TIEMPOS DE PAZ Y DIPLOMACIA

03/11/2026


 

 

Introducción

Diego de Sarmiento y Constanza de Acuña destacaron como una de las parejas diplomáticas más significativas de su tiempo. Sin embargo, para el gran público no son unas figuras tan conocidas como sin duda merecen. Por ello, el Museo Nacional de Escultura (MNE) busca enmendar esta situación con la exposición temporal Tiempos de paz y diplomacia, en la que dar un justo lugar a ambos personajes.

El cuarto centenario de la muerte del que sería primer conde de Gondomar -acaecida el 2 de octubre de 1626- es la oportunidad perfecta para recuperar la memoria de esta singular pareja y una oportunidad única de profundizar en su figura y sus logros, siempre a la altura de las circunstancias que les tocó vivir.

Durante el primer tercio del siglo XVII, distintos países europeos buscaron abrir un nuevo tiempo de concordia después de las guerras territoriales y de religión que habían asolado el continente el siglo anterior. Sus respectivos embajadores actuaron como figuras clave para negociar los tratados y asegurarse de que se cumplían. El más notable de los que representaron a España en este periodo fue, sin duda, Diego Sarmiento de Acuña, primer conde de Gondomar.

La trayectoria política y diplomática de don Diego no puede entenderse sin Constanza de Acuña. Su presencia fue esencial para la labor política y diplomática de su esposo, pero su figura no ha sido aún suficientemente conocida ni estudiada, por lo que se hace necesario darle relevancia en el marco de esta exposición. Doña Constanza fue, además, el motivo por el que la pareja fijó su residencia en Valladolid. Fue una condición y exigencia incluida en sus capitulaciones matrimoniales, lo que llevó aparejado la adquisición y reforma de un magnífico palacio: la Casa del Sol, una de las actuales sedes del MNE. Aunque nacido en Astorga y criado en Galicia, don Diego quedó así estrechamente vinculado a Valladolid, donde ejerció como corregidor. La ciudad castellana ocupa, por tanto, un lugar fundamental en la historia del matrimonio y constituye uno de los ejes de la muestra. 

La Casa del Sol acabaría alojando una de las más destacadas bibliotecas de toda la Edad Moderna. Reunida por don Diego, conservada por doña Constanza y convertida en todo un referente para la cultura de su tiempo, esta colección se convirtió en un legado cultural excepcional que, si bien disperso, aún mantiene un importante poder simbólico para la ciudad de Valladolid y para el conjunto del patrimonio de España. Esta muestra quiere evocar la memoria de esta biblioteca, que tantos elogios cosechó en su tiempo.

Tiempos de paz y diplomacia desea dejar constancia del poder mediador y conciliador de la diplomacia en las relaciones internacionales y, asimismo, visibilizar el importante papel que tienen los museos para la paz, poniendo en valor, en este caso, uno de los escasos períodos de estabilidad política en la historia europea de los últimos quinientos años. 

Para el desarrollo de esta muestra se cuenta con la colaboración de la Universidad de Valladolid (UVa) y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que a través de la Agencia Estatal de Investigación contribuye con la producción del catálogo. Esta iniciativa se incluye en el ámbito del proyecto Misiones y transmisiones: intercambios entre la península ibérica y las islas británicas en la época moderna extensa, gestionado por la Universidad de Valladolid dentro del Proyecto I+D+i 2020 Generación de Conocimiento (PID2020-113516GB-I00).

 

 

Discurso expositivo (I)

La carrera política de don Diego comenzó cuando asumió el cargo de corregidor, primero de Toro y después de Valladolid, coincidiendo este último mandato con el establecimiento de la corte de España en la ciudad (1601-1606). Fue un periodo breve pero intenso, marcado por grandes celebraciones, numerosas procesiones litúrgicas y destacadas manifestaciones del poder civil y religioso -en las que participaron tanto habitantes de la ciudad como visitantes-, y que ahora se pretenden evocar. La gestión de la ciudad llevada a cabo por Gondomar en estos años fue tan notable que casi todos los escritores de la época (Góngora, Quevedo, Lope o el mismo Cervantes) le mencionan en alguna de sus obras, contribuyendo así a la pervivencia de su memoria.

