GAIANES, MANTO DE LA VIRGEN DE LA LUZ

Enrique López Catalá (08/06/2026)


 

 
 
Fig. 1

 

La Virgen de la Luz de Gaianes, población de la comarca del Comtat, en el norte de la provincia de Alicante, hunde sus raíces en la tradición que vincula la fundación de un convento de religiosas clarisas en Cocentaina por los condes Don diego de Benavides de la Cueva y Bazán y Doña Antonia Ruiz de Corella y Dávila, a cuyo señorío pertenecía también Gaianes, con la presencia en dicha población de una imagen de la Virgen con el referido título. La circunstancia de la fundación terminaría relacionando la llegada a Cocentaina de las primeras religiosas Capuchinas procedentes de Granada en 1653, cuando estas se disponían a fundar el convento contestano, con la existencia misma de la imagen de la Virgen de la Luz en Gaianes.

"De Granada a Cocentaina / fue vuestra imagen traída / y a Gaianes conducida / para ser nuestra abogada", cantaban los gozos de la Virgen. No obstante, y como señala Gonçal Pérez Pavía, no se tienen referencias acerca de esta presencia en la iglesia de la población, erigida en 1535 en honor de San Jaime según Sanchis Sivera, hasta catorce años más tarde. Señala Gonçal Pérez que los inicios de la devoción a la Virgen de la Luz se documentan por vez primera en 1667, año en que el predicador de su fiesta sería obsequiado con dos gallinas que se compraron: "Primero donen en descàrrech catorce sous que gastaren en dos gallines que compraren per a donar al Predicador que predicà lo sermó de la Festa de Ma… de la luz en dit any..."

Es en la Visita Pastoral de 1670, cuando se constata por vez primera la existencia de su efigie en el inventario realizado a su término, juntamente con cuatro vestidos para su aderezo: "Uno de tafetán blanco, otro de tafetán garrofado, otro de Damasco Verde y otro negro para el vestido de la Soledad". Según documentación publicada por el citado Pérez Pavía, la Virgen de la Luz se veneraba entonces en el altar de los Santos Abdón y Senén, por no tener altar propio: "La Virgen de la Luz vino a Gayanes desde el año 1666 al año 1670, que es decir: el año 1666 no estaba en Gaianes, y el año 1670 ya estaba en Gayanes, aunque no tenía altar propio que parece sería el de los Santos de la Piedra, San Abdón y San Senén, según las mismas visitas. En 1730 ya encontramos su devoción asentada, en tanto en dicho año se ajustó por 52 libras el retablo. Así aparece en un papel suelto que contiene los capítulos y tratos que se hicieron con Domingo Cuevas, escultor, y el Doctor Thomás Moscardó, Cura, y el Ayuntamiento de Gayanes, y costó todo, con Dorador y lo demás, 132 Libras, 10 Sueldos".

 

 
 
Fig. 2

 

Por lo que al retablo se refiere, desconocemos si se trata del Domingo Cuevas hermano de José Cuevas, que en 1699 según Ana Buchón, lo nombró fiador, junto a su esposa Josefina Rovira, en la construcción del retablo mayor de la iglesia de San Valero de Russafa, o de un hijo suyo del mismo nombre. La referencia en la documentación a este retablista, miembro de una conocida saga de ensambladores activos en el medio valenciano, atestigua el relieve que históricamente despertó la Virgen de la Luz en la población de Gaianes.

El retablo barroco de Domingo Cuevas contratado en 1730 debió conservarse hasta mediados del siglo XIX, en que se construyó la actual capilla, cuyo retablo neoclásico, trabajado en yeso, está en la línea de otras realizaciones académicas de la comarca, como las capillas de la comunión de Benilloba y la iglesia de Santa María de Cocentaina, por poner algunos ejemplos. Entre 1780 y 1781 el ensamblador setabense Juan Bautista Cotanda Solozarno (1750-1833), realizó tres nuevos retablos para la iglesia, posiblemente los de San José, San Francisco de Paula y el Cristo del Amparo, como afirma Vicente Gabriel Pascual Montell. Cabe señalar, asimismo, que en el siglo XIX se desmontó el antiguo retablo mayor barroco, que procedía de la iglesia de la Asunción de Carcaixent y se sustituyó por el actual edículo, trabajado en yeso estucado, que recuerda los patrones académicos del monumento a la duquesa de Benavente del arquitecto Martín López Aguado. Al siglo XIX pertenecen asimismo las pinturas murales de las bóvedas del templo, alusivas al titular San Jaime, relacionables con el albaidense Venancio Plá, que realizó las pinturas de las iglesias de Gorga, Benilloba, Ràfol de Salem y la Ermita de la Virgen de los Desamparados de Muro de Alcoy.

