GUILLERMO NAVARRO BARBA

Jesús Abades (27/06/2026)


 

"Hacer un monumento a quien ha luchado toda su vida por los derechos LGTBQI+ es como hacer un monumento a un rey"

 

 

¿Desde cuándo te interesó el mundo del arte?

Desde pequeño, a través de las ciencias y las bellas artes, pero podemos poner un punto de inicio cuando dejé el bachillerato tecnológico. Ahí fue cuando decidí dar el salto e interesarme de verdad por el mundo del arte, antes de dedicarme a ello.

¿Y qué te interesó en particular? ¿Era una visión genérica o te interesaba una rama en particular?

La verdad es que yo siempre fui a tiro hecho con la escultura. Desde un primer momento tuve claro que la escultura era lo mío, tanto por su parte manual porque me gusta la materia, como por lo que me transmitía. Y sobre todo porque yo me fijaba mucho en ella, ya fuese en temas de ingeniería como en la escultura monumental. Iba con las ideas muy claras; de hecho, yo entré en la carrera diciendo que quería ser escultor.

¿Y tu formación? ¿Dónde se desarrolla?

Hizo el bachillerato en el Instituto Alto Conquero, después estuve un año en la Escuela de Arte y Oficios de Huelva, lo justo para poder aprobar la selectividad y entrar en los cuatro años de carrera, que hice en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Desde que salí de la carrera, hace ya tres años, he estado trabajando.

¿Y alguna formación en particular con algún escultor?

Claro, he estado trabajando con diferentes escultores. Estuve unos diez meses con Martín Lagares, que me enseñó mucho, sobre todo el tema de vaciado, moldes... lo que viene siendo la parte técnica. Después también trabajé estrechamente con Alberto Germán Franco, no tanto de taller, sino con su obra. Y ya de últimas, aunque de vez en cuando me sigue llamando para temas grandes, con Abraham Ceada, el magnífico imaginero de Huelva, con quien ya empecé a afinar más las esculturas, sobre todo en temas de imaginería. Con Martín y Alberto no toqué tanto eso.

¿Y qué referentes escultóricos han sido para ti los principales?

El principal, un escultor del que podría decir que yo soy devoto: Mariano Benlliure, el valenciano. Aunque no tanto como escultor de monumentos, me parece todavía un artista muy infravalorado, al que debería dársele mucho más bombo porque me parece espectacular toda su obra, su manejo, su frescura... nada que envidiar a coetáneos como Rodin. Otra influencia que me encanta, pero no tanto por lo que se le suele conocer, sino por su concepto escultórico, es Bernini. Esa redondez de sus formas me pierde. Me puedo quedar con esos dos, con Bernini y con Benlliure.

¿Eres de los que se centra siempre en lo escultórico o coges referencias de otros campos? ¿Todo lo que te gusta lo llevas a tu trabajo?

Todo: el cine, los cómics a los que soy bastante aficionado y por supuesto la pintura, aunque no soy pintor y tengo que decir que no disfruto nada pintando; yo disfruto mucho la pintura viéndola. Y sí, tengo muchas referencias de pintores; por ejemplo, para las telas, el 80 % de mis referencias son de Zurbarán.

¿Hay un material o un tipo de escultura específico que te gusta más trabajar por encima de otro?

El modelado en arcilla te da libertad absoluta, es lo que más disfruto. Tallando madera también, pero yo me lo paso bien con la arcilla porque eres libre y tienes la libertad de poner, quitar, etcétera. Con la madera disfrutas, pero estás más limitado, no tienes ese juego de "más volumen, menos volumen". Lo que menos he tocado es la piedra, seguramente no lo he hecho desde la facultad. Pero yo puedo trabajar cualquier material. También, por ejemplo, la resina.

 

 
 
Monumento a La Moni
Foto: Jesús Bermejo Herrera

 

¿Cuál consideras que es la primera obra con la que te diste a conocer? ¿O la primera con la que te sentiste por primera vez satisfecho como escultor?

