LOS RIBALTA Y EL BARROCO NATURALISTA

23/05/2026


 

 
 

La Magdalena después de la comunión

Francisco Ribalta
Hacia 1620-1625
Óleo sobre lienzo
122 x 103 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

 

Introducción

El Museo Carmen Thyssen Málaga presenta Los Ribalta y el barroco naturalista, una nueva exposición temporal de producción propia que cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Estepona, la colaboración del Museo de Bellas Artes de Valencia (MuBAV) y el comisariado de su director, Pablo González Tornel.

La muestra, que se exhibe en la Sala Noble del Palacio de Villalón hasta el próximo 4 de octubre, reúne 10 obras del taller familiar fundado por el que fuera precursor del barroco en Valencia, Francisco Ribalta (Solsona, Lleida, 1565 - Valencia, 1628), y en el que trabajó su hijo, Juan Ribalta (Madrid 1596/1597 - Valencia, 1628) durante su corta vida.

Tras las exposiciones Fieramente humanos. Retratos de santidad barroca y Zurbarán. Santas, Los Ribalta y el barroco naturalista ahonda, en la línea de estudio del Museo Carmen Thyssen Málaga (Calle Compañía, 10) de la imagen de la santidad en el Siglo de Oro español.

En esta ocasión, la propuesta se centra en Valencia, donde, de la mano del arzobispo San Juan de Ribera (1532-1611), comienzan a afianzarse las ideas artísticas de la Contrarreforma y Francisco Ribalta se convierte en figura de referencia a la hora de introducir el naturalismo barroco en la pintura religiosa.

 

 
 

Preparativos para la Crucifixión

Juan Ribalta
1615
Óleo sobre lienzo
311,7 x 239,5 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

 

Obras

La España del siglo XVII, regida por la monarquía de los Habsburgo, impulsó con gran empeño e intensidad el arte religioso de la Contrarreforma católica, cuyo objetivo debía ser la persuasión sensorial de las almas para reforzar su fe. Para ello, se apostó por la cultura visual como medio de comunicar la religión y se definieron claramente las funciones de la imagen sagrada: enseñar, deleitar y, sobre todo, conmover. Buena parte del Barroco español estuvo así dominado por el naturalismo, en ocasiones descarnado. La apariencia de realidad impregnó, desde finales del XVI y durante toda la centuria siguiente, la obra de escultores y pintores como Gregorio Fernández, Zurbarán, Martínez Montañés, Velázquez, Espinosa, Murillo, o los Ribalta (Francisco y Juan), cuyas obras centran esta exposición.

Las obras expuestas retratan a la perfección y con ejemplos de alta calidad la producción de los artistas valencianos del siglo XVII personificados en la familia Ribalta. Ellos resolvieron con gran maestría las escenas religiosas, cargándolas de profunda emoción y patetismo, y provocando la llamada a la devoción y conversión de los fieles, de acuerdo con los preceptos de la Contrarreforma católica. Una praxis que también ejercieron en la misma zona de levante Jerónimo Jacinto Espinosa o Pedro Orrente, el setabense José de Ribera en Italia y, en el resto del territorio español, artistas como Gregorio Fernández, Zurbarán, Murillo, Velázquez o Martínez Montañés, entre otros, ya en pintura como en escultura.

En Valencia, los Ribalta se convirtieron en referentes indiscutibles. El iniciador de la saga, Francisco Ribalta, formado en Barcelona, pasará primero por Madrid y el entorno escurialense para recalar en Valencia a las puertas del siglo XVII. Su producción evoluciona del gusto tardomanierista al más puro barroco naturalista que, además de aplicarlo en las escenas religiosas, también lo plasmó en los retratos "del vivo" de los santos y religiosos valencianos de su tiempo. De él se muestran algunas piezas extraordinarias como su San Bruno para el retablo de la cartuja de Porta Coeli (1625- 1627) o La Magdalena después de la comunión (c. 1620-1625).

Por su parte, su hijo Juan Ribalta estuvo vinculado desde el comienzo al taller paterno, llegando a menudo a confundirse su obra con la de su progenitor y maestro. Juan Ribalta fallece en el mismo año que el padre -1628-, con apenas treinta años; ello truncó la prometedora carrera de un pintor que paulatinamente fue marcando ciertas diferencias con la obra de Francisco, al acusar el hijo de forma más evidente la influencia del pintor murciano Pedro Orrente en recursos y estilemas como la monumentalidad de las figuras, la composición dramática, un colorido más a la veneciana o el singular tratamiento de la luz, herencia del gusto italiano. Además, Juan Ribalta obedeció al prototipo de pintor intelectual, participando activamente en entornos poéticos y relacionándose con humanistas del momento.

La decena de obras expuestas forma parte de la colección del MuBAV. En origen, sin embargo, sus destinatarios fueron instituciones religiosas: la cartuja de Porta Coeli, en el valenciano valle de Lullén, el convento de Santo Domingo y el monasterio jerónimo de San Miguel de los Reyes, ambos en la ciudad de Valencia. Para este último, Juan Ribalta pintó en 1615 el enorme lienzo Preparativos para la Crucifixión que preside la Sala Noble, y que el hijo de los Ribalta finalizó cuando aún no había cumplido los veinte años. En el mismo actualiza una composición de su padre, treinta años anterior, y la convierte en una pieza monumental cargada de emoción en la figura de Cristo.

 

 
 

Encuentro del Nazareno con la Virgen

Francisco Ribalta
Hacia 1611-1615
Óleo sobre lienzo
147 x 189 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

 

Francisco Ribalta

Se formó inicialmente en Barcelona, aunque abandonó Cataluña en 1581 ante la temprana muerte de sus padres. En Madrid entró en contacto con el núcleo de artistas cortesanos activos en El Escorial y la obra de Juan Fernández de Navarrete "el Mudo" y Bartolomé Carducho dejó especial huella en su manera de pintar.

En 1599 se trasladó a Valencia, probablemente en la comitiva que se desplazó a la ciudad para las bodas de Felipe III y Margarita de Austria. Allí entró al servicio del arzobispo Juan de Ribera y Pinelos (San Juan de Ribera), bajo cuyo patronazgo su pintura combinó el incipiente naturalismo aprendido en la corte con la firme aplicación de las directrices de la Contrarreforma católica con respecto a la imagen artística. El prestigio de Ribalta y sus contactos con otros centros artísticos explican, en gran medida, la creación en 1616 de un Colegio de Pintores en Valencia que se dirigió al rey en 1617 para obtener la sanción de la corona.

Francisco Ribalta fue el iniciador del Barroco en Valencia y creó una escuela de pintores de la que formaron parte su propio hijo Juan Ribalta (1596/1597-1628), Vicente Castelló (hacia 1585-1636) o Jerónimo Jacinto de Espinosa (1600-1667). A partir de una formación tardomanierista, fue modulando su estilo sobre la base de la pintura del natural y a través de un profundo realismo y del empleo teatral de la iluminación en sus escenas; estilemas aprendidos a través de la circulación de copias de obras de Caravaggio, la importación de lienzos de José de Ribera desde Nápoles y la presencia del pintor itinerante Pedro Orrente en Valencia.

Ribalta ejecutó formidables pinturas religiosas como el retablo de Santiago en Algemesí (hacia 1603), la Santa Cena del Colegio del Corpus Christi de Valencia (1606) o el retablo de la cartuja valenciana de Porta Coeli (1625-1627). No obstante, fue también fundamental en el desarrollo del retrato naturalista en Valencia, realizando efigies tomadas "del vivo" de fray Domingo Anadón, Jerónimo Simó, sor Margarita Agulló, San Juan de Ribera y muchos de los principales protagonistas de la religiosidad valenciana del momento.

 

 
 

Calvario

Juan Ribalta
Hacia 1616
Óleo sobre lienzo
107 x 81 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

 

Juan Ribalta

Permaneció durante toda su vida ligado al taller paterno y su obra se ha confundido con frecuencia con la de su progenitor. No obstante, se trata de un pintor de notable personalidad que, probablemente, habría llegado a ser uno de los grandes maestros del Barroco en España si la enfermedad no hubiera truncado su carrera con apenas 30 años.

En 1615, con tan solo 18, firmó para el Monasterio de San Miguel de los Reyes la tela Preparativos para la Crucifixión, hoy en el MuBAV. La pieza remite a la obra homónima de su padre que se conserva en el Museo del Ermitage (San Petersburgo), pese a que Juan acentúa el claroscuro tomado de Caravaggio y muestra una tendencia mucho más decidida por el naturalismo descarnado.

En 1617 Juan Ribalta se inscribió en el Colegio de Pintores, y en 1618 contrajo matrimonio con Mariana Roca de la Serna (una viuda acomodada), lo que le permitió alcanzar una notable independencia económica.

Antonio Palomino, tratando de distinguir las producciones de Francisco y Juan Ribalta, afirmó que "la manera del padre fue más definida, y la del hijo más suelta y golpeada", aunque las diferencias entre ambos son más profundas y se acentuarían con el tiempo. Juan acusó de manera mucho más clara la presencia en Valencia a partir de 1616 del murciano Pedro de Orrente, cuyo Martirio de san Sebastián para la Catedral marcó profundamente la monumentalidad de las figuras del joven Ribalta. Igualmente, fue muy permeable al tratamiento de la luz y del dramatismo de las composiciones que Orrente había aprendido en Italia.

Además, Juan se convirtió en el modelo de pintor intelectual, pues participó en las justas poéticas en honor del santo arzobispo Tomás de Villanueva en 1618 (publicadas en 1620), y el poeta Gaspar de Aguilar le dedicó encendidos elogios. Ribalta se relacionó con el humanista Diego Vich, quien le encargó varias obras para el monasterio jerónimo de La Murta. Obras maestras como el Retrato de Gaspar Aguilar de Valencia, el San Juan Evangelista del Prado, o las diferentes versiones del Calvario y la Santa Cena que se deben a su mano dan cuenta de la altísima calidad del pintor.

 

 
 

San Bruno

Francisco Ribalta
Hacia 1625-1627
Óleo sobre lienzo
179,5 x 83,5 cm
Museo de Bellas Artes de Valencia

 

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