NUEVAS OBRAS DE ÁLVARO ABRINES
13/03/2026
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Esculturas para el nuevo trono del Santo Entierro de la Venerable Hermandad del Santo Cristo de la Vera+Cruz, Santo Entierro, Nuestra Señora de los Dolores y María Santísima de Concepción y Lágrimas, de Almogía (Málaga). Al igual que el trono del crucificado, el diseño ha corrido a cargo de Francisco Naranjo Beltrán, habiendo intervenido en este caso Alberto Berdugo (talla), Álvaro Abrines (esculturas) y Miguel Ángel Martín Cuevas (Orfebrería Montenegro). Cristo es aclamado como León de Judá en el Apocalipsis: "Mira que ha vencido el león de la tribu de Judá, la raíz de David" (Ap 5, 5). En el Antiguo Testamento es reconocido como el animal fuerte y valeroso por excelencia y el emblema del linaje de Judá (Gn 49, 9; Nm 24, 9; 2 Sam 1, 23; 2 Mac 11, 11; Prov 30, 30). Por ello, Padres de la Iglesia como Ambrosio y Orígenes de Alejandría ven en el león una figura de Cristo. Sobre el referido concepto gira el trono del Santo Entierro de Almogía, concebido como un catafalco fúnebre acorde a la naturaleza regia y a la majestad de Jesús. El color oscuro de la madera, alternado con los ornamentos de bronce dorado, aporta solemnidad y sobriedad al conjunto. Los cuatro faroles de las esquinas, recuperación de uno de los elementos del conjunto histórico del Santo Entierro, son de sección hexagonal y se rematan con obeliscos, símbolo de resurrección, elevación y trascendencia, motivo que se repite en la urna. Siguiendo con la iluminación, vemos candelabros triples, en alusión a la Santísima Trinidad y a la tradición de la arquitectura efímera tumular barroca. La imagen del trono de Salomón guardado por leones, que se describe en la Biblia, tuvo un especial predicamento en la iconografía medieval, pródiga en la asociación del felino al trono. Lo anterior, unido a la simbología del León de Judá, motiva que la urna se halle sostenida por cuatro leones, resueltos de distinta forma y con excelente maestría. Entre los animales aparece el mundo, sobre el que se alza Cristo, que venció con su sacrificio a la muerte y al pecado. La urna, otro elemento recuperado por dicha corporación de penitencia, tiene también una gran riqueza simbólica. Se convierte en una primera Custodia, que contiene el cuerpo y la sangre de Jesús, sacrificio eucarístico en aras de la redención. Las calaveras aladas son una referencia directa a la muerte, que debió experimentar el mismo Dios por la raza humana. En el remate figura la Vera Cruz, de la que pendió el más preciado de los frutos: el Cristo. Unas guirnaldas en la urna y los faroles aportarán movimiento al trono durante la procesión. Por último, encontramos seis cartelas con una selección de textos en latín de las Sagradas Escrituras que aluden a los misterios de la muerte, la Resurrección y la esperanza en la vida futura. Entre estas cartelas destaca la delantera, que alude al elemento identitario principal del Santo Entierro de Almogía: los cuatro lazos. Un conjunto que participa, además, del lenguaje fúnebre tradicional, creando una estampa única, que se completa con la presencia de las cuatro personas que portan los lazos. El maltrecho Cuerpo de Cristo, escultura de Juan Manuel Miñarro (2002), entra así en el juego de los contrastes, con los matices de la madera, del bronce, del cristal y de las propias variaciones de la luz, ya sea de la que alumbra al conjunto, ya sea la natural que corresponda en la tarde del Viernes Santo. |
Nota de La Hornacina: acceso a la galería fotográfica de las obras a través del icono que encabeza la noticia.
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