UNA DOLOROSA ATRIBUIDA A IGNACIO VERGARA EN BENETÚSSER (VALENCIA)
Con información de Juan Antonio Ferrer Juárez (16/01/2026)

Esta talla en madera de tamaño inferior al natural, catalogada en el siglo XVIII, ha sido atribuida a Ignacio Vergara Gimeno (Valencia, 1715-1776), maestro escultor del barroco valenciano. Es propiedad de Juan Antonio Ferrer Juárez, que la cedió el pasado año a la Semana Santa de Benetússer para ser la Dolorosa titular de la Cofradía de María al Pie de la Cruz, siendo bendecida el 8 de marzo de 2025. Fue restaurada en 2024 por María de los Ángeles Pérez. En 1888 también fue intervenida, como consta en una inscripción al dorso de la peana, donde también dice que era propiedad entonces de Pedro José Pardo y Gomis. A falta de constancia documental, la atribución a Ignacio Vergara se basa en las semejanzas con otras piezas del artista, caracterizadas por la pose de marcado contraposto, la composición serpenteante y ese corte berniniesco tan característico en su producción, acusando una notable influencia de las esculturas napolitanas y genovesas que, de forma contemporánea a su hechura, llegaron a las costas mediterráneas. Los anteriores paralelismos ponen en relieve la intensa circulación de modelos a través de estampas y dibujos que tanto condicionó el desarrollo de la escultura en el siglo XVIII español, ejemplares de los que la familia de artistas Vergara, bien por su situación al frente de la Real Academia de San Carlos de Valencia, bien por la relación mantenida con otros artífices formados en Roma, debió de disponer con facilidad. |
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Según su propietario, la imagen pudo pertenecer a un Calvario, formando grupo con Cristo y San Juan Evangelista. En el coro de los padres franciscanos de Real Monasterio del Santo Espíritu de Gilet (Valencia) se conserva un crucificado de Vergara. Mencionar también el Calvario de Limpias (Cantabria), cuyas imágenes son también de su mano. Precisamente, la Dolorosa de Benetússer es muy similar a la que acompaña al Cristo de la Agonía de Limpias en su retablo. Las tres figuras del Calvario de Limpias eran propiedad de don Diego de la Piedra y recibían culto en el convento franciscano de Cádiz, ciudad para la que Vergara realizó numerosos encargos debido a la colonia de valencianos que estaban allí establecidos. Al fallecer don Diego, por testamentaría se mandó cumplir su voluntad de que, tras su muerte, el Calvario fuera trasladado a su pueblo natal de Limpias. Respecto a la iconografía, había una Dolorosa conservada en el Convento de las Cinco Llagas de San Francisco, del municipio murciano de Jumilla, obra segura de Vergara, que desapareció en la Guerra Civil. La imagen, titulada Nuestra Señora de los Siete Dolores o de la Soledad, no era de bulto redondo sino de candelero para vestir, y se conoce por una fotografía que dio a conocer José Crisanto López Jiménez. Sabemos también de la relación de los marqueses de Dos Aguas con Ignacio Vergara, al que realizaron varios encargos, entre ellos dos esculturas para la antigua capilla del palacio que poseían en su señorío de Benetússer, convertida desde el siglo XVI en parroquia del lugar. Se trataba de una talla con la imagen de Nuestra Señora del Socorro y otra con la Virgen de los Desamparados, que fueron quemadas a finales de 1936 en el ambiente bélico de la Guerra Civil española. |

FUENTES GARCÍA MARTÍNEZ, José Luis. "El Legado de los Rabassa de Perellós, fundadores de la Casa de Dos Aguas", en erph_ revista electrónica de Patrimonio Histórico, n º 17, Universidad de Granada, 2015, p. 177. |

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