboncillo sobre papel
42,6 x 30,7 cm
Musée Goya (Castres)
© Ville de Castres-Musée Goya - B. Nicaise

 

Ha quedado inaugurada hoy la exposición Mariano Fortuny. Dibujos, que revisa con detalle la faceta de dibujante del pintor Mariano Fortuny y Marsal (Reus, Tarragona, 1838 - Roma, 1874), uno de los artistas principales de la colección permanente del Museo Carmen Thyssen Málaga.

A través de una treintena de dibujos y grabados del autor, procedentes del Musée Goya de Castres, se muestran los principales asuntos tratados por Fortuny en distintos momentos de su trayectoria y en diferentes lugares (Barcelona, Marruecos, Roma, Granada): escenas de género y cotidianas, temas orientalistas y personajes estudiados del natural. Testimonios todos ellos de su maestría absoluta en el dibujo, desde sus primeros ejercicios de estudiante hasta sus elaboradas composiciones, de una incomparable versatilidad creativa y anuncio de una prometedora modernidad interrumpida por su temprana muerte con apenas 36 años.

El deseo de perpetuar la memoria creativa de Fortuny, reconocido como el artista español más internacional del siglo XIX, encontró en la familia Fortuny-Madrazo a uno de sus más perseverantes defensores. Con el fin de cristalizar el sentimiento de admiración que despertó su obra, sus herederos tomaron la decisión de repartir el legado conservado entre diferentes instituciones culturales europeas. Con su generosidad contribuyeron a que la sociedad fuera beneficiaria de un patrimonio de un gran valor artístico y con esta decisión tributaron un homenaje a un creador excepcional.

Haciendo honor a la divisa latina "ars longa vita brevis", el relato expositivo ha sido concebido como un acto de celebración de la capacidad que tuvo Fortuny de trascender su tiempo histórico, hasta el punto de erigirse, debido a la brevedad de su existencia y al éxito alcanzado, en un personaje revestido de un aura mítica, tanto antes como después de su inesperado deceso. Transcurridos más de 150 años desde su desaparición, contemplada con la sensibilidad contemporánea su figura emerge como el emblema de una modernidad vislumbrada, de una ambición desmedida por superar los límites de unas convenciones visuales deudoras de la tradición ochocentista.

La citada selección de piezas permite hacer un recorrido por algunos de los episodios creativos más relevantes de la actividad desplegada por un artista dotado de un talento especial para la práctica del dibujo. Esta riqueza se ejemplifica con composiciones que documentan tanto la variedad de temáticas que llegó a cultivar como una gran versatilidad técnica. También emerge la condición de artista viajero, un nomadismo que le llevó a visitar y vivir en diferentes ciudades europeas, entre las que fueron determinantes, para el crecimiento personal, tanto la estancia en Roma, convertida en residencia permanente, como la realizada en Granada, entre 1870 y 1872.

Fortuny no permaneció ajeno a la atracción que sintió el arte del siglo XIX por el exotismo orientalista y que, en su caso, le permitió conocer, en 1860, el norte de Marruecos, debido al encargo de "La batalla de Tetuán" (MNAC), la que fue una de sus pinturas más ambiciosas, que dejó inacabada.

 

 
 

Dos mendigos árabes en la esquina de una calle

Hacia 1870-1871
Aguada sobre papel
21,5 x 26,9 cm
Musée Goya (Castres)
© Ville de Castres-Musée Goya - B. Nicaise

 

A lo largo de su corta, pero intensa vida artística, Fortuny convirtió la práctica del dibujo en una de sus formas más habituales de expresión creativa. La realización de obras como "La vicaría" (MNAC), presentada en París en 1870, además de contribuir a un éxito social y económico sin precedentes, con el paso del tiempo determinó una apreciación reduccionista de su obra y la fijación de un cliché que ha limitado el alcance de una propuesta original, imaginativa y muy ambiciosa. Sin negar las características de una estética presidida por el culto al preciosismo y el virtuosismo, transformados en dos lugares comunes destinados a valorar su genio, lo cierto es que el dibujo ensanchó sus horizontes y la observación de muchas de sus producciones sobre papel nos permite penetrar en los entresijos de un sistema artístico mucho más complejo de lo que podríamos suponer.

La contemplación de algunas de sus obras, más allá de su refinamiento técnico o de ejercer un misterioso efecto de imantación, nos ayuda a descubrir a un artista inadvertido, casi desconocido, capaz de establecer con el soporte de papel una relación idílica. En estos trabajos emerge un creador insólito, que con su exacerbada sensibilidad es capaz de despertar en nosotros el registro de la experiencia estética. Sus dibujos nos trasladan a un lugar inexplorado, en el que el lenguaje artístico activa los resortes de nuestras emociones y nos permiten gozar de un universo plagado de imaginación, fantasía, hedonismo y belleza.

Sin renunciar a las referencias literarias, deudoras de las convenciones del lenguaje de su época, que encontramos en muchas de sus creaciones pictóricas, o al principio de verosimilitud que rige su manera de entender la práctica artística, las obras dibujadas exploran lugares insospechados y en ellos es fácil observar un anhelo de libertad, de superación de las referencias visuales tradicionales, con el fin de dejarse arrebatar por las pulsiones más instintivas. Las ideas artísticas adquieren una nueva dimensión, se nos muestran luminosas y despojadas de los condicionamientos del mercado artístico y de los gustos arcaicos de una clientela que no acostumbraba a tolerar las desviaciones heterodoxas.

En Mariano Fortuny. Dibujos encontramos un amplio abanico de imágenes que documentan la familiaridad del artista con el trabajo sobre papel. También aparecen algunas de las temáticas que, como el orientalismo o la pintura de género, formaron parte de una idiosincrasia de época en cuyas fuentes siempre alimentó un imaginario fecundo.

A diferencia de la pintura, muy condicionada por los criterios de gusto, en los dibujos de Fortuny descubrimos una espontaneidad, una ligereza en el trazo y una voluntad de experimentar con el fin de desligarse de las ataduras a las que lo sometieron unos compromisos comerciales, que en algunos episodios artísticos atenazaron la pulsión creativa. Para poder alcanzar este objetivo, Fortuny no dudó en recurrir a unas facultades innatas que le ayudaron a incrementar la eficacia de su expresividad. La versatilidad y sofisticación técnicas son herramientas que domina a la perfección y que le resultan muy útiles para lograr los efectos estéticos más brillantes e insospechados.

 

 
 

Hombre vestido con un trapo

Hacia 1869
Acuarela sobre papel
32,8 x 23,2 cm
Musée Goya (Castres)
© Ville de Castres-Musée Goya - B. Nicaise

 

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