LOS MONTORO, SAGA DE RETABLISTAS CORDOBESES ACTIVOS EN ANDALUCÍA ORIENTAL

18/08/2026


 

 

Durante el Barroco la ciudad de Baza (Granada) fue un centro cultural que abasteció de artistas no solo a las villas vinculadas a su abadía sino a poblaciones de los obispados de Guadix-Baza, Almería y Jaén. En este periodo histórico se asentaron en Baza varios tallistas y escultores, caso del taller de los Montoro, una saga procedente de Bujalance (Córdoba), que desarrolló su labor artística a lo largo de tres cuartos de siglo, desde la década de los cuarenta del siglo XVIII hasta el primer tercio del XIX, abasteciendo la demanda de todo tipo de patrimonio mueble: retablos, tabernáculos, canceles, cajonerías, etcétera.

No existe hoy en día un estudio que aborde la personalidad y la trayectoria del potente taller de los Montoro, quedando su producción aún muy desdibujada, contando, sobre todo, con atribuciones. No obstante, los historiadores Juan Manuel Segura Ferrer y César Valero Segura, en su estudio El taller de los Montoro en los obispados de Guadix-Baza y Almería. Desde el Barroco tardío a la implantación del Neoclasicismo (siglos XVIII-XIX), han reunido material para reconstruir algunos aspectos de su configuración y, sobre todo, de parte de su producción artística.

En Baza, y su abadía, al igual que en Murcia, no hay constancia de que los escultores, tallistas, ensambladores, pintores o doradores formasen gremio, no conociéndose condiciones restrictivas impuestas a los maestros que venían de otros reinos como garantía para permitir su asentamiento estable en la ciudad. Los Montoro debieron ganarse pronto la fama de contar con excelentes retablistas, siendo requeridos para el amueblamiento de un número importante de templos de poblaciones distribuidas a lo largo de los obispados de Guadix-Baza y Almería. Junto a su valía profesional hay que destacar su acercamiento, a través de enlaces matrimoniales, a las elites de Baza y otras poblaciones del partido, hecho que debió favorecer sus redes clientelares.

Junto con trabajos documentados -desafortunadamente, todos desaparecidos en la Guerra Civil, sin haberse localizado hoy en día fotografías que ayuden a analizar muchos de ellos-, los autores presentan numerosas atribuciones. La mayor parte de las esculturas de los retablos son importadas de centros artísticos de primer orden -caso de Granada, con imagineros como Torcuato Ruiz del Peral-, siendo en muchos casos cedidas por integrantes de la élite eclesiástica, estando ubicadas con anterioridad en sus oratorios particulares.

El estudio de Segura Ferrer y Valero Segura, publicado en el último número (9) de Molino de Papel, revista editada por el Foro de Estudios Históricos que lleva su nombre, investiga unos artífices que abrazaron el Barroco tardío a través de una serie de despliegues decorativos, y que, conforme avanzaba el siglo XVIII, fueron acercándose poco a poco al Neoclasicismo, el nuevo estilo que estaba imponiéndose desde la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

 

 

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