INAUGURACIÓN DE ESCULPIR EL COLOR: OBRAS MAESTRAS DEL MNE EN EL LOUVRE
05/10/2026
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Cristo de la Luz Gregorio Fernández |
Presentación Organizada al mismo tiempo (7 de octubre de 2026 al 25 de enero de 2027) y en el mismo espacio (Hall Napoléon del Louvre) que la exposición monográfica dedicada al pintor Francisco de Zurbarán (1598-1664), lo que permite crear juegos de miradas gracias a una escenografía concebida conjuntamente por Nathalie Crinière, la exposición Esculpir el color. Obras maestras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid (Sculpter la couleur Chefs-d'œuvre du Musée National de Sculpture, Valladolid) invita a descubrir, por primera vez en Francia, la escultura española del siglo XVII. A través de una selección excepcional y ajustada de 23 esculturas de primer orden, todas ellas cedidas, gracias a una colaboración exclusiva, por el Museo Nacional de Escultura de Valladolid (MNE), el museo nacional español dedicado a la escultura, la muestra da a ver qué es este arte tan impactante y tan particular de la España del siglo XVII. Los comisarios son Valérie Carpentier-Vanhaverbeke, conservadora jefa del Departamento de Esculturas del Museo del Louvre, y Alejandro Nuevo Gómez, director del Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Estas esculturas religiosas en madera policromada, de naturalismo sobrecogedor, permiten comprender mejor la atmósfera visual, cultural y religiosa en la que se inscribe la obra de los grandes pintores españoles de la misma época, entre los que destacan Zurbarán, Velázquez o Murillo, en un tiempo en que los vínculos entre pintura y escultura son muy estrechos. Las obras reunidas son representativas de los grandes centros artísticos de la España del siglo XVII, en particular Andalucía, Madrid o Valladolid, capital del reino a comienzos del siglo XVII. Una obra mayor de Zurbarán, la "Santa Faz", también cedida por el MNE, hace las veces de introducción común a ambas exposiciones y sitúa de entrada al visitante ante uno de los grandes desafíos que afrontaron pintores y escultores españoles del siglo XVII: representar, con la mayor exactitud y naturalismo posibles, la irrupción del mundo celestial en la realidad sencilla y cotidiana; aquí, la huella evanescente que, de forma milagrosa, dejó el rostro de Cristo en el lienzo que le tendió Santa Verónica. En su primera sala, la exposición pone en valor el préstamo de un paso procesional completo: Camino del Calvario, monumental conjunto de cinco figuras esculpidas y policromadas a tamaño natural, de principios del siglo XVII. Obra de Gregorio Fernández, gran escultor activo entonces en Valladolid, se presenta a la altura del espectador para permitir una observación lo más directa posible y reforzar la sensación de inmersión en la escena. El recorrido continúa a través de varios ejes temáticos: el culto a las reliquias y el papel de los santos intercesores, las imágenes de vestir, la representación de los sufrimientos de Cristo y de la Virgen, la devoción privada y la Inmaculada Concepción. Así es posible explorar los distintos usos y significados de estas esculturas, pero también comprender mejor su materialidad, las inflexiones regionales y estilísticas, y la personalidad de los principales escultores de la época, activos en Castilla o en Andalucía, a través de otras obras de Gregorio Fernández, pero también de Alonso Cano -más conocido como pintor que como escultor y que policromaba él mismo sus esculturas-, Juan de Mesa, José de Mora, Pedro de Mena, Jerónimo Francisco y Miguel Jerónimo García, José de Arce, Pedro Roldán o Luisa Roldán, una de las pocas mujeres artistas que tuvieron una carrera deslumbrante hasta llegar a la corte real. Además del citado paso, entre los grandes préstamos de esta exposición, nunca vistos en Francia, figuran el "Cristo de la Luz", también de Gregorio Fernández, un Cristo en la cruz a tamaño natural de naturalismo sobrecogedor, o el "San Juan Bautista", obra maestra de Alonso Cano. También se presentan, espectacularmente restauradas, dos adquisiciones recientes de gran importancia del museo: la "Virgen con el Niño y San Juan Bautista" de Luisa Roldán y la "Inmaculada Concepción" de Pedro de Mena, fechada en 1680 y vinculada a un concurso organizado por el obispo de Córdoba. Horarios de apertura: de 9:00 a 18:00 horas, excepto los martes; hasta las 21:00 horas los miércoles y viernes. |
