RESTAURACIÓN DE ENRIQUE GUTIÉRREZ CARRASQUILLA PARA SEVILLA

09/10/2026


 

 
 
Comparativa. Estado inicial y final

 

Fue el historiador sevillano José Roda Peña quien atribuyó la efigie del Cristo de la Humildad y Paciencia con la producción del ensamblador y escultor sevillano Antonio de Quirós, apoyándose en varias circunstancias de índole biográfica y laboral del artista. Por ejemplo, Quirós residió toda su vida en la collación del Salvador, para cuya iglesia colegial ejecutó numerosos trabajos de dispar calado.

Se trata de una escultura en madera policromada, de tamaño ligeramente inferior al natural (118 cm), que acusa la gubia de un destacado imaginero de la segunda mitad del siglo XVII, como lo delata su excelente técnica de talla -diferente a la de Pedro Roldán y su obrador, y más cercana, sin duda, a la cultivada por Francisco Antonio Gijón o el propio Quirós-, acertada composición, tratamiento anatómico naturalista y honda emotividad expresiva, todo lo cual se potencia con una atinada policromía que se complace en mostrar las huellas martiriales de la Pasión -latigazos, regueros de sangre y contusiones-, como la escena lo requería.

El modelo representado, surgido a finales del siglo XIV como producto de la mística bajomedieval, muestra a Jesús una vez llegado al Gólgota, esperando pacientemente el momento de ser crucificado. Sentado sobre una peña rocosa, reclina su cabeza en la mano izquierda con gesto apesadumbrado, apoyando el codo sobre el muslo, mientras que la derecha se deja caer, reposando el antebrazo en la pierna correspondiente. Es, por consiguiente, un momento de reflexión y oración, logrando conmovernos con la resignada y compungida expresión de su rostro, de afinados rasgos.

Anteriormente la escultura fue intervenida entre febrero y marzo de 1986 por el escultor Ricardo Comas, quien procedió a la consolidación generalizada del soporte lígneo, restituyendo pequeños fragmentos desaparecidos, al tiempo que reintegró ciertas lagunas de la capa de preparación y de la película pictórica, finalizando con una somera limpieza de la suciedad acumulada. Más recientemente, en noviembre de 2010, culminó la restauración que con laudable criterio científico emprendió también Gutiérrez Carrasquilla, redescubriendo la belleza de una encarnadura que indudablemente contribuye a resaltar los valores de su espléndido modelado.

 

 
 
 
 
Estado final

 

La última actuación de Gutiérrez Carrasquilla ha permitido estabilizar los materiales originales y recuperar la lectura formal de la talla, reforzando su preservación sin alterar su carácter histórico ni su función devocional. Esta labor de mantenimiento refleja el compromiso de la Archicofradía Sacramental de Pasión con la custodia responsable de su legado y contribuye a transmitir la obra en mejores condiciones a las generaciones futuras. La Archicofradía expresa también su agradecimiento a nuestro hermano Enrique Gutiérrez Carrasquilla por su encomiable labor en la conservación de sus imágenes y la protección de su valor patrimonial y devocional.

En la primera revisión se detectaron grietas y fisuras de escasa entidad, previsiblemente causadas por los cambios de temperatura y los movimientos derivados del culto, además de suciedad acumulada con el paso del tiempo. Aunque inicialmente no se apreciaba un riesgo significativo para la estabilidad de la imagen, el examen más detallado en el taller permitió identificar deficiencias de adhesión entre algunas piezas -especialmente en la pierna izquierda- y pérdidas de policromía asociadas a las grietas. Al desmontar la peana y la roca se encontraron suciedad en el interior e indicios biológicos inactivos. No se consideró necesaria una restauración integral.

La intervención de Gutiérrez Carrasquilla se ha orientado a estabilizar la estructura y favorecer la conservación de la obra. Se consolidaron y sellaron las grietas y fisuras, y se desmontaron la peana y la roca para sanear las uniones y retirar elementos metálicos de intervenciones anteriores. Tras la limpieza interior y la eliminación de los indicios biológicos inactivos, ambas piezas se ensamblaron de nuevo mediante espigas de madera. También se reintegró el dedo anular de la mano derecha, se limpiaron y consolidaron las zonas degradadas de la madera de la peña, se fijaron los estratos pictóricos y se limpió la policromía. Por último, se reintegraron cromáticamente las pérdidas y se aplicó un barniz de resina sintética como protección final.

 

 
 
Estado final

 

Fotos: Daniel Salvador-Almeida y Archicofradía de Pasión (Sevilla)

 

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