La etapa más notable de los condes de Gondomar coincidió con el reinado de Felipe III (1598-1621), de marcado carácter pacifista. En los períodos en que don Diego fue corregidor o pretendiente a la corte -pero también durante los distintos periodos de su carrera diplomática- su círculo de contactos se fue extendiendo. Son muchos, por tanto, los personajes que tuvieron protagonismo en la corte española y con los que don Diego, y muchas veces doña Constanza, tuvieron que relacionarse. Entre ellos figuran nombres como el duque de Lerma, Rodrigo Calderón o Pedro Franqueza, cuyo retrato, realizado por Juan Pantoja de la Cruz, se expone por primera vez al público tras su adquisición para el MNE en 2024. Todos ellos son evocados mediante diversas piezas que reflejan la cultura material cortesana de la época y que hablan de usos y costumbres especialmente significativos en este momento: el culto a las reliquias, la necesidad de ostentación del poder mediante el mobiliario o la vajilla o la circulación de excepcionales regalos entre las distintas cortes europeas para tratar de buscar el favor del rey español o de su valido.

La diplomacia española se hizo famosa en Europa por el despliegue de sus embajadas. Como representantes de la Monarquía Hispánica, los embajadores conocían la importancia propagandística de impresionar a sus anfitriones y por ello viajaban acompañados de un importante séquito de servidores que transportaban un vasto equipaje. En él se podía encontrar todo tipo de objetos que sirvieran para impresionar con esa magnificencia a cualquiera que los observase: muebles realizados en materiales exóticos, llamativos objetos de aparato, suntuosos regalos, delicadas piezas decorativas... Todo ello formaba parte de ese ajuar que llevaban consigo los embajadores y con el que aspiraban a asentar una pequeña corte española allí donde iban.

Tras una época beligerante con la corona española, la corte inglesa de Jacobo I se prestó desde el primer momento a buscar la paz, firmando un tratado en Londres en 1604 que luego sería ratificado por Felipe III en Valladolid en 1605. Ambos documentos, de una importancia histórica innegable, se reúnen en esta sala junto a la reproducción del magnífico cuadro de Pantoja de la Cruz que inmortaliza la firma del primero de ellos. Se evoca con ello ese momento de cambio y sirve como ejemplo del entendimiento y la buena voluntad de las partes por alcanzar la paz. Fue el comienzo de una nueva y esperanzadora fase en las relaciones anglo-hispanas, donde la ausencia de conflictos armados se tradujo en un florecimiento de los intercambios culturales, materiales y económicos entre ambos países, que tuvieron su reflejo, como no podía ser menos, en la literatura de la época.

 

 

Discurso expositivo (II)

El gran trabajo realizado por don Diego durante su primera embajada en Londres (1613-1618) -para la que contó con la imprescindible colaboración de su esposa Constanza- le valió el título de conde de Gondomar y un nuevo nombramiento como embajador español en Inglaterra entre 1619 y 1622.

Durante su estancia en Londres llevó a cabo una férrea defensa de los intereses españoles en Inglaterra. Para ello se mostró siempre a favor de la comunidad católica, protegiendo a personalidades como Luisa de Carvajal. Pero también luchó encarecidamente contra la piratería que amenazaba a los barcos españoles, logrando la caída del explorador cortesano Sir Walter Raleigh, considerado un héroe por los ingleses. Todo ello provocó una intensa campaña de propaganda antiespañola en la que don Diego fue el principal foco de atención: el "Maquiavelo español". Una crítica que además se vio acrecentada con el fracaso del "Spanish Match", el matrimonio que debería unir a la infanta española María con el príncipe Carlos y que culminaría en una nueva declaración de guerra, echando por tierra los ingentes esfuerzos realizados por los condes de Gondomar para alcanzar una paz perdurable.

