DETERIORO DEL TRONO PROCESIONAL DEL CRISTO DEL AMPARO DE BENIARRÉS (ALICANTE)
Enrique López Catalá (14/08/2026)
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Fig. 1 |
Hasta las destrucciones de 1936-1939 los templos de Beniarrés, población de la comarca del Comtat en el norte de la provincia de Alicante, si bien vinculada a Valencia, a cuya mitra aún pertenece, albergaron una verdadera colección de la mejor escultura religiosa valenciana de las décadas finales del siglo XIX y el primer cuarto del XX, con obras de destacados autores como Modesto Pastor, Ezequiel Mampel, Ricardo Soria, Damián Pastor, Alfredo Badenes, Modesto Quilis o Miguel Torregrosa. A finales del siglo XIX dicha población vivía un momento de renovada religiosidad, que se manifestó en destacadas empresas constructivas, como la nueva iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, levantada a instancias del párroco Daniel Lloréns Pellicer en un normativo neogótico entre 1897 y 1900, con planos del arquitecto Vicente Pascual Pastor, figura destacada del modernismo alcoyano; la ermita del Santísimo Cristo del Amparo de los Afligidos, obra de esbeltas proporciones patrocinada por la familia Gozálbez-Catalá, erigida entre 1892 y 1900, probablemente por el arquitecto diocesano Antonio Ferrer Gómez, en un estilo de corte clasicista; o el Colegio de María Inmaculada y Santa Teresa de Jesús, fundado por la hermana María Gili Oliva, obra acaso del mismo Ferrer Gómez, que recuerda la arquitectura asistencial valenciana de la época. A estas importantes empresas constructivas seguiría en años sucesivos su completa dotación de bienes muebles, retablos, imágenes y conjuntos escultóricos de gran calidad, a los que se añadieron además algunas imágenes de culto privado o de devoción, debidas a la iniciativa particular, que también recibieron el homenaje público en determinadas solemnidades. Desgraciadamente poco ha quedado de todo ello, la gran mayoría de las obras ardieron pocos años después sin haber sido tan siquiera fotografiadas. Por fortuna, la documentación conservada y las fotografías antiguas aparecidas en las últimas décadas nos han permitido documentar una parte importante de este patrimonio perdido y proceder a su estudio, como también poder estudiar algunas obras conservadas que en razón de ello, son acreedoras de una merecida restauración, a día de hoy nada probable. La despoblación del espacio rural, la secularización de la sociedad y el bajo perfil cultural y pastoral de párrocos y encargados de las parroquias rurales amenazan la pervivencia de un patrimonio de gran interés, para el que no obstante se carece de recursos. En esta ocasión queremos dirigir nuestra mirada hacia el trono procesional del Cristo del Amparo de Beniarrés, una de las obras más sobresalientes en su género que salieron de los talleres valencianos en las primeras décadas del siglo XX. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX los talleres de imaginería de la ciudad del Turia construyeron una nueva tipología de andas para imágenes patronales o de acrisolada devoción popular, en ocasiones denominada "trono", en sustitución de las antiguas y sencillas peanas neoclásicas que se hicieron hasta mediados del siglo XIX. Utilizaremos este segundo término para referirnos al conjunto que nos ocupa y a otros de su época de características semejantes para contextualizarlo, por ser el que siempre hemos conocido y el que en Beniarrés utilizaban los mayores para referirse precisamente a unas andas monumentales con trono de ángeles y nubes. Aunque con anterioridad a la cronología arriba señalada, ya se apunta a la tendencia neobarroca en algunos ejemplares, como las antiguas andas del grupo de San Joaquín de Benilloba, obra de José Esteve Bonet, atribuibles al taller de Modesto Pastor, que trabajó para su iglesia. Dicha tendencia cristalizó a finales de siglo en un modelo en el que las tallas doradas, los tronos con nubes de plata, las figuras de ángeles y los candelabros de metal con tulipas llevaron al paroxismo el gusto por la escultura, la talla decorativa y el refulgente dorado. Obras como los tronos procesionales del Brazo de Santa Teresa de Alba de Tormes, de Santa Emerenciana y la Custodia del Corpus de Teruel, de la Virgen de Sales de Sueca, de la Virgen de Montiel de Benaguacil, de San Roque de Paiporta, de la Virgen del Milagro de Cocentaina, de la Virgen de los Desamparados de Muro, o las carrozas de la Virgen del Rosario, la Purísima Concepción y San Antonio de Padua de Villarreal, estas últimas y algunas de las anteriores debidas al escultor José María Ponsoda, por citar algunos