EL ECCE HOMO ATRIBUIDO A PEDRO DE MENA DEL SANTUARIO EXTREMEÑO DE GUADALUPE

18/07/2026


 

 

En el Museo de Bellas Artes del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de Extremadura y reina de la Hispanidad, antigua ropería del Real Monasterio cuyos inicios se remontan al siglo XIII, fecha de su titular mariana, podemos apreciar una variada muestra de esculturas y pinturas de diversos autores. Entre dichas piezas destaca poderosamente un Ecce Homo de busto y formato reducido, cuya autoría se relaciona con el escultor del barroco andaluz Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628 - Málaga, 1688).

Uno de los temas más repetidos de la producción de Mena es el Ecce Homo de busto, realizado, como en este caso, en madera policromada. Mena realizó distintas versiones de la misma iconografía, a veces en solitario, otras, las más frecuentes, acompañada de una Dolorosa también de busto y con unos materiales y características similares.

Gila Medina y Sánchez López han fijado tres grupos de Ecce Homo en función de la mayor o menor calidad de las piezas: el primero engloba a los que nos ofrecen un gran virtuosismo tanto en la forma como en el fondo, por lo que no hay duda que son obra de Mena; en el segundo, la valoración y calidad artística es menor, por lo que hay que considerarlos obra de Mena y taller, y en el tercer grupo, aunque a veces técnicamente estén bien logrados, están los que son obra de antiguos discípulos, seguidores u oportunistas, coetáneos o posteriores a Mena, que, con sus imitaciones, buscaban sacar partido de la gran fama alcanzada por Mena en estas iconografías tan devocionales, demandadas y rentables económicamente. Incluso, existen recreaciones muy aceptables decimonónicas, pues estas imágenes por su profunda carga devocional seguían siendo muy queridas.

En el caso del Ecce Homo de Guadalupe, detalles como el patetismo más explícito, la sangre abundante y el tratamiento más cordado del cabello y la barba hacen sospechar que esta pieza podría estar más cerca de una atribución de tradición oral o turística que de un consenso de estilo real con Mena, encajando más con la estética de un imaginero de finales del XVII o inicio del XVIII trabajando en la órbita de Mena, que con su mano directa.

A lo anterior hay que sumar los ojos fijos que miran directamente al espectador, lejos de los ojos entornados con la mirada baja o de soslayo del maestro, así como cierta tosquedad en el cuerpo y la corona de espinas que la sitúan a un nivel inferior del delicado detallismo escultórico de Mena.

No por todo lo últimamente explicado resulta menos interesante este Ecce Homo, una obra sobre la que además no hemos encontrado respaldo documental o bibliográfico especializado que nos ofrezca indicios sobre su origen y la identidad del comitente que la encargó. El hecho de compartir espacio con obras de Egas Cueman, Goya, El Greco y Juan de Flandes, por citar solo algunos ejemplos, hace que esta escultura haya quedado un poco relegada de cara a un elaborado estudio, que en el caso de Guadalupe se ha centrado principalmente en la talla románica de la Virgen y en la magnífica serie pictórica de Zurbarán para la sacristía.

 

FUENTES

GILA MEDINA, Lázaro y SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. Pedro de Mena (1628-1688): un singular escultor andaluz del pleno barroco español, Ediciones de la Universidad de Granada, 2024, p. 18.

 

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