 

 
 
Fig. 3

 

En las primeras décadas del siglo XX, la iglesia de Gaianes, en origen un templo barroco uninave, los capiteles compuestos de cuyo apilastrado todavía conserva, fue estucada y dorada enteramente, según la moda implantada por el academicismo valenciano, que sustituyó los encintados esgrafiados originales presentes en este tipo de iglesias. La reforma, probablemente llevada a cabo por Juan Bautista Sanjuán Galiana, dorador de Beniarrés, fue costeada acaso por Julia Pérez, como ha quedado atestiguado en el púlpito de madera dorada.

Por esa época la imagen de la Virgen de la Luz estrenó un valioso manto y saya bordada a juego en oro fino a realce, sobre tisú de plata, en el colegio de las Hermanas de la Doctrina Cristiana, de la propia población de Gaianes (Fig. 1), fundación patrocinada por Julia Pérez. En las labores de bordado, dirigidas por las religiosas, tomaron parte numerosas jóvenes gaianeras, constituyendo la pieza más destacable del conjunto que para su iglesia llevaron a cabo las religiosas en distintos momentos (túnica de Jesús Nazareno, Manto y Saya de la Virgen de los Dolores, banderas de las Hijas de María y la Acción Católica, etcétera). El nuevo ajuar determinó una modificación en el tradicional modo de vestir a la imagen, eliminándose los encajes alrededor del cuello y el corpiño, que aparecen en la litografía del siglo XIX de la misma, de Pedro Martí Casanova, que dimos a conocer en la exposición Camins d'Art, celebrada en Alcoy en 2011.

El actual manto bordado que nos ocupa es una obra de recuerdo modernista, a base de ángeles tenantes, serafines, tarjetones, copetes florales, lazadas, filacterias, que al igual que la corona, a juzgar por su estilo cincelada en el siglo XIX, sobrevivió a la destrucción de la imagen original de la Virgen de la Luz, probablemente labrada en Granada, de donde procedía la preciosa imagen original de Jesús Nazareno de las religiosas clarisas de Cocentaina, la de la Virgen de los Dolores y un Niño Jesús pasionario que todavía conserva esta clausura conventual contestana.

 

 
 
Fig. 4

 

La fotografía de la antigua imagen de la Virgen de la Luz, publicada por Andrés de Sales Ferri en 2005, la muestra sobre su trono y andas procesionales, que fueron destruidas entre 1936-1939, adornada con unos grandes candelabros de bronce, en Valencia denominados "Marías", que hasta no hace mucho todavía conservaba la recientemente enajenada casa-abadía, probablemente realizados en los talleres de la prestigiosa casa Orrico (Fig. 2). Hacia 1940 se labró la imagen actual por el escultor javierense Juan Bautista Devesa Sapena (Jávea, Alicante, 1903-1977), artista con obra en las iglesias de Jávea y Albaida (Fig. 3), y autor de otras imágenes de la iglesia de Gaianes, como las de Jesús Nazareno, San José, San Jaime, Cristo del Amparo y Cristo yacente, por mediación del párroco, reverendo Ismael Roses Ibáñez (Albaida, Valencia, 1916-Valencia, 1990). En los años sucesivos se construyeron sus andas, cuya talla originalmente dorada en oro fino, con dragones alados en las esquinas resulta muy semejante a la de la Virgen de Oreto de Alcudia de Carlet, y el trono procesional, con dos ángeles mancebos y dos serafines, atribuible asimismo a Juan Bautista Devesa, todo ello burdamente repintado hacia 1989.

Desde ese último año en la iglesia de Gaianes se constata un progresivo proceso de destrucción patrimonial, iniciado con la desafortunada restauración de la capilla de la comunión, las basas de cuyo apilastrado fueron barridas, y el repintado del cancel dorado en oro fino y estucado de la iglesia, que fue cubierto de una insulsa y anodina capa de pintura plástica color morado. En esta época desapareció el antiguo lecho de seda, flecos de canutillo y borlas de oro fino del Cristo yacente, obra como el de la vecina iglesia de Cela de Núñez de Juan Bautista Devesa, como se ha señalado, el rolde de campanas de la iglesia, libros sacramentales, etcétera. Algunos años más tarde el edículo de la capilla mayor seria enteramente repintado con pinturas plásticas, oros falsos y purpurinas, alterando la policromía original, alusiva al titular San Jaime. Recientemente las capillas laterales han sido burdamente repintadas con pintura plástica y purpurina y se ha completado el repinte del cancel por su parte interior. Por si fuera poco la iluminación de los nichos de los retablos, con focos eléctricos proyectados desde el suelo, deforma la visión de las imágenes y crea un microclima de calor perjudicial para la conservación de los valiosos tejidos de alguna de ellas.