ejemplos, han de contarse entre los más destacados. A ellos cabría añadir asimismo el destruido trono procesional de la Virgen de la Cueva Santa de Beniarrés, del que únicamente pervive la corona de madera dorada que se disponía sobre la imagen y uno de los numerosos serafines que incorporaba. Conocido por una fotografía antigua (fig. 1), probablemente fue obra de Modesto Quilis, que en 1902 llevó a cabo el antiguo conjunto de nubes y mancebos de la Virgen de la Soledad de Nules, con el que observa ciertos paralelismos y en 1906 otros trabajos para la nueva iglesia Beniarrés, una imagen de San Pedro probablemente la procesional y otra de San Roque, que cabe identificar con la que presidió su capilla. |
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Fig. 2 |
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Fig. 3 |
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Fig. 4 |
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Fig. 5 |
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Fig. 6 |
Según Bruno Tomás Gilabert el nuevo trono de la Virgen de la Cueva Santa se utilizó por vez primera en 1926, en época del párroco Pedro Verdú Barber. Diez años después moriría asesinado y el trono sería destruido. Sustituía a otro con escultura probablemente de palillo (telas endurecidas) y estilo neoclásico, estrenado en 1848, coincidiendo con el primer centenario de la venida de la imagen de la Virgen, que cabe relacionar por la técnica empleada, con uno de la Virgen del Milagro de Cocentaina, conservado aún en la clausura del convento de las Religiosas Clarisas de la población. A diferencia del trono antiguo, el nuevo, íntegramente dorado, exceptuando los ángeles niños de las esquinas y el grupo de nubes y mancebos, no se planteó como una peana con molduración neoclásica, trono de nubes y ángeles de carácter simétrico, y enrayada de rayos rectos y serpentinas, sino como una apoteosis neobarroca, en la que los tarjetones de talla, los contornos alabeados, las figuras de ángeles y las guirnaldas florales desbordaban por completo el marco conceptual académico y lo sustituían por otro más alegre y movido, deudor de la fiesta barroca. A este respecto el planteamiento del trono de nubes, elevado en el aire sobre cuatro volutas al modo del conjunto de Nules le otorgaba un énfasis añadido que resaltaba el movimiento de la composición, marcadamente asimétrica, con ángeles mancebos en posiciones inestables, ángeles niños en ademán de descender acrobáticamente para coronar a la Virgen y numerosos serafines de gran belleza. El ángel niño que emergía de entre las nubes, sosteniendo a la imagen de la Virgen, constituía un homenaje al trono antiguo, que había servido durante 77 años y que a su vez lo había heredado del primitivo, si bien su disposición oblicua manifestaba la adaptación a unos parámetros compositivos claramente distintos. Costeado probablemente con el legado testamentario de Rita Jordá Cortell, con el que en aquellos años se estaba decorando el interior de la iglesia parroquial y se estaban dorando los retablos, guardaba numerosos paralelismos con el trono del Cristo del Amparo que nos ocupa. Este último conjunto, que cabe relacionar también con el mismo legado testamentario, debió realizarse en torno a 1926, ya que Modesto Quilis, su autor más probable, falleció en 1928 y en el inventario de bienes de la parroquia de 1929, ya figura recogido: "Un trono para la procesión del Cristo del Amparo con dos ángeles, veinticuatro faroles en casa de Rafael Satorres". En tal caso el conjunto pudo procesionar por vez primera el 17 de agosto de 1926, día en que Beniarrés celebra la solemnidad del Cristo del Amparo dentro de las fiestas patronales. Construido en sustitución de unas sencillas andas neoclásicas que todavía hemos conocido en los almacenes de la parroquia, se guardó hasta comienzos de los años ochenta en unos bajos de la calle "Trinquete" que fueron de Rafael Satorres, "Els Cups", en el interior de un gran cajón de madera forrado de moqueta roja en su interior con rieles, razón por la que no fue destruido en 1936-1939. Hasta comienzos de los años ochenta, la familia Moncho-Tomás encargada del altar del Cristo en el crucero de la epístola de la iglesia, se responsabilizaba de su mantenimiento. Curiosamente la preciosa imagen del Cristo del Amparo también se salvó de la destrucción, al haber sido ocultada por Joaquín Senabre Moncho, integrando a día de hoy imagen y trono un conjunto procesional único, todo él anterior a 1936. El planteamiento de este fabuloso conjunto escultórico, parte como el anterior de la Virgen de la Cueva