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Niño Jesús dormido sobre una calavera Esteban de Rueda |
El Museo Nacional de Escultura Sobrecogedora por la ilusión de vida que emana, la escultura producida en España durante el siglo XVII sigue siendo en gran medida desconocida fuera de sus fronteras. Gracias al excepcional préstamo por parte del Museo Nacional de Escultura de Valladolid (MNE) de una selección de obras de primer orden, presentadas en Francia por primera vez, esta exposición quiere poner en valor este arte propiamente español. En resonancia con la dedicada a Zurbarán, pretende también sumergir al público en el ambiente cultural y religioso que impregna profundamente la creación artística de la época. Estas esculturas de naturalismo extremo, puestas en escena de lo sagrado en volúmenes y colores, se hacen eco de la obra de los grandes pintores españoles del mismo período, entre los que destacan Zurbarán, Velázquez o Murillo, en una época en que los vínculos entre pintura y escultura son especialmente estrechos. A través de diferentes temáticas, el recorrido de Esculpir el color. Obras maestras del Museo Nacional de Escultura de Valladolid explora los usos, los temas y la materialidad de estas obras. La selección reúne a algunos de los mayores escultores de su tiempo: Gregorio Fernández en Valladolid; Alonso Cano, José de Mora y Pedro de Mena en Andalucía; o también Luisa Roldán, escultora de destino excepcional, en la corte de Madrid. |
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Paso del Camino del Calvario Gregorio Fernández y Pedro de la Cuadra |
Pasos procesionales El siglo XVII es la edad de oro de la escultura procesional religiosa en España. Estas figuras de tamaño humano y naturalismo sobrecogedor, a veces enriquecidas con tejidos y accesorios, salen de las iglesias y desfilan por el corazón de las ciudades. Siguiendo el ritmo del calendario litúrgico, y en particular la Semana Santa, que conmemora los episodios de la Pasión de Cristo, escenifican los relatos sagrados e implican a los fieles en una experiencia emocional directa. Cofradías y órdenes religiosas compiten en inventiva y encargan amplios conjuntos narrativos a artistas como Gregorio Fernández (1576-1636), el gran escultor activo en Valladolid a principios de siglo. El relato se despliega entre pintorescas figuras secundarias. El MNE conserva un conjunto de estos pasos procesionales que es único en el mundo, destacando entre ellos "Camino del Calvario", de cinco figuras, aquí presentado íntegramente. |
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San Nicolás de Tolentino penitente Juan de Mesa y Velasco |
Cuerpos santos El culto a las reliquias y a los santos intercesores, mediadores entre los fieles y lo divino, está profundamente arraigado en la tradición cristiana medieval. Se intensifica en España tras el Concilio de Trento (1545-1563), convocado por el papado como respuesta a la Reforma protestante. Las imágenes de los santos, concebidas en ocasiones como auténticas galerías de retratos, constituyen ejemplos humanos que imitar, al presentarse la santidad como un objetivo alcanzable. Haciéndose eco de las nuevas canonizaciones, en particular las de 1622 (como las de los españoles Santa Teresa de Ávila, reformadora de la orden del Carmelo, y San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas), las necesidades de soportes de devoción de las órdenes religiosas y las cofradías son exponenciales. La estatuaria en madera policromada responde a ellas de manera particularmente eficaz, ya adopte la forma de estatua relicario, de elemento de retablo o de figura autónoma de diversos formatos. |
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San Antonio Abad Benito Silveira |
