DIVINA GUARDERÍA

03/01/2026


 

 

Patrimonio Nacional pone en valor la Divina Guardería. Esta denominación hace referencia a la impresionante colección de más de 130 imágenes de Niños Jesús, de diferentes tipologías, épocas y materiales, que se conservan en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, y que se custodia en una gran habitación situada en la parte alta de la escalera monumental, que fue en su día despacho de la abadesa, donde solo unos pocos días en época de Navidad se abre al público con esta denominación, como si fuera una clase de parvulario llena de niños.

Era costumbre que las nuevas monjas, al profesar, donasen al monasterio una figura del Niño Jesús. Las religiosas los llamaban "espositos", ya que eran la representación más tierna de su esposo Jesucristo. Casi a modo de objetos fetiche dentro de la colección, las prácticas devocionales suscitadas a su alrededor, comprendían un conjunto de actividades muy diverso que abarcó desde la confección textil hasta la meditación individual.

La mayoría de esas imágenes se hicieron para vestir con ricas telas, primorosamente bordadas por las propias monjas, que invertían gran parte de sus horas de recreo, tras los rezos y obligaciones comunitarias, en la elaboración de sus lujosas vestiduras. Es el caso de Sor Margarita de la Cruz (1567-1633), hija del emperador Maximiliano II y sobrina del rey Felipe II. Junto a estas piezas vestideras encontramos otras, generalmente más antiguas, que se pensaron para ser exhibidas desnudas, con la intención de certificar la naturaleza humana de Cristo, al mostrar bien clara su desnudez.

Además de las vestiduras, el ajuar que acompaña a estas imágenes incluye zapatos, coronas, complementos y amuletos de la tradición más antigua, presente en los "dijeros" que protegían a los niños, según la cultura tradicional, de los más diversos peligros, como enfermedades, ataques de animales y males de ojo, entremezclándose en ellas las tradiciones paganas con las judías, árabes y cristianas.

 

 

En lo que concierne al plano material y visual, las esculturas del Niño Jesús se veneraban acompañadas de un entorno acorde y pensado para estimular la meditación del rezo individual o colectivo, según el momento en que se llevase a cabo su veneración. Uno de los entornos más habituales era el compuesto por vegetación, a menudo integrado en una estructura o urna que servía a modo de escaparate.

En este viaje por la devoción popular al Niño Jesús, también llamado popularmente Divino Infante, podremos imaginar hasta el 5 de enero cómo era el mimo y el cuidado que, en los conventos y monasterios, las religiosas ponían a la hora de venerar esas pequeñas tallas de devoción particular.

Algunas de las piezas son el "Niño Jesús de Malinas", manufactura flamenca de finales del siglo XV o principios del XVI, el más antiguo de la colección; el "Niño Jesús de Pasión con la reliquia del Santo Pesebre", obra del círculo de Pedro de Mena (siglo XVII); el "Niño Jesús como Buen Pastor (El Pastorcito)", obra del círculo de Juan Martínez Montañés (siglo XVII) o el "Niño Jesús de la Calavera", cercano a las obras de Antón de Morales, que aparece dormido en un rico dosel con la cabeza apoyada sobre un cráneo humano a modo de almohada.

También hay piezas que son fruto de la labor monacal. Sea el caso que sea, entre los ricos y diversos materiales empleados, además de la seda y otras nobles telas, se encuentran la madera, la cera, el barro, las flores secas, el vidrio, el bronce, el ébano, el carey, el metal, el papel, el cristal y el encaje.

 

 

Fotos: Patrimonio Nacional y Archivo Colonial

 

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