EL ECLIPSE SOLAR EN EL ARTE

09/08/2026


 

Los expertos en el tema, como Julio Solís García, afirman que en este año 2026 se va a interrumpir abruptamente un largo periodo sin eclipses totales de Sol en España, y además a lo grande, con dos réplicas sucesivas durante los siguientes años 2027 y 2028, aunque el último de esta serie será un eclipse anular, tan espectacular o más que los dos totales anteriores. Todos ellos serán visibles sin necesidad de salir de la península, aunque se producirán en diferentes zonas.

En la historia del arte, el eclipse solar ha demostrado ser mucho más que un simple evento astronómico, constituyendo un recurso plástico, narrativo y psicológico sumamente versátil; desde el plano teológico hasta el científico, pasando por el existencial y el metafórico.

 

 
 

Crucifixión (Philippe de Champaigne)


Influenciado por el rigor conceptual del jansenismo y los avances astronómicos del siglo XVII, el pintor barroco francés realiza una de las ambientaciones más sobrecogedoras del pasaje de la Crucifixión. Champaigne representa el inicio del eclipse en lo alto del lienzo, logrando teñir la atmósfera y la ciudad lejana de Jerusalén con una pálida luz verdosa y fantasmal, idéntica a la extraña distorsión cromática que precede a la totalidad de un eclipse solar real. Este gran óleo sobre lienzo (259 x 233 cm) pintado en 1655 originalmente para el altar mayor del convento grande de los cartujos, situado cerca de Grenoble, ingresó en el Museo de dicha ciudad francesa tras las incautaciones de la Revolución Francesa en 1793.

 
 

 
 

San Dionisio Areopagita convirtiendo a los filósofos paganos (Antoine Caron)


Caron, máximo exponente del manierismo francés, fusiona la narración bíblica con el espíritu renacentista de la astronomía. En el centro de este óleo sobre lienzo (92,7 x 121,6 cm) pintado hacia 1570-1580, hoy en el Museo Getty de Los Ángeles, retrata un eclipse solar con una precisión asombrosa para la época: el Sol aparece como un disco rosado u oscuro que deja ver a su alrededor una resplandeciente nebulosa amarilla, representando con un enorme rigor visual la corona solar visible durante la fase de totalidad. La obra representa al teólogo griego Dionisio el Areopagita en Atenas explicando a los filósofos paganos que el eclipse solar extraordinario que presenciaban no era un fenómeno astronómico ordinario, sino la señal de la crucifixión de Cristo en Jerusalén.

 
 
 
 

Adoración a los pastores (Taddeo Gaddi)


Este fresco, pintado para la capilla Baroncelli de la Basílica de Santa Croce (Florencia), no representa un eclipse sino una escena nocturna en la que el ángel que desciende del cielo emite un resplandor dorado y cegador que ilumina el paisaje y a los pastores. Aunque el fresco no dibuja el disco solar tapado por la Luna, la fascinación y el tratamiento revolucionario que Gaddi, discípulo de Giotto, le dio a la deslumbrante luz en un entorno de penumbra están íntimamente ligados con su obsesión astronómica. El pintor intentó recrear esa misma experiencia óptica: la sensación de un deslumbramiento repentino que eclipsa la oscuridad de la noche mediante una luz irreal, cálida y sobrecogedora. Según recogen historiadores y testimonios de la época, Gaddi sufrió un grave daño ocular en 1339 tras observar directamente un eclipse solar total sin protección.

 
 
 
 

Erección de la Cruz (Peter Paul Rubens)


En este tríptico monumental, el eclipse no se encuentra en el panel central donde Cristo es izado, sino que está situado en la esquina superior izquierda del panel lateral derecho, cuyo tema son los preparativos para la crucifixión de los ladrones en un espacio de enorme tensión y violencia tanto física como emocional. Rubens utiliza el eclipse para amplificar la intensidad dramática y cósmica y la atmósfera opresiva y trágica de la escena. Pintado entre 1610 y 1611 para el altar mayor de la Iglesia de Santa Walpurgis, la obra se conserva actualmente en la Catedral de Nuestra Señora de Amberes.