Santa, de unas andas de exquisita talla neorrococó, con tarjetón central a modo de cornucopia, con delicadas flores y volutas, en el que figura en la cara delantera el Santo Cáliz de la Catedral de Valencia y en las tres restantes las Arma Christi, flanqueado cada uno de ellos por una pareja de dragones alados, acantos, y guardamalletas como guarnición (fig. 2). Otros dragones alados o arpías sometidos por ángeles niños de expresiones vivaces, íntegramente dorados, sirven de apoyo a los candelabros de bronce. Se disponen sobre volutas en las esquinas, que ostentan serafines entre fina ornamentación vegetal (fig. 3). De esas mismas esquinas arrancan sobre las andas las patas del trono, concebidas a la manera de unas grandes volutas con elegantes golpes de talla. Dicho trono, presenta como las andas, guarnición de guardamalletas y a los lados, sobre nubes, una pareja de ángeles mancebos, de tamaño académico y gran belleza, adorando al Cristo del Amparo en actitud embelesada. Su imagen, obra de escuela valenciana del siglo XVIII, de notable interés, se eleva sobre un monte que representa el Calvario, en el que campean las tibias y el cráneo de Adán, tallado también en madera, como todo el conjunto, a excepción de dicho monte, construido en corcho y telas encoladas (fig. 4, 5, 6). |
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Fig. 7 |
Desde su construcción el conjunto apenas ha conocido restauraciones. El monte de corcho y telas encoladas fue consolidado y reintegrado cromáticamente en torno a 2014 a iniciativa de un particular. Años antes se restauraron los dragones y ángeles niños de las esquinas, cuyas alas, exceptuando una que se conservaba, tuvieron que ser talladas de nuevo en 1993 por el escultor José Estopiñá Ribes, discípulo de Francisco Teruel. Del dorado con oro fino de 24 kilates, semejante al original, se encargó el maestro dorador Enrique Carabal Rubio. La intervención fue sufragada por Doña Rosa Escrig Mestre, siendo párroco Rafael Guía Marín a quien se debió la iniciativa. También se restauraron entonces, con cargo a la misma donante, los grandes candelabros de seis luces de las esquinas, que fueron limpiados y barnizados por Vicente David Gómez en su taller de Valencia, reponiéndose algunas tulipas rizadas, cuyo modelo asemeja a las que utilizan los tronos murcianos. Entonces se cambió el antiguo sistema de iluminación a base de cirios por unos recipientes sobre los mecheros para evitar que las velas reventaran las tulipas al doblarse por el calor y las ensuciaran de cera. En torno a 1999 la imagen del Cristo del Amparo fue restaurada por Miguel Chaume González, recuperando la policromía original, oculta por otra realizada en torno a 1900 que la desvirtuaba. Cabe señalar que a comienzos del siglo XX su efigie sería despojada de la cruz original y sustituida por la actual, con cabos neogóticos dorados, para adaptarla al estilo del retablo. En el resto del conjunto procesional hubo algunas tentativas de restauración que pese a la buena voluntad del párroco Guía Marín no llegaron a materializarse por su elevado presupuesto. En 2014 el nuevo párroco nos comunicó que no tenía intención de invertir nada en él. Tampoco se implicaron en ello a los responsables efectivos de la Cofradía de la Virgen de la Cueva Santa, que por 2020 ya se ocupaba de su mantenimiento, pese a nuestra insistencia. En 2013 el trono había abandonado el templo, pasando a conservarse en un bajo de la antigua casa del vicario, un lugar sin ventilación que acumula humedades y eflorescencias salinas en el suelo, de las que advertimos sin que se nos hiciera caso. Años antes se cambiaron los varales antiguos sumamente deteriorados, por los primitivos del actual trono de la Virgen de la Cueva Santa, obra del escultor Francisco Teruel, para albergar más portadores cuando procesiona por las calles de la población. La mayor anchura de estos acarreó la mutilación de trozos de talla dorada, empeorando su estado. La estructura del trono de nubes se había debilitado seriamente en 1988, al haber sido separado de las andas, para sacar en procesión sobre ellas la imagen del Cristo que se venera en la ermita, obra de Ricardo Soria, dispuesta para la ocasión sobre una estructura metálica. Desde entonces la seguridad del conjunto se ha visto comprometida y a día de hoy acumula un complicado cuadro de patologías que no han dejado de incrementarse. Desde entonces las alas de los ángeles niños repuestas en 1993 han ido rompiéndose hasta desaparecer por completo, debido a una incorrecta y precipitada manipulación (fig. 7). El almacenamiento en lugar húmedo ha contribuido por