LA VIRGEN DEL CARMEN DE LA CATEDRAL DE OURENSE

16/07/2026


 

 

La devoción a Nuestra Señora del Carmen llega a la Catedral de San Martiño de Ourense a mediados del siglo XVIII por el fervor particular de algún devoto, no por encargo institucional del cabildo, ya que no consta en los archivos catedralicios gastos de fábrica ni del retablo ni de la imagen. El conjunto se halla situado en el lado derecho del crucero, en la puerta sur, por la plaza del Trigo.

Aunque es una de las escasas representaciones de esta advocación en una ciudad que es la única capital de provincia gallega sin costa, hablamos de una de las imágenes más veneradas de todo el templo. Que la patrona de los marineros haya arraigado con tanta fuerza tierra adentro es ya, de por sí, una historia digna de contarse.

El retablo es barroco, de influjo portugués. La autoría de su estructura se ha vinculado al maestro José González, discípulo de Francisco de Castro Canseco. Consta de un único cuerpo con dos columnas a cada lado -entorchadas las interiores, salomónicas las exteriores- y un ático coronado por una artística rocalla. Bajo las gradas, una cartela latina reproduce las palabras de la consagración eucarística, un detalle iconográfico que también aparece, casi idéntico, en el retablo ourensano de la Conversión de San Pablo.

La Virgen -de bulto redondo y gran calidad, con los elementos propios de la iconografía carmelitana- se ha puesto en relación con el escultor compostelano Benito Silveira, discípulo de Miguel Romay, cuyo estilo se caracteriza, entre otros rasgos, por la influencia de los maestros barrocos andaluces. María aparece representada joven, con el rostro ovalado y sereno, de facciones delicadas, enmarcada por una larga melena de movimiento agitado. Viste el hábito carmelita bajo un manto de pliegues profusos y gran vuelo, prendido a la altura de las clavículas. Calza zapatos cerrados de color rojo y luce, como alhajas, un par de pendientes y una corona de orfebrería. Los paños, de drapeados acartonados, generan claroscuros potentes reforzados por el dinamismo del cuerpo. La policromía dorada de motivos vegetales es un rasgo típicamente barroco. La pose, sedente, resulta airosa pero inestable: una pronunciada flexión de las piernas convive con la eminente frontalidad y cierta rigidez del torso. Con el brazo derecho extendido sostiene un escapulario de tela, mientras con el izquierdo sujeta al Niño Jesús, desnudo, que porta a su vez otro escapulario, en una escena que evoca la entrega del hábito a San Simón Stock, núcleo iconográfico de toda la devoción carmelitana. La Virgen se asienta sobre nubes y está flanqueada por tres querubines -uno de cuerpo entero a su derecha, dos con solo la cabeza tallada a su izquierda-, sobre una peana trapezoidal presidida por un rostro en relieve y decorada con rocalla en las esquinas.

Sí existe seguridad sobre el autor de la policromía del retablo: el pintor José Saavedra, que cobró 1900 reales por su trabajo. Más problemática resulta la fecha, oscilando entre 1746 y 1749.

Precisamente, a raíz de lo anterior, debemos calificar de errónea la atribución de esta imagen de la Virgen del Carmen al escultor neoclásico gallego José Ferreiro, discípulo de José Gambino: si 1746 fue el año de la policromía, Ferreiro tenía apenas ocho años; si fue en 1749, once.

Existe una pieza similar en Alongos (Ourense), fechada hacia 1763 y hoy severamente mutilada. Esta última parece haberse inspirado directamente en la imagen catedralicia, lo que sugiere una difusión local del modelo en las décadas centrales del siglo XVIII.

 

 

Fotos: Catedral de Ourense

 

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