TRES TABLAS ATRIBUIDAS AL MAESTRO DE LOS LUNA PARA EL MUSEO DE GUADALAJARA

06/05/2026


 

 

El Ministerio de Cultura ha adquirido por 90000 euros un conjunto pictórico hispanoflamenco para el Museo Provincial de Guadalajara. Se trata de tres tablas fechadas entre 1485 y 1488 que proceden del desaparecido retablo del desaparecido Convento de San Bernardo (Las Bernardas) de Guadalajara, unas pinturas atribuidas al Maestro de los Luna que representan a Santa Lucia, Santa Apolonia y Santa Bárbara.

Recientemente reaparecidas, las pinturas estaban antes de su adquisición en manos privadas. Expoliadas durante los disturbios de la Guerra Civil española, se creyeron perdidas durante décadas. Su recuperación para la ciudad de Guadalajara supone un retorno especialmente valioso no solo a nivel artístico, sino también a nivel histórico, ya que actualmente son los únicos vestigios que se conserva del citado convento, cuya progresiva desaparición tuvo lugar a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo XX.

El origen de la denominación Maestro de los Luna o Maestro de don Álvaro de Luna se remonta a los estudios de Chandler Rathfon Post, quien identificó bajo este nombre a los artistas vinculados al retablo encargado en el año 1488 por María de Luna, hija del condestable Álvaro de Luna, para la capilla de Santiago de la Catedral de Toledo. La documentación menciona a los pintores Sancho de Zamora y Juan Rodríguez de Segovia, aunque la falta de pruebas concluyentes impide una atribución individual precisa, lo que ha llevado a utilizar esta denominación convencional.

En cualquier caso, el Maestro de los Luna, autor o círculo de autores, es una de las personalidades más singulares dentro de la pintura castellana de finales del siglo XV.

Estas tres tablas, especialmente Santa Apolonia, revelan la fuerte impronta hispanoflamenca que caracteriza a este maestro o taller, activo en Toledo, Guadalajara y su entorno bajo el mecenazgo de la familia Mendoza. Su estilo acusa una clara influencia de modelos nórdicos, especialmente de Rogier van der Weyden, perceptible en la intensidad expresiva contenida, el detallismo minucioso y la cuidada articulación compositiva.

 

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