su parte al desprendimiento del dorado de la estructura, ello se percibe en algunas zonas sensibles, como el encarnado de los pies de uno de los mancebos que hemos conocido intacto. Dicho encarnado, como la exquisita policromía, con medallones y espolinados en garabatillo en las túnicas de los mancebos, debió ser obra de Isidoro Garnelo Fillol, colaborador de Modesto Quilis en numerosas obras. La gama de finos colores pastel, muy similar a la de los ángeles del nicho del retablo del Cristo del Amparo en la iglesia, portadores de las Arma Christi, que hasta 1936 incorporaba las imágenes de la Virgen Dolorosa y San Juan, obra del mismo taller y el modelo infantil nos llevan de nuevo a este escultor, referenciado por el Barón de Alcahalí en su célebre diccionario biográfico, que cabe considerar uno de los mejores imagineros valencianos de su tiempo. |
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Fig. 8 |
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Fig. 9 |
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Fig. 10 |
Formado con Modesto Pastor o con su hermano Damián y en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, Modesto Quilis Cortell (Penàguila, 1869 - Valencia, 1928) (fig. 8) realizó numerosos trabajos, como la decoración de la nueva iglesia de Moixent, la decoración de la ermita del Cristo de Atzeneta d´Albaida, los Evangelistas de la iglesia de Vilamarxant, los ángeles de la iglesia del convento de San Cristóbal de Valencia, los pasos de la Entrada de Jesús en Jerusalén, la Última Cena, la Oración en el Huerto y el Descendimiento de Jaca, la Purísima del Palacio episcopal de Madrid, así como diversas imágenes de Santa Beatriz de Silva para las Religiosas Concepcionistas. También la urna de Sor María de Jesús de Ágreda, religiosa concepcionista, que cabe atribuirle, no en vano los ángeles niños de este último conjunto resultan sumamente parecidos a estos de Beniarrés, sobre todo los del nicho del retablo del Cristo del Amparo. Pese a que la autoría de Modesto Quilis sobre el trono que nos ha ocupado no esté documentada, su estilo ofrece bastantes paralelismos con otros tronos procesionales suyos, como los del Cristo de Silla (fig. 9), la Virgen del Milagro de Rafelbunyol y la Virgen del Sufragio de Benidorm que realizó. Los rostros de los mancebos del trono del Cristo del Amparo de Beniarrés observan por su parte una similitud más que notable con algunas obras documentadas, como la Dolorosa de Viveiro, Santa Beatriz de Silva de Garachico, o Santa Clara de Ribadeo, acusando el estilo personal del escultor, con el que se relacionan nombres de la talla de Luís Marco Pérez, Pío Mollar o Vicente Benedito, junto a otros de biografía menos conocida, como Juan Bautista Pesudo Nebot o Salvador Berenguer Savall. El tratamiento perforado de los cabellos de estos mancebos del trono de Beniarrés, cual si estuviesen mojados, heredado del realismo naturalista decimonónico, acusa la excelencia técnica del taller del maestro pocos años antes de su muerte. Sirvan estas líneas para esclarecer la autoría y coadyuvar a la valoración de esta importante obra de la imaginería valenciana del primer cuarto del siglo XX (fig. 10). |
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Fig. 11 |
NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA El autor del artículo, doctor en Historia, desea agradecer a Ana Quilis Llopis, nieta del escultor Modesto Quilis Cortell, la cesión de las fotografías 8 y 9 pertenecientes a la colección familiar para ilustrar estas líneas. ALCAHALÍ, Barón de, Diccionario biográfico de artistas valencianos, Valencia, 1897. FERRI CHULIO. A., Escultura patronal alicantina destruida en 1936, Valencia, 2005. QUILIS LLOPIS, A., "Modesto Quilis Cortell escultor 1870-1928", Revista de fiestas, Moixent, 2023, pp. 92-97. LÓPEZ CATALÁ, E., "Las andas-trono de la Mare de Déu de la Cova Santa", Beniarrés, Revista de fiestas, 2001, s.f; "Un monumento representativo del neogótico valenciano. La nueva iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Beniarrés 1897-1900", Alberri. Quaderns d'investigació del Centre d'Estudis Contestans, XVIII, Cocentaina, 2007, pp. 75-179. José María Ponsoda Bravo y la imagen escultórica religiosa de su tiempo en Valencia, Valencia, Universidad de Valencia, 2017; "Dos escultores valencianos olvidados: Amador Sanchis y Modesto Quilis (II)", Almaig, Estudis i Documents, n.º 42, Ontinyent (en prensa). TOMÁS GILABERT, B., Historia del valle de Perpuchent y de sus pueblos. El libro del 2º Centenario 1748-1948, (manuscrito inédito). |
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