HUELVA RESTAURA LA TALLA DEL COPATRÓN SAN ROQUE ATRIBUIDA A VÁZQUEZ EL VIEJO

04/09/2026


 

 
 

 

La Diputación de Huelva exhibe el resultado de los trabajos de restauración de la imagen de San Roque, copatrón de Huelva y una de las piezas más antiguas y singulares que conserva la institución provincial.

Esta talla manierista, realizada en madera policromada a finales del siglo XVI, fue atribuida hace veinte años por Jesús Abades desde el portal La Hornacina al escultor e imaginero Juan Bautista Vázquez el Viejo.

 

 
 

 

Durante cinco meses ha sido sometida, por parte de la restauradora onubense Rocío Calvo Lázaro, a una intervención destinada a garantizar su conservación y recuperar, en la medida de lo posible, sus valores originales, siempre bajo la supervisión del Servicio de Patrimonio de la institución provincial.

Consta que a finales del siglo XVI existía una ermita dedicada a San Roque en la zona de la Vega Larga, una de las entradas de Huelva, sobre cuyo espacio se levantaron posteriormente el convento y la iglesia de los frailes mercedarios, pasando esta imagen, titular de dicha ermita, a formar parte del retablo mayor del hoy templo catedralicio. Con el paso del tiempo, la devoción a San Roque fue perdiendo protagonismo y la imagen pasó a un retablo menor de la Catedral de Nuestra Señora de la Merced, donde permanece actualmente.

 

 
 

 

La restauradora ha señalado que esta restauración se convierte es la más importante hasta la fecha de toda su trayectoria profesional. Los estudios realizados han permitido determinar que la imagen está realizada en madera de pino y han aportado nuevos datos sobre su historia material.

El análisis estratigráfico ha revelado la existencia de una policromía original del siglo XVI, sobre la que posteriormente se habría realizado una nueva intervención, presumiblemente en 1722, momento en el que la imagen adquirió la tonalidad que presentaba hasta ahora.

Uno de los aspectos más llamativos de la restauración de la talla de San Roque, de 148 cm de altura, ha sido el descubrimiento mediante tomografía de la gran cantidad de elementos metálicos que presentaba la talla. Había numerosos clavos, especialmente en la peana, y pequeños elementos metálicos distribuidos por diferentes zonas de la superficie. De hecho, durante la intervención se llegaron a extraer más de un centenar de clavos, algunos de ellos de gran tamaño, cuya presencia había contribuido a provocar grietas y roturas en la madera.

La imagen presentaba además importantes pérdidas y mutilaciones. Al perro le faltaba parte del pan que porta en la boca y también habían desaparecido algunos dedos del pie y parte del talón. En la peana se localizaron igualmente pérdidas estructurales y los indicios de la existencia de un ángel que formaba parte de la composición original y que actualmente se ha perdido. Precisamente, los restos de policromía conservados en las zonas donde se encontraban estas figuras desaparecidas han permitido obtener información fundamental para la recuperación cromática de la peana.

Los estudios también han permitido documentar diferentes grietas, pérdidas de preparación y policromía, suciedad acumulada durante siglos, restos de cera y evidencias de ataque de insectos xilófagos.

 

 
 

 

La intervención comenzó con el asentamiento y fijación de la policromía, seguido de una limpieza superficial y química de la imagen, la fijación de la policromía y la eliminación de depósitos de cera. También se llevó a cabo la citada extracción de más de un centenar de elementos metálicos que afectaban a la conservación de la obra.

Debido a la presencia de ataques de insectos xilófagos, se realizó un tratamiento de desinsectación y, posteriormente, la consolidación estructural de la madera. Se trataron igualmente las grietas, fisuras y pérdidas de preparación, así como la reposición de los elementos de madera necesarios para recuperar la integridad estructural de la pieza, realizados por el artista y restaurador onubense Juan Luis Aquino. Para completar las pérdidas volumétricas se ha utilizado madera de cedro, diferenciada de la madera original de pino para facilitar futuras intervenciones. Con este material se han reconstruido, entre otros elementos, partes de los dedos, el talón, el pan del perro y diferentes piezas de la peana.

A la hora de restaurar el perro y la peana, fue necesario realizar diversos trabajos de consolidación, sellado y refuerzo estructural.

Finalmente, se realizó la reintegración de las pérdidas de policromía y el tratamiento de protección, recuperando la estabilidad y correcta lectura de la imagen.

La restauración ha permitido recuperar la leyenda histórica de la peana, una inscripción situada en la parte posterior de la imagen que se creía irremediablemente perdida. Según ha explicado Calvo, se trata de un documento especialmente relevante para conocer la historia material de la talla y que ha podido ser reconstruido con la colaboración de especialistas en Historia del Arte.

 

 
 

 

El historiador Juan Bautista Quintero Cartes, que además es delegado diocesano para el Patrimonio Cultural del Obispado de Huelva, ha recordado que la ermita de San Roque se encontraba en una de las salidas de la población hacia Gibraleón y que, en una época marcada por las epidemias, santos como San Roque, San Sebastián y San Blas eran considerados protectores de la población.

Asimismo la especial relación de la imagen con el actual templo catedralicio, ya que la antigua ermita de San Roque se encontraba en el espacio donde posteriormente se levantó el convento de La Merced y la actual Catedral de Huelva.

Tras permanecer expuesta durante unos días en la sede de la Diputación, la imagen de San Roque regresará a la Catedral de Huelva, donde volverá a estar vinculada al culto público.

 

 
 

 

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