NUEVAS OBRAS DE ANTONIO DÍAZ ARNIDO

12/09/2025


 

 
 

 

El nuevo conjunto de ornamentación realizado para los cultos de la Hermandad de Marineros de Nuestra Señora del Carmen de La Carihuela (Torremolinos, Málaga), está compuesto por el frente de altar y los paños para la sede y el ambón. Todo ello ha sido diseñado y ejecutado por el reconocido artista y restaurador sevillano Antonio Díaz Arnido.

Inspirado en la riqueza ornamental del Barroco, y concebido en plena armonía con la identidad de nuestra corporación, el conjunto destaca por la elegancia de sus formas, la delicadeza de su policromía y la presencia de los símbolos más representativos de la referida corporación carmelita: el anagrama mariano, que preside el frente de altar, y el IHS, que centra los paños destinados a la sede y al ambón.

Estas piezas pictóricas, realizadas por Díaz Arnido en técnica mixta sobre raso de seda (el frontal de altar mide 150 x 100 cm, el ambón 120 x 60 cm y la sede 122 x 55 cm), vienen a engrandecer el patrimonio de la Hermandad del Carmen de La Carihuela, cuya titular mariana fue realizada en 1940 por el reconocido escultor e imaginero Francisco Palma Burgos.

 

 

 

 

Este mismo año Díaz Arnido presentó otra obra pictórica de iconografía carmelita: el medallón central del techo del nuevo palio de la dolorosa titular de la Hermandad del Carmen Doloroso de Sevilla, realizado en óleo, esmalte, acrílico, grafito y pan de oro sobre tabla encolada, estucada, imprimada, dibujada, pintada y barnizada, bajo el título de La Misericordia de María. La Virgen del Carmen como Refugio de la Orden. El autor describe su obra como una representación iconográfica -e idealizada- de la Virgen del Carmen, sobre nubes y con la media luna a sus pies -matiz concepcionista- como protectora de la Orden Carmelita en sus dos ramas: calzados y descalzos. Aparecen santos asociados a las mismas: San Elías, San Juan de la Cruz, San Simón Stock, San Alberto de Jerusalén, Santa Teresa de Ávila, Santa María Magdalena de Pazzi, Santa Teresa de Lisieux y Santa Teresa Benedicta de Jesús. Al fondo, un rompimiento de gloria con el Espíritu Santo y varias figuras celestiales, y en el plano inferior, en una presencia más anecdótica -guiño personal del autor-, el mar, concepto también asociado al imaginario carmelitano.
 
 

 

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