El monumento a La Moni de Huelva, aunque yo en realidad me considero un niñato, tengo 26 años, me salí de la facultad hace nada, y entre que tengo poco recorrido y para lo poco que he expuesto y lo poco que me he movido, mucha suerte he tenido con todo lo que me ha pasado y todo lo que he aprovechado.

Mi primera escultura fue un Crucificado, que hice ya hace unos años, para la exposición de la Hermandad de los Estudiantes de Huelva en las salas de Diputación. Una obra que me dio a conocer en la ciudad, y aunque fue la primera, gustó muchísimo y yo lo agradezco un montón, tanto al público como a la Hermandad.

¿Cómo surgió que tú fueras el encargado de hacer el monumento?

Fue gracioso. Un día llego a casa y mi padre, muy apenado, me dice: "Guillermo, ha fallecido La Moni" Yo la conocía de oídas; soy del año 2000, no podía tener trato. La conocía por todo lo que me contó mi padre, mi abuelo, y mi abuela, que al parecer iba a todos sus espectáculos. También me enteré por mi padre que iban a hacerle un monumento. Pasaron los días y llegaron las Fiestas Colombinas. Fui con mi amiga Solaria, una conocida drag de Huelva, a la caseta municipal, donde iba a actuar La Moni, pero como falleció le hicieron un homenaje en su honor. Salió Andrés Lepe, el principal impulsor del monumento, gritando en el escenario: " ¡Queremos hacerle un monumento a La Moni!". Entonces Solaria me dijo: "Ve a hablar con él ahora mismo". Yo iba hecho un manojo de nervios, como es lógico. Allí mismo me presenté, y creo que de lo nervioso que estaba, le dije directamente: "Hola, soy Guillermo, y soy el que va a hacer el monumento a La Moni". Así, de primeras. Andrés y el círculo de La Moni vieron mi iniciativa, vieron que quería y tenía ganas, y ahí empezo todo: hablamos, llegó una fase de bocetos, y al final, entre mi obra y las de un par más de escultores, se decantaron por la mía. Y yo dando volteretas.

Siempre cuento la misma anécdota, pero es que me hace mucha gracia y así fue como ocurrió. Mi padre, que es muy serio, me dijo: "Tú no sabes a quién le estás haciendo el monumento. Más te vale hacerlo bien, que La Moni es La Moni". Fue un poco fortuito, pero lo agradezco un montón. Y lo que siempre digo: no podría haber pedido un mejor primer monumento: idea maravillosa, personaje maravilloso, sitio maravilloso.

No tuvo que ser fácil, porque aunque veías al personaje, no llegaste a tener un contacto directo con el mismo.

No, solo verla por la calle y desayunar muchas veces churros en el mercado junto a ella. Aunque no deja de ser curioso, porque cuando hacemos un monumento suelen son personajes históricos que nadie ha conocido, pero yo sí tuve en este caso a la retratada a mi lado. Quién me iba a decir entonces que iba a hacer un monumento a esa persona. Entonces, afrontarlo sin tener más que esa referencia, sin haberla conocido realmente, me obligó a conocerla en profundidad. El monumento refleja todos los testimonios que he recogido de La Moni, que han sido incontables porque todo el mundo la conocía, todo el mundo entraba en mi estudio y me contaba algo de ella: mi abuelo, mi padre, amigos de mis padres, sus propios amigos... Y así construí, digamos, lo que yo quería contar: la leyenda de La Moni. Yo buscaba agarrar una memoria, algo que me parece muy importante y muy difícil, y que no siempre se consigue. Con todas esas historias, anécdotas y fotografías, quería poder expresarlo en un monumento toda su vida y todo lo que sufrió. Se ve que lo he conseguido, por todo lo que me ha llegado después.

Una de las cosas que más nos llama la atención es la idea de una especie de ave fénix que va surgiendo entre volantes, como si el traje de cola empezara a atraparlo. ¿Esa idea fue tuya? ¿Qué libertad te dejaron?