 

 
 
Fig. 5

 

Esta serie de desastres patrimoniales, recientemente continuada con la destrucción del trono de nubes de madera dorada en plata fina del camarín de la Virgen de la Luz, sustituido por otro de corcho blanco decorado con acrílicos, de pésimo gusto (Fig. 4), pretende culminarse ahora con el pasado del bordado del antiguo manto de salida de la imagen a una tela industrial, carente de calidad, en la línea de lo que se hizo con el antiguo manto de la Virgen del Pilar de Margarida y con alguno de los mantos de la Virgen del Remedio de Albaida, pasados a vulgares tejidos de raso en lugar del tisú de plata original. De perpetrarse este atentado como se pretende, con el beneplácito de la parroquia y del Arzobispado de Valencia, propietario de la pieza, estaríamos ante un caso de flagrante pérdida patrimonial habida cuenta de la destrucción en distintos momentos de significativas prendas textiles de la geografía comarcal, como la magnífica túnica de Jesús Nazareno y la saya de la Dolorosa de Muro, o el manto y saya de la Virgen de los Dolores de Benilloba. La pérdida de habitantes de las poblaciones de las comarcas del interior de Alicante, unida al proceso de secularización, el desconocimiento y la indiferencia han generado en los últimos años numerosas y cuantiosas pérdidas fundamentalmente de textiles y piezas de orfebrería: Planes, Alcosser, Benillup, etcétera.

Dichas pérdidas no afectan únicamente a poblaciones pequeñas, sino también a grandes ciudades como Alcoy, donde en 2016 se destruyó la policromía original de un crucifijo del siglo XVIII de gran tamaño, perteneciente a la iglesia de San Mauro y San Francisco, obra acaso de Ignacio Vergara, José Esteve Bonet o Francisco Pérez Gregori (Fig. 5), escultores de ese siglo que hicieron obra para sus templos.

Estas acciones se producen igualmente en poblaciones de Valencia, cuyos talleres de arte religioso detentaron en otro tiempo un enorme prestigio hasta los años 90 del siglo XX. Desaparecidos estos, las destrucciones de imágenes o su restauración fraudulenta a cuenta de aficionados, o simples desaprensivos, se contabiliza hoy por decenas, ante la pasividad de sus responsables y la inexistencia de una política solvente de bienes culturales, como acreditan, por citar solo unos pocos ejemplos, la destrucción de la antigua efigie de San Antonio de Benali (Enguera), después de su restauración fallida, el desgraciado repinte de la Virgen del Rosario de Almudaina, talla de escuela valenciana del siglo XIX, y de la Dolorosa de la ermita de esta población, de Juan Giner Masegosa (Fig. 6), de Santa María Magdalena procesional de Benifaraig, talla de José María Ponsoda, escultor vinculado a la población, la destrucción del dorado de las andas del Cristo de Planes, del Sepulcro de la cofradía de la Sangre de Llíria, de la Virgen de la Soledad de Castalla, o la mutilación de la Divina Aurora, y el San José de la iglesia de la Asunción de Villanueva de Castellón, cuyos ángeles y serafines han sido absurdamente eliminados (Fig. 7), al tiempo de repintarse la imagen, sin que sepamos dónde se encuentran y que ha sido de ellos.

 

 
 
Fig. 6

 

Si quieren denunciar cualquier tipo de agresión al patrimonio histórico-artístico de su ciudad, diríjanse a nuestra dirección de correo electrónico lahornacina@lahornacina.com

 

 
 
Fig. 7

 

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

Enrique López Catalá es doctor en Historia del Arte.

SANCHIS SIVERA, J., Nomenclátor geográfico-eclesiástico de los pueblos de la Diócesis de Valencia, Valencia, 1922, pp. 243-244.

FERRI CHULIO, J. M., "Iconografía", en María en la Diócesis de Valencia, Valencia, 1988, p. 360.

FERRI CHULIO, A., Escultura Patronal Alicantina destruida en 1936, Valencia, 2005, pp. 132-133.

BUCHÓN CUEVAS, A. M., Ignacio Vergara y la escultura de su tiempo en Valencia, Valencia, 2006, p. 45.

PÉREZ PAVÍA, G., "Mare de Déu de la Llum", en Gaines. Revista de Fiestas, Gaianes, 2008, s.f.

LÓPEZ CATALÁ, E., "Virgen de la Luz", en Camins d'Art, Valencia, Fundación La Luz de las Imágenes, 2011, ficha nº 197, p. 562.

PASCUAL MONTELL, V. G., "Joan Baptista Cotanda i el retaule major de la parròquia de Gotga", Alberri, XXXI, Quaderns d'Estudis i Investigació del Centre d'Estudis Contestans, Cocentaina, 2021, p. 124.

 

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