MANUEL PEREIRA Y LA ESCULTURA DE SAN JOSÉ DEL CONVENTO CARMELITA DE ÁVILA

19/03/2026


 

 
 
Foto: Javier Baladrón

 

Considerada una de las mejores esculturas barrocas españolas del siglo XVII por Juan José Martín González, el mismo historiador que la relacionó por primera vez (1971) con el escultor portugués Manuel Pereira (Oporto, 1588 - Madrid, 1683), figura principal de la Escuela madrileña de escultura, esta talla en madera policromada de San José preside el convento carmelita abulense dedicado al patriarca; que además fue la primera fundación conventual (1562) de Santa Teresa de Ávila, comenzando así su reforma de la Orden del Carmelo.

Conocemos algunos detalles acerca de esta la misma dados a conocer por Martín González, como que estaba terminada y pagada en 1673, que el coste ascendió a 3600 reales y que no fue entregada a las carmelitas hasta dos años después cuando se documentan nuevos pagos relacionados con su traslado. Así en 1673 hay una partida de 1251 reales para los gastos de embalaje y traslado de la imagen al convento, así como otra, para hacer y dorar la peana donde se colocaría.

A raíz de lo anterior, Jesús Urrea, considerando lo tardío de la fecha de realización de la imagen, y teniendo en cuenta que Pereira se mantuvo inactivo durante los últimos diez años de su vida, sugirió en 1977 un replanteamiento sobre su atribución. Dos años después, el propio Martín González puntualizó sus observaciones atendiendo al problema expuesto por Urrea, considerando la imagen de San José como realizada por algún oficial del taller, bajo modelo del maestro.

Posiblemente fue realizado en Madrid, de donde llegaron las siete pinturas de Francisco Rizi que decoran el retablo mayor donde se venera, una obra hecha en Segovia por José Ferreras, bajo modelo de Juan de Lobera. Todos estos testimonios demostrarían los esfuerzos del convento de San José en la búsqueda de los mejores artífices, tanto pintores, como ensambladores y escultores.

El santo patriarca aparece en pie, vestido con túnica y amplio manto abrochado sobre el pecho, que recoge sobre su brazo izquierdo, formando amplios y elegantes pliegues. Con la mano derecha sujeta la vara, mientras que con la izquierda sujeta amorosamente al Niño, que dando un respingo, se gira hacia él en un gesto lleno de ternura, en ademán de acariciar el rostro al patriarca, que le mira dulcemente, en un juego de miradas que recuerda al que intercambian el Niño y la Virgen del Rosario de Benfica.

Esta iconografía de San José joven es tardía y corre paralela a la difusión de su culto, alcanzando su apogeo con posterioridad al Concilio de Trento, siendo la orden carmelitana una ferviente defensora de la imagen de San José, contribuyendo decisivamente a la difusión de su culto.

Pese a no ser una obra personal de Manuel Pereira, como apuntan todos los indicios, esta imagen de San José con el Niño Jesús en brazos sigue fielmente los modelos que el escultor practicó en el último tramo de su trayectoria artística, caso de las imágenes de San Pedro y San Pablo del desaparecido retablo de Torrejón de Velasco. En todas estas obras, los pliegues se extienden solemnemente, formando amplios volúmenes y dotando a estas imágenes de la elegancia solemne y tranquila que suelen destilar las obras de Pereira.

 

Foto: Javier Baladrón

 

FUENTES

SÁNCHEZ GUZMÁN, Rubén. "El escultor Manuel Pereira. 1588-1683", en Cuadernos de arte e iconografía, tomo 17, n º 33, Madrid, Fundación Universitaria Española, 2008, pp. 175-176.

 

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