En la fase de bocetos previos había dos claros bandos: los que querían a La Moni artista y los que querían sus dos facetas, la artista y la humana, pues hizo una gran labor social, sobre todo ayudando a los pobres, durante toda su vida. En buscar el equilibrio entre las dos estuvo el reto conceptual de la obra: la persona, la obra y el artista. Para ello hice muchos bocetos previos, que doné y ahora están expuestos en los salones de la Asociación de La Palmera, a la que ella pertenecía, donde hay un pequeño museo dedicado a La Moni. Incluso hay diferencias entre el boceto final y el resultado en bronce, porque yo soy bastante inconformista. La idea era principalmente la de una transformación, como si diera vueltas sobre sí misma, al modo de las súper heroínas, hasta llegar a su reencarnación de artista flamenca, drag y todo lo que ella abarcaba. Una especie de explosión. Además me interesó mucho que composición fuese en espiral, como si escalara el traje de cola. La libertad en todo caso fue total y yo ese siempre lo agradeceré muchísimo.

¿Hubo muchas propuestas aparte de la tuya?

Como ya te dije, creo que hubo dos más, pero prefiero ni preguntar ni saber. Al final mi resultado ha gustado y ha impresionado muchísimo, no solo por las calidades sino por el concepto, hasta el punto de que mucha gente va a un sitio al que nadie antes iba. El monumento a La Moni se ha convertido en una atracción para la ciudad. Es más, el otro día me dijo mi padre que tienen reventado el césped de la rotonda donde se alza, porque cada vez que pasa hay alguien mirando de cerca el monumento. Así que con eso, no hay mayor orgullo para mí.

Es un orgullo también en todos los sentidos, porque el monumento ha integrado a gente que, digamos, podría estar en bandos opuestos.

Claro, es que de eso también se trataba, de integración. Y que al final es humano, yo al menos lo veo humano. Tanto, por ejemplo, el monumento al Rocío que hizo Elías Rodríguez Picón para Huelva -que no es solo el de la Virgen del Rocío, sino el de toda la gente integrada en la Romería del Rocío-, como el monumento que he hecho yo a La Moni. Por cierto, muchas gracias también a la Hermandad del Rocío de Huelva, que le cantó a La Moni delante del monumento en el camino de vuelta. Para que quede constancia de lo importante que fue esta persona.

¿Tú personalmente te identificaste con ella? ¿Viste algo en su naturaleza de artista que te recordara a ti?

No, yo soy directamente lo opuesto. Yo muy de personas de taller, no soy nada de extrovertido y trato las cosas de manera un poco más distante. Soy además un poco frío, en plan abstraerme y estudiar. Por lo menos ahora mismo, en este punto en el que estoy. Es más, a mi novia soy incapaz de hacerle un busto, y mira que lo he intentado un par de veces, porque soy incapaz de abstraerme: no veo un rostro al que representar, veo la cara de mi novia. Yo intento mantener la distancia, pero que esa distancia me permita verlo todo.

 

 
 
San José

 

¿Y en el caso de la imaginería? Cerca de esa misma fecha presentaste una imagen de San José, la primera tuya que va para el culto público, si no nos han informado mal.

Sí, y eso me hizo muchísima ilusión. El único referente de imaginería que tengo es Abraham Ceada. A pesar de que he trabajado mucho con él y he aprendido un montón, la imaginería todavía es un campo de estudio que tengo pendiente. Me encantaría profundizar más. Sé que el San José también gustó mucho, pero no es imaginería ortodoxa, no es imaginería tal y como se la conoce. Es diferente, y no voy a negar que es diferente. Pero también ha gustado bastante.

Sin embargo, no vemos a Ceada en esa obra; la vemos más cercana a Germán Franco.

Claro. Como he aprendido con los tres, al final soy hijo de los tres maestros, cada uno a su manera. Y ahí en el San José se ve un poquito más a Alberto. También tuve libertad total en ese encargo.

