PROCESO DE RECUPERACIÓN DE LA IMAGEN DEL CRISTO DE LA MISERICORDIA
DE LA COFRADÍA SERVITA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES Y SANTÍSIMO CRISTO
DE LA MISERICORDIA EN EL SANTO SEPULCRO (LOS PALACIOS Y VILLAFRANCA) (y II)

Juan Manuel Miñarro López y Manuel Mazuecos García


 

 
 

En esta segunda y última entrega abordamos la talla de la madera sintética ya endurecida. Las lagunas de soporte fueron reconstruidas con la pasta sintética ya mencionada. Una vez que esta materia endurece, puede recibir el mismo tratamiento de mecanización que la madera original.

 
 

 
 

Las herramientas utilizadas fueron las gubias y los raspines, los mismos instrumentos utilizados en las labores de talla. Hemos seleccionado aspectos del trabajo realizado en la cabeza, cabello y rostro de la imagen.

 
 

 
 

La preparación o aparejo es el nombre que reciben unas capas bases que se aplican normalmente sobre la madera antes de las labores de policromía. Suelen estar constituidas por sulfato o carbonato cálcico aglutinado con cola orgánica. Se aplican disueltas en caliente y constituye unas de las operaciones tradicionales de la imaginería, conocida también como estucado. 

La imagen del Cristo fue estucada en origen, y ahora debía serlo de nuevo. Para ello, se han utilizado los mismos tipos de materiales que los originarios. Toda la escultura debía recibir, al menos, tres capas de estuco, a excepción de las zonas de policromía antigua conservadas, que se respetaron y sirvieron para poder reconstruir toda la encarnadura de la imagen.

 
 

 
 

Una vez terminada la aplicación de las capas de estuco, procedimos al lijado de la superficie para conseguir la necesaria suavidad y nitidez de las formas. A continuación, entramos en el capítulo más importante del proyecto: la policromía, la cual es responsable del acabado de cualquier imagen. Si al estudio de las formas no le acompaña unos adecuados procedimientos de pintura, la imagen no funciona. 

La policromía se desarrolló en tres fases diferenciadas pero unitarias, todas fundamentales para el resultado final: imprimación, encarnadura y pátina. Cada una de ellas precisó técnicas y procedimientos distintos. La técnica de imprimación consistió en la adecuación previa de la capacidad de absorción del estuco. Se aplicó un tono base de color cálido para las carnes, frío para las telas y oscuro para el cabello.

 
 

 
 

La encarnadura es el proceso y estudio definitivo del color de las carnes, del cabello, de las heridas, de la sangre y del paño de pureza. La técnica utilizada fue la misma de la policromía antigua: óleo pulimentado. El preparado estuvo compuesto de blanco de zinc, mezclado con distintos tipos de tierras. Todos los pigmentos usados eran de origen mineral.

Para conseguir una excelente transparencia, se aplicaron dos manos de pintura. Antes de la aplicación de la última, se pegaron los brazos al cuerpo con resina epoxi. El nivel de bruñido se consiguió con el corete, una vejiga animal que se aplica mojándola en agua limpia y frotándola sobre la pintura. Además de la conservada, se dejó un testigo de la encarnadura quemada.

 
 

 
 

La pátina es el tratamiento final de veladuras destinadas a envolver los tonos y realzar las texturas de la superficie. En el caso del Cristo de Los Palacios, era fundamental conseguir con la pátina el aspecto añejo de la encarnadura. No queríamos que ésta pareciese totalmente nueva. 

 
 

 
 

La imagen de la fotografía de la izquierda es la del Cristo de la Misericordia, obra documentada de Juan de Oviedo y de la Bandera (1591). Recibe culto en la Parroquia de San Juan Bautista de San Juan del Puerto (Huelva). El parecido en cuanto a composición y anatomía es extraordinario. Los torsos de ambas imágenes tienen la misma torsión y morfología. El arranque del cuello y la caída de la cabeza son iguales. Los paños de pureza presentan la misma composición. La imagen de Huelva conserva la policromía original y sobre todo los ojos tallados. La imagen de Los Palacios, en cambio, ha sufrido toda clase de tranformaciones. Hemos incluido una de las escasas fotografías de ésta última pieza fijada al madero, para que la comparación sea más fácil y sensible. Otra talla de parecida traza es el Cristo del Callejón de la Parroquia de la Magdalena (Sevilla), atribuido a Juan de Oviedo.

 
 

 
 

Comparativa de la imagen antes del incendio y después de la restauración. Según datos recientemente descubiertos por Julio Mayo Rodríguez, el Cristo sufrió una importante restauración en 1856, año en que fue trasladado al taller del imaginero Juan Palomino de Jerez de la Frontera (Cádiz). Es probable que en esta reforma se realizara la articulación de los brazos y la implantación de los ojos de cristal. La policromía hoy restaurada sería también de dicho momento. Pero pensamos que tuvo que haber más intervenciones, quizás en tiempos más remotos. En la estratigrafía hemos identificado tres policromías y al menos dos capas de yeso. Había en la escultura retoques de toda clase. Si la imagen fuese de Juan de Oviedo, podría haberse realizado a finales del siglo XVI o principios del XVII, teniendo en cuenta que el escultor falleció en el año 1625. Existe un importante espacio temporal entre estas fechas y el año 1856 para que no se haya producido ninguna otra intervención. Tampoco sabemos si después de 1856 hubo más reformas.

 
 

 
 

Detalles de la imagen una vez concluida la intervención. En el año 1984, tuvimos la oportunidad de realizar una importante restauración de la obra. En ese momento procedimos a realizar la fijación de los brazos, eliminando la articulación antiestética y obsoleta que hasta entonces presentaba. Asimismo, se resanó la policromía y se consolidaron varios ensambles de la pieza.

 

Primera entrega en este

 

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