El legado más duradero que dejaron los condes de Gondomar fue su magnífica biblioteca. A lo largo de su vida y de sus viajes -ya fuera en Gondomar, Valladolid, Madrid o Londres- don Diego fue recopilando diversos ejemplares que doña Constanza se encargó de conservar tras su muerte. Mientras llevaba a cabo su destacadísima labor política y diplomática, desarrolló en paralelo su gran proyecto vital, al que siempre dedicó su tiempo y sus recursos: el de reunir todos sus libros y documentos en una gran biblioteca en su palacio de Valladolid, la Casa del Sol. Un lugar que aquí es evocado mediante diversos objetos que bien podrían haber formado parte del mismo, como el mobiliario que conformaría ese estudio en el que tanto gustaba estar a don Diego, los textiles con los que se solían decorar estos espacios o las armas que, junto a los libros, resumían claramente el papel con el que se identificaba la nobleza del momento.

La muerte impregna todo el Siglo de Oro. Y don Diego, como hombre de su tiempo, siempre la tuvo presente, no solo a lo largo de su vida -pues viajaba a todas partes acompañado de su mortaja- sino también en sus momentos finales. Su testamento refleja claramente cómo era el pensamiento de la época, pero también nos habla de cómo era él y de cómo entendió su paso por el mundo. Antes de su segunda embajada en Londres contrató la decoración de la cripta de San Benito el Viejo, anexa a su Casa del Sol. En este lugar habrían de reposar sus restos y los de sus familiares, cumpliendo así con los privilegios derivados de su patronato sobre la parroquia. Por desgracia, dicha decoración no se ha conservado, pero las piezas reunidas en Tiempos de paz y diplomacia permiten realizar un interesante ejercicio de imaginación acerca de cómo pudo haber sido, siguiendo las indicaciones precisas dictadas por el propio Gondomar.

 

 

Catálogo y actividades paralelas

Tiempos de paz y diplomacia está acompañada de un completo catálogo que abordará hace especial hincapié en reflejar los tiempos de paz en que vivieron los primeros condes de Gondomar, reconocer la importancia capital de la figura de doña Constanza y remarcar el legado cultural dejado por la pareja en la gran biblioteca de la llamada Casa del Sol. Junto a detalladas fichas de las piezas que participarán en la muestra, se incluirán artículos científicos de la mano de expertos y estudiosos de estas materias, como Glyn Redworth (Universidad de Oxford, Reino Unido), Carmen Manso Porto (Real Academia de la Historia) o Diego Herrero García (Universidad de Valladolid), que se suman a las aportaciones de los propios comisarios. Por otro lado, dado el alcance de esta exposición y la participación de diversas instituciones de ámbito nacional e internacional, esta edición será bilingüe, en español e inglés, con objeto de alcanzar una mayor proyección, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Esta exposición viene acompañada también de una amplia variedad de actividades con las que acercar al público, de manera amena y didáctica, el legado de los primeros condes de Gondomar. Hasta su clausura el 14 febrero del próximo año 2027 se realizará una serie de visitas a la exposición, con algunas sesiones con traducción simultánea a la lengua de signos española (LSE). Además, los comisarios de la muestra realizan sus propias visitas guiadas para dar a conocer en mayor profundidad la trascendencia del legado de Gondomar y se llevarán a cabo paseos por "el Valladolid de la corte". Por otra parte, se ofrecerán talleres para todas las edades: los más pequeños podrán disfrutar en Carnaval de una sesión de animación a la lectura bajo la temática de los piratas, mientras que para el público adulto se ha preparado una actividad de antropología teatral vinculada a los recorridos vitales de cada persona; ambos talleres buscarán reforzar las ideas de paz y diplomacia que rigen el discurso de la exposición. Por último, la programación cultural se completará con un ciclo de conciertos -"El eco de la corte"-, una lectura dramatizada de textos de Félix Lope de Vega y Miguel de Cervantes y un ciclo de conferencias sobre el matrimonio condal en el mes de enero, con la participación de diversos especialistas en las figuras de sendos personajes.

 

 

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