¿Y ahora mismo cómo se presentan tus proyectos? ¿Qué tienes en mente?

Seguir, seguir y seguir. Ojalá llegase ahora otro monumento tan grande como el de La Moni, pero son obras que llegan una vez cada dos o tres años. Me gustaría seguir aprendiendo imaginería, porque es algo que verdaderamente me encanta y en lo que quiero trabajar, sobre todo temas de madera, talla, policromía... Esa es la línea de trabajo que estoy siguiendo, estudiando mucho, trabajando. Hace poco, por ejemplo, hice un curso en Sevilla impartido por Juan Bautista Jiménez. Y es que uno no para de estudiar nunca.

También estoy trabajando mucho el retrato; de hecho, tengo varios proyectos para clientes particulares. Me llama mucho el retrato. Y lo que trabajas en retrato te sirve para la imaginería, y al revés. Aprendes de todas las disciplinas que cultivas.

Huelva es una ciudad que ha valorado poco su patrimonio y su urbanismo. ¿Estás de acuerdo?

Por desgracia, bastante de acuerdo.

¿Y al artista? ¿Crees que en Huelva se valora al artista?

Mejor que hace unos cuantos años. Yo llevo poco en esto, pero mi juventud me ha llevado a moverme por Huelva, y veo que va mejor. Se va abriendo más. Hay más artistas, hay más encargos. Ya no se va tanto a buscar a Sevilla, ya se busca aquí. De mi generación anterior, Abraham o Elías ya demostraron calidad. Y ahora hay muchos chavales, incluso más jóvenes que yo, con una obra muy interesante y de mucha calidad. Está empezando a ser un buen momento. Todo eso que no se ha hecho antes está empezando a hacerse ahora, y lo agradezco, tanto para mí como para los que vienen.

¿Crees que iniciativas como la Asociación Apaso, el Espacio Cultural Santa Fe o el futuro Museo de Bellas Artes pueden contribuir?

Hay sobre todo que trabajar. Esto no nace, no florece, si no se trabaja. Por ejemplo, yo no sería tan conocido si no hubiera expuesto en Santa Fe gracias a que los responsables de Apaso -Chema y Rocío, a los que estoy muy agradecido- me invitaron a participar como escultor novel. Pues ese tipo de cosas hay que fomentarlas de verdad.

Respecto al proyecto del Museo de Bellas Artes de Huelva, yo tengo unas ganas enormes de que se inaugure y hagan eventos, y que haya una sala exclusiva para artistas de Huelva, con una exposición cada mes a un artista local. Y que dentro de ese museo se haga una sala de exposiciones temporales dedicada al arte contemporáneo de artistas onubenses, a poder ser menores de treinta años. Cosas de ese tipo. Hay que moverse.

Yo estoy aquí aguantando en Huelva porque me gusta y estoy a gusto. Pero por desgracia tengo muchos amigos que se han tenido que ir a otra ciudad porque aquí no han encontrado manera de subsistir. Porque los artistas también comemos, aunque la gente no siempre lo vea.

 

 
 

 

¿Y qué obra te gustaría hacer? ¿Qué sueños tienes?

Tantísimas. Yo tengo un cuaderno lleno de bocetos, de todo tipo de obras. Me gusta mucho trabajar por encargos, y a ser posible que me den libertad. De obras personales tengo varios proyectos preparados que me gustaría presentar, incluida la monumentalización entera de una zona. Eso es soñar alto. Si fuera por mí, me encantaría hacer un grupo escultórico para la fachada de una catedral. Me parecería maravilloso. También fuentes ornamentales y escultóricas, todo muy romano y muy monumental. Me encantaría embellecer Huelva con esculturas, como hizo en su momento Elías Rodríguez Picón, que ahí se quedaron en algunos monumentos.

¿Pero no crees que eso tendría que ir acompañado de una mayor conciencia del patrimonio, de entornos con plazas verdes, de más respeto por el urbanismo?

Bastante de acuerdo. Que nazca tanto de un ayuntamiento como del pueblo. El pueblo que exija zonas verdes, que diga "esto no nos gusta", que plante árboles, que se queje y que se le respete; que haya un interés tanto por parte del ayuntamiento como del pueblo. El tema de la arqueología también -mi novia es arqueóloga y me toca de cerca-: que se respete, se estudie, se explique, porque lo que uno no conoce no lo quiere. Y también el patrimonio. La gran pérdida que hemos tenido, no sé si fue este año o el anterior, con la antigua farmacia de la calle Concepción y su emblemática fachada de azulejos, por ejemplo... Hay tantas pérdidas. Esa es la que más me chocó a mí de hace poco. En serio, ese tipo de cosas: que la gente los valore y que, por ende, los tengan que valorar los ayuntamientos y las delegaciones de urbanismo.

Esta entrevista se publica el fin de semana del 27 y 28 de junio, una fecha muy emblemática para el colectivo LGTBIQ+, ese que inquieta tanto a Felipe González. Las reacciones al monumento han sido muy positivas. ¿Crees que puede suponer un avance en una ciudad donde el tema LGTBI todavía tiene camino que recorrer?

Lo es. Que haya un monumento en bronce de tres metros a una persona dentro del colectivo, y que ha luchado tanto por el colectivo, me parece equipararlo al monumento a caballo de un rey, en el sentido más digno de la palabra. Este es igual de digno y de grandioso. A una persona que no se tuvo que esconder -o que luchó para no tener que hacerlo- me parece indescriptible. Me lo han dicho miembros del colectivo. Y que se siga luchando, y sobre todo que se recuerde, que no caiga en el olvido. Una de las cosas que les dije a estas personas fue que el bronce es inmortal, ya sea un busto del emperador Carlos V o de La Moni en pleno vuelo. Así las futuras generaciones sabrán quién es La Moni, sabrán quién la ha hecho y se preguntarán, y pasarán por ahí y entenderán. Y que no sea raro, porque gracias a cierta gente sigue siendo raro pertenecer al colectivo. Pero sí, yo creo que ha sido un gran avance. No puedo hablar en profundidad o desde dentro porque no pertenezco al colectivo, pero sí los apoyo y estoy muy cerca gracias a muchos de mis amigos que forman parte del mismo, como Solaria, y también conocidos con los que he trabajado y sigo trabajando mucho.

¿Cómo es Internet en tu vida artística?

Yo soy bastante abuelo pese a mi edad. No soy de álbumes en Pinterest ni de ediciones digitales y demás. Si acaso lo que más cultive son las redes sociales, y tampoco tanto. Soy muy matérico, y si puedo, busco el libro físico del artista en cuestión, me lo compro y lo leo. De hecho, muchos los tengo llenos de arcilla, porque los abro para inspirarme cuando estoy trabajando. No soy muy tecnológico. Me gustaría en un momento dado trabajar en Blender y con resinas 3D como hacen otros compañeros, pero a mí un ordenador me cuesta bastante.

Una reciente publicación del escultor y docente Guillermo Martínez Salazar afirma, frente al uso cada vez más frecuente de la Inteligencia Artificial, que el proceso de creación artística debe seguir siendo un acto intelectual y manual que corresponde exclusivamente al artista, y que es el imaginero el que debe recuperar su rol como creador y manifestar su interpretación personal en su obra. ¿Qué opinas al respecto?

Maestro mío en la carrera, precisamente. Yo no estoy en contra de la Inteligencia Artificial siempre que sea una herramienta y no un producto para generar, por ejemplo, los desastrosos carteles que vemos ahora en muchas localidades. Todo lo nuevo que sirva para agilizar trabajo y que te permita llegar a tu idea, me parece maravilloso. Es como la paradoja del martillo, que sirve tanto para clavar clavos como para pegarle a alguien, pero en cualquier caso, úsalo bien.

 

 
 
Herodes destronado (detalle)

 

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