 
 
 
 

Cristo Crucificado (José de Ribera)


De nuevo una Crucifixión, pues en los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se menciona que, durante la muerte de Jesús, desde la hora sexta hasta la novena, se oscureció toda la tierra ("obscuratio solis"). La tradición teológica y artística del Barroco interpretó este oscurecimiento del mediodía como un eclipse solar milagroso provocado por la interposición de la Luna sobre el astro rey. En este caso, el fenómeno astronómico está situado en la zona media-baja del lienzo, a la derecha de las piernas de un Cristo que agoniza en la cruz con la mirada dirigida hacia arriba. El fondo es neutro, sobrio y tenebrista, con apenas una suave silueta montañosa en la base inferior izquierda. En la base de la cruz se aprecia la firma de Ribera, así como la fecha (1643). Se trata de un óleo sobre lienzo (241 x 168 cm) encargado por el conde de Monterrey (virrey de Nápoles) para el convento de las agustinas recoletas de Salamanca, luego pasó por colecciones privadas antes de ingresar en el Museo de Bellas Artes de Álava.

 
 
 
 

Isaac y Rebeca espiados por Abimelec (Rafael Sanzio)


Los historiadores y astrónomos destacan este fresco, perteneciente al famoso ciclo decorativo de las Logias del Vaticano, porque en Roma tuvo lugar un eclipse solar el 8 de junio de 1518. Rafael y los discípulos de su taller -como Giulio Romano o Giovanni da Udine- que se encontraban pintando las Logias exactamente en esa época, presenciaron el evento e inmortalizaron esa visión gráfica del eclipse en el cielo de esta pintura, que ilustra el pasaje del Génesis en el que el rey filisteo Abimelec espía desde una ventana a Isaac abrazando amorosamente a Rebeca. Isaac había hecho pasar a Rebeca por su hermana por miedo a ser asesinado; el encuentro íntimo y la luz enrarecida del eclipse que ilumina el entorno exterior, dejan al descubierto la verdad ante el monarca.

 
 
 
 

El eclipse del sol (George Grosz)


En la esquina superior izquierda, el Sol no está cubierto por la Luna, sino por un enorme disco con el símbolo del dólar ($). El eclipse representa literalmente el oscurecimiento de la razón y la sociedad bajo el imperio del dinero, el capitalismo descontrolado y la influencia de las finanzas estadounidenses en la frágil República de Weimar. El eclipse tiñe toda la sala de una luz turbia y sombría, en la que las figuras poderosas operan a ciegas sobre el futuro de Alemania: el militar simboliza el Reich, el financiero a la élite empresarial que dicta las decisiones políticas, los burócratas sin cabeza a los funcionarios que acatan órdenes ciegas y sin pensamiento propio, y el burro al pueblo alemán. En definitiva, una de las sátiras políticas más famosas del periodo de entreguerras, pintada en 1926, que ha adquirido plena vigencia un siglo después.

 
 
 
 

Eclipse solar, Lompoc (Howard Russell Butler)


El autor es considerado el retratista de eclipses más importante. Antes de pintor fue científico, de ahí que su obra combine la precisión científica con la maestría pictórica en una época en la que la tecnología no podía capturar la realidad visual del fenómeno. Esta versión en particular del Museo Princenton, pintada en 1932, es famosa por el reto que supuso: el día del eclipse en California el cielo estaba parcialmente cubierto de nubes. Butler no solo retrató la corona filtrándose entre la bruma atmosférica, sino también el fenómeno conocido como "anillo de diamantes", que ocurre cuando los últimos destellos del Sol brillan a través de los valles y cráteres del borde de la Luna.

 
 
 
 

El eclipse de sol en Venecia (Ippolito Caffi)


Famoso por sus espectaculares vistas urbanas (vedute), Caffi presenció en directo el histórico eclipse solar total del 8 de julio de 1842 desde la propia ciudad de los canales, por lo que no pintó esta escena desde la imaginación, sino que tomó apuntes y bocetos del natural durante los breves minutos de la totalidad del eclipse sobre la laguna veneciana. El artista retrató con asombrosa precisión científica el disco lunar negro tapando al Sol, rodeado por el halo luminoso de la corona solar que destella en tonos nacarados e iridiscentes.

 
 
 
 

Crucifixión con sol oscurecido (Egon Schiele)


En 1907, Schiele estaba profundamente influenciado por Klimt y el simbolismo vienés, lo que se nota en el halo blanco luminoso que rodea la cabeza de Cristo y en el tratamiento plano y estilizado del paisaje de fondo. Fue firmada y fechada por Schiele en el margen izquierdo, cuando apenas tenía diecisiete años de edad y aún estudiaba en la Academia de Bellas Artes de Viena. Es una obra de transición fascinante: aunque el tema es sacro y tradicional, la atmósfera mórbida, los tonos morados y la palidez cadavérica de Cristo y los ladrones ya adelantan el expresionismo desgarrador que definiría la etapa de madurez del pintor.

 

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