Imágenes de vestir Heredera de los "acrolitos" de la Antigüedad (estatuas compuestas, vestidas con telas, de las que solo se esculpían la cabeza y las extremidades), la práctica de la "imagen para vestir" se prolonga en la Edad Media y ocupa en España, durante los siglos siguientes, un papel importante en la devoción pública y privada. En algunos casos, solo se esculpen la cabeza y las manos, unidas por armazones o bastidores que dan volumen a las telas con ligereza. En otros, los cuerpos, enteramente esculpidos y articulados, ofrecen un acabado naturalista propicio para evocar la presencia sagrada y dan lugar a prácticas rituales de vestido. Estas efigies, presentes en la intimidad de oratorios y conventos, se exhiben también en las procesiones. La tela, a veces lujosa, puede resultar mucho más costosa que la propia escultura. El conjunto forma entonces una obra total, en la que estatua, vestimenta y puesta en escena concurren a la potencia expresiva de lo sagrado. |
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Ecce Homo Pedro de Mena y Medrano |
Cuerpos de dolor La escultura en madera policromada se convierte, en la España del XVII, en el soporte privilegiado de representaciones de la Pasión de Cristo extremadamente demostrativas, casi chocantes para la mirada contemporánea. Se trata de suscitar la emoción, la compasión y la profunda adhesión de los fieles exponiendo de forma muy concreta el cuerpo sufriente y moribundo. Según las obras, la expresión del dolor adopta formas contrastadas. Algunas muestran un naturalismo extremadamente crudo (heridas abiertas, carnes en carne viva), reforzado por el empleo de materiales diversos. Otras evocan el sufrimiento interior de manera conmovedora, en particular a través de la imagen de la Virgen en duelo. Estas representaciones esculpidas se inscriben en varios tipos, ampliamente reproducidos y declinados en formatos adaptados al destino de las obras, desde las grandes estatuas para iglesias y procesiones hasta los bustos para la meditación y la devoción privada. |
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Virgen con el Niño y San Juan Bautista Luisa Roldán |
La escultura de devoción privada Junto a los grandes pasos, los retablos monumentales y las estatuas de tamaño humano, la producción de esculturas de pequeñas dimensiones, destinadas a la devoción privada en oratorios, conventos y palacios, conoce una demanda creciente en el siglo XVII. Estas obras, observables de cerca y a veces vestibles, hacen más accesible lo divino y favorecen una oración íntima. El Niño Jesús aislado constituye un tema predilecto, declinado en tipos: bendiciendo, triunfante, dormido... En Sevilla, sus representaciones privilegian el naturalismo del cuerpo, la delicadeza de las carnaciones y la viveza de la mirada propios de esa edad. Por la ternura que suscitan, favorecen una meditación afectiva sobre el misterio de la Encarnación de Dios en su hijo. La escultora Luisa Roldán deleita por su parte a la corte madrileña a finales de siglo con sus llamadas "alhajas de escultura": pequeños grupos de terracota de tema sacro, cuidadosamente policromados. |
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Inmaculada Concepción Pedro de Mena y Medrano |
Bajo sus pies la luna La creencia en el fenómeno de la Inmaculada Concepción, es decir, la concepción de la Virgen María sin pecado original, por gracia divina, no es nueva en la España del siglo XVII. Pero se convierte en objeto de una importante devoción popular, sobre todo en Sevilla, y adquiere una nueva importancia política. La Inmaculada Concepción pasa así a ser uno de los temas emblemáticos del arte hispánico, mucho antes de que la Iglesia defina el dogma y lo proclame en 1854. La pintura, en particular la de Velázquez, Zurbarán o Murillo, contribuye a fijar el modelo visual, y la escultura en madera policromada propone una versión especialmente impactante, abundantemente declinada en Andalucía en la segunda mitad del siglo por Pedro de Mena. La Inmaculada Concepción de este último aquí presentada es una nueva adquisición de gran importancia del MNE, recién restaurada. |
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San Juan Bautista